El buque que navega sin velas ni casco
es un buque de símbolo que no lleva timón.
Es como una ilusión
que fuera al mismo tiempo un sueño de Damasco.
¿Quién sabe adónde va el bergantín sonoro?
¿Qué destino le empuja o qué armador le construyó
con tanto afán como una moneda de oro
que por poseerla un gran rey se murió?
Nadie lo sabe. Sólo un marinero
que, si lo sospecha, no lo da a entender,
se sonríe al ver
que ya estamos en Agosto, y el buque partió en Enero...
En los muelles la gente se pregunta angustiada
qué ha sido de ese buque, tan extraño en sí.
Pero, en verdad, ¿no está un tanto velada
la ansiedad de esas gentes que preguntan así?
Preguntan al marinero. Y él dice: yo no sé;
aunque el tiempo sea de bonanza,
suele el mar estar rojo en Bab-el-Mandeb,
y agitado en el cabo de Buena Esperanza.
Y yo, que les acompaño, ni hablo ni respondo.
¿Para qué? Aunque diga la verdad,
buscarán siempre bajo el agua sin fondo
el bergantín sonoro que quise simbolizar...
