El Cadáver De La Libertad

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


Cuando la libertad fue declarada "cadáver putrefacto", de acuerdo con la expresión del señor Mussolini, aquélla vióse en seguida abandonada de sus fieles discípulos. En vista de ello, sus censores cargaron irónicamente sobre sí con el deber de velar sus restos.

Ante aquel cuerpo velado de la cabeza a los pies, los jueces cambiaban entre sí sus impresiones.

—Magnífico cuerpo —murmuró uno— destinado a vivir muchos años.

—Eso se dice siempre —objetó otro. —En verdad, se ignora cómo ha resistido tanto tiempo.

—¿Pero de qué ha muerto? —preguntó un tercero, seguramente extraño a la localidad.

—Asesinada, según dicen —enunció un cuarto.

—O por suicidio —apoyó el quinto.

—O de una indigestión.

—¿De qué?

—De principios.

Los jueces cambiaron entre sí una mirada de fina inteligencia, bien que muy breve, pues la atmósfera íbase tornando irrespirable.

—Procede sepultar de inmediato estos despojos —emitió uno con la voz alterada.

—No hallamos quienes lo hagan. Se ha solicitado por todas partes enterradores, en vano.

—¡Pero corremos el riesgo de asfixiarnos, si permanecemos aquí!

En efecto, gruesas gotas de viscoso sudor corrían por el rostro color tierra de los censores, en tanto que el insoportable hedor crecía y crecía…

Días después algunos discípulos que merodeaban por las inmediaciones fueron atraídos por el destello de una forma juvenil que parecía erguirse en aquella habitación. Atreviéronse a avanzar la cabeza en su interior; más ganados a su vez por el hedor que de allí surgía, lanzáronse por todas partes clamando:

—¡En verdad, en verdad es un cadáver putrefacto!

Pero no era el de la Libertad.


Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.
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