Todo el mundo tiene la facultad de hipnotizar.
Pero, si todo el mundo es capaz de hipnotizar, no todos son hipnotizables, y especialmente hasta el punto de hacerles hacer lo que uno quiera. Los Donato, Onoffroff, Conde de Das, que bien se sabían esto, tenían gran cuidado de diseminar por el teatro cuatro o cinco personas de su compañía, bien dominadas ya y excelentes sujetos.
De cien personas hipnotizables, sólo veinte o treinta se dormirán profundamente; los otros llegarán apenas a un grado de torpe somnolencia. Pero lo que se ignora comúnmente es que este último estado es suficiente para la sugestión.
Sobre todo, no se trate de ensayar en el primer dormido las grandes sugestiones. Muy pocos obedecerán a éstas, especialmente cuando no se domina aún al sujeto. Bueno es contentarse con sugestiones sencillas en este caso, pues la persona hipnotizada —aún profundamente dormida— resiste con todas sus fuerzas una sugestión que va contra todo su modo de ser: hacer que una persona específicamente honrada, por ejemplo, robe.
Los procedimientos abundan, en razón de las teorías y diversidades de temperamento. Tal persona resistirá infinitamente por este medio, y se dormirá enseguida por este otro.
Si una persona no quiere ser hipnotizada, no hay nadie que pueda conseguirlo. De aquí la ingenua malicia de los que, después de una infructuosa sesión para la cual se han aparentemente prestado, se retiran riéndose consigo mismo: "yo decía que sí, pero en el fondo no quería."
Señalaremos los principales procedimientos:
Procedimiento de Puységur. —Colóquese la mano izquierda sobre la cabeza del paciente, y la derecha sobre el abdomen. Míresele fijamente en los ojos, concentrando toda la voluntad en el deseo de serle útil. Cuando sus ojos se cierren, habrá llegado al estado hipnótico. La sesión podrá durar —según la resistencia del individuo— un cuarto de hora y más.
Procedimiento de Lafontaine. —Aplíquense los pulgares sobre los ídem del paciente. Fíjense en él los ojos hasta que baje los párpados y no pueda levantarlos más. En seguida háganse ocho o diez pases en la nuca y el pecho hasta la obtención del sueño magnético y sonambulismo. Para comprobar esto, pregúntese cualquier cosa al paciente: si el sueño es natural, se despierta; si es magnético, no responde; si ha llegado al sonambulismo, responde sin despertarse.
Estos dos procedimientos pertenecen al magnetismo; trátase de hacer dormir al paciente, sin sugestión ninguna —por lo menos explícita. Los que siguen son del dominio del franco hipnotismo.
Procedimiento de Braid. —Se toma un objeto brillante (botón de plata, un pequeño círculo blanco sobre fondo negro, un brillante, aún la extremidad del dedo) y se mantiene inmóvil a veinte centímetros de los ojos del paciente, a la altura del pelo, recomendándole concentre toda su atención en el objeto, sin pensar en otra cosa. Al cabo de un tiempo más o menos largo, que puede prolongarse hasta media hora, las pupilas se contraen a intervalos y los ojos se cierran. Si esto último, a pesar de las contracciones, llega a no sobrevenir, oprímaseles con los dedos durante un rato. Después de 15 o 20 segundos se levanta suavemente el brazo; si queda en el lugar en que se le deja, el estado hipnótico está obtenido.
Este procedimiento, aunque un poco fatigante a veces, es muy usado, con la ventaja de que una persona puede hipnotizarse a sí misma: basta fijar el objeto brillante en alguna parte. Suele también producir fuerte dolor de cabeza.
Procedimiento de Donato. —Sosténgase en las dos manos las ídem del paciente que se apoyará en ellas con todas sus fuerzas. Al cabo de 10 segundos, míresele de golpe y fijamente en los ojos, bien cerca, ordenándole que él también fije los ojos. Aquel no podrá entonces apartar los suyos del operador, siguiéndole a dónde vaya. Después de la primera sesión, la simple e instantánea fijación de los ojos basta. Soplando entre los ojos, la persona despertará en seguida.
Algunos hipnotizados por este procedimiento saben lo que hacen, pero no pueden menos de hacerlo. Otros, en cambio, no recuerdan nada. En este último caso, puede sometérseles a toda sugestión, cataleptizarlos, alucinarlos, etc.
Donato, creador de este procedimiento, dióle el nombre de "fascinación", llegando en él a un grado maravilloso de perfección.
Procedimiento de Moutin. —El operador se colocará detrás del paciente que se mantendrá con los pies juntos, los brazos pegados al cuerpo y la cabeza levantada, pero sin "rigidez" alguna en la posición. Aplíquensele las manos en los homoplatos, rogándole como condición indispensable que no ofrezca ninguna resistencia. Si el sujeto es bueno, al cabo de 30 o 40 segundos tendrá sensaciones diversas en la espalda: de frío, calor, decaimiento, etc. Puede también no sentir nada. Pero, en todos los casos, al retirar lentamente las manos, el paciente se sentirá atraído hacia atrás, con una fuerza que variará según su mayor o menor sugestibilidad. Conseguido esto, será igualmente fácil hacerle ir hacia adelante tocándole las rodillas.
Procedimiento de Pickmann. —El operador se coloca a la izquierda del sujeto; aplica su mano derecha entre los homóplatos de éste y le ruega mire un punto brillante que mantiene en la mano izquierda a distancia de los ojos de aquél. Al rato, se cierran, y el paciente cae si no le sostienen.
Como conclusión, el de Pickmann es el más apropiado a los diversos temperamentos. Como base, téngase en cuenta que una persona, aparentemente refractaria el primer día, podrá ser inmejorable sujeto a la semana.
