Un viejo guardabosque
Narcés, un viejo guardabosque, fue en su juventud comediante en una compañía de aldea. Su vida nunca ha sido fácil.

Un viejo guardabosque
Narcés, un viejo guardabosque, fue en su juventud comediante en una compañía de aldea. Su vida nunca ha sido fácil.
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Sucedió que una muchacha oyera escondida sus monólogos, le susurró al pasar: "Soy romano y negligente". Esto le dejó pensativo por tres días.
En consecuencia, una tarde cogió el palo que le servía de bastón, calzó las grandes botas, y fue a llevar una carta a su señor que vivía a muchas leguas de distancia. Dejó el papel a los criados y se retiró. Como entregaran el sobre al señor, éste, abriéndole, leyó —escrito en gruesos caracteres perfilados que denotaban un paciente estudio del carácter de letra que debiera adoptar—: "Soy romano y negligente".
Tenía, entre otras manías, la de resguardarse del canto de las ranas. Se cuidaba de él, pero a manera de avestruces, esto es, ocultando la cabeza detrás de un árbol u objeto cualquiera. Su canto —decía— puede ocasionar una instantánea regresión a la célula, sólo con que las ondas sonoras repercutan en nuestro centro.
Dialogaba con los cazadores furtivos, observándoles burlonamente con su monóculo.
"Merodear —solía decirles— es como buscar un traje nuevo".
6 págs. / 11 minutos.
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Publicado el 10 de enero de 2026 por Edu Robsy.
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