El Orgullo De La Fuerza…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Orgullo de la Fuerza. Tom Moore. —He aquí por fin una pieza bien construída, de un solo aliento del principio al fin, vivaz, sin pretensiones, y que cumple agradablemente su misión de comedia sentimental. Tom Moore, que es posiblemente el muchacho más simpático del cine, presta a la cinta entera el encanto de su risa abierta, sin restricción alguna, y que cuadra singularmente con su bonhomía. Si pasa por la pantalla un actor del cual podamos creer que es lo que aparenta, ese actor es sin duda Tom Moore. Pudiera no ser un buen muchacho; pero todos apostaríamos a que lo es. Para mayor gracia, este campeón de las cintas elegantes no es un gomoso. Viste bien, desde luego, pero con una desenvoltura que hace honor a su condición de muchacho mundano, habituado como el que más a llevar la ropa. Y es así un placer no sentir en él al maniquí planchado y rígido, conquistador de corazones sumamente baratos, que desempeña por lo general el papel de héroe en las cintas. 

Acompaña a Moore la señora Seena Owen. Esta señora, que es esposa de Jorge Walsh, si no recordamos mal, tiene una atracción particular, que no reside en su rostro de mediana belleza, y mucho menos en su boca y su dentadura. ¿En qué reside, pues, dicha atracción, que no siendo perceptible para las mujeres, es seriamente sentida por los hombres? No es el suyo un tipo provocativo, lo que podría explicar la predilección masculina. Antes bien, es una señora de frío aspecto. ¿Consistirá acaso en esto mismo su seducción, en el enigma que plantea su mirada impenetrable, a ejemplo de esa otra señora Gloria Swanson? No podríamos decirlo, aunque lo sintamos perfectamente. 

Un Angel Hambriento. Enid Bennet. —La temporada de super-estrenos ha comenzado en estos días, y ella nos ha de traer cintas más felices para la Bennet, que la que encabeza estas líneas. La pequeña rubia goza de merecida fama, y no en balde la hermosura de sus ojos sobrepasa a su misma acción dramática. Porque cuando la fuerza de sus papeles lleva a Enid Bennet hasta diez centímetros de los ojos del hombre amado, no hay en esos momentos luz paradisíaca que pueda ser comparada a la que destellan sus inmensos ojos azules.

Cuando la suerte depare a esta actriz un film de real pasión, —pasión que sea la vida misma del drama, y no de su título o leyendas postizas,— entonces la pequeña Enid ascenderá cien codos en el aprecio escénico que ya nos merece.

¿Quién Arrojará la Primera Piedra? Evelyn Nesbit. —Algunas empresas cinematográficas, entre las cuales se cuenta la editora de este film, se dedican de un tiempo a esta parte a españolizar los apellidos en las leyendas. Por ejemplo, los caballeros y damas norteamericanos son llamados Fernández, González, Gaudiño, Olmos. Aunque en los Estados Unidos abunden en cierto modo los nombres españoles, esta abundancia no ha de ser tal que desaloje totalmente a los apellidos ingleses. Si los traductores son llevados a esta manía por un prurito de hispanismo, parécenos que sería también indispensable españolizar el drama entero; pues de otro modo asistimos a comedias de ambiente netamente norteamericano, con personajes españoles en su totalidad. Pero no es esto solo: los apellidos rayan a menudo en la caricatura: Comeviento, Descarrilado, Arribeñitis. ¿Por qué caricaturizar el nombre de un serio personaje de un drama también serio? Es lo que no llegamos a comprender.

Un Gaucho en Broadway. William Hart. —Nuevamente podemos regocijarnos de una cinta bien construida, de sostenido interés y felices hallazgos. Cabría en ella, sin duda, un poco más de emoción que la que se escapa de un breve idilio final.

Démonos por muy bien servidos, no obstante.

El cambio de escenario ha favorecido singularmente a Hart, e igualmente el cambio de asunto. Por copiosos que sean los recursos de un actor, llega un momento en que no nos impresiona más, si usa y abusa del mismo eterno teatro. Hart debe de estar un poco cansado como nosotros mismos, del personaje generoso o egoísta, pero siempre sombrío, que viene caracterizando sin tregua. Un poco de alma como la generalidad de las gentes, aún a Hart le sienta a maravillas. En esta nueva cinta halla ocasión para lucir su gran facultad de expresión en la timidez — ante las mujeres tan sólo, claro está. En cuanto al frac, que Hart viste en este film, no es novedad en la pantalla. En Un hombre, cinta vieja ya, y de las mejores de este actor, tuvimos ocasión de ver a un Hart de salón, tan a sus anchas como un Wallace Reid.

El recurso escénico, como contraste, no es despreciable. Pero sentiríamos que se abusara de él. Hart tiene su gran valor como tipo de pasiones salvajes, y no es en el medio ultracivilizado de una sociedad mundana donde va a hallar ocasión de que su ruda energía explote.


Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.
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