No hay más información sobre el texto «El Puma».
Este texto forma parte del libro «De La Vida De Nuestros Animales».

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No se conoce en Misiones caso concreto de un puma que haya avanzado tres metros contra el hombre. Su falta de ánimo para la lucha llega, según parece, hasta huir de su guarida ante el latido de los perros, abandonando a sus tiernos cachorros, cuando el que estas líneas escribe estuvo a punto de perder los ojos ante la heroica furia de un picaflor, cuyos pichones deseaba observar de cerca.
Un conocido nuestro, cazador de tan grande aliento que su estertor de fatiga resonaba horas enteras en el bosque, al correr tras una bestia, al punto de hacer exclamar desde lejos: "Allá va Juan cazando", —este cazador arrancó un día a latigazos la piel de la cabeza de un puma, de cuya cola se había apoderado, ciñéndola contra un árbol.
La sed de sangre de este animal es tan violenta que le hace olvidar de su propia vida. Aplica la boca al cuello abierto de su víctima, y parecería entonces totalmente inmóvil, a no ser por sus distanciadas y hondas degluciones. Vaciada ya su presa, pasa a otra; y luego a otra, y otra más. Llega un instante en que la sed del puma está colmada; no admitiría una gota más de sangre. Se echa entonces, con los miembros de plomo y la mirada velada de saciedad. Invádele poco a poco irresistible sueño, y se duerme por fin a digerir en el aniquilamiento sus sangrientas pesadillas, —de las que no siempre vuelve con vida.
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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.
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