No confundir con el relato encontrado en "Anaconda" y en "Más Allá".
No hay más información sobre el texto «El Vampiro».
Este texto forma parte del libro «De La Vida De Nuestros Animales».

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Sea ésta o aquélla la razón, los vampiros apartan los pelos con el hocico, adhieren la boca a la piel, y mientras entreabren las alas con breves sacudidas, van absorbiendo gota a gota la sangre de sus amigos.
Ya saciada su sed, el vampiro levanta el vuelo para caer como incrustado sobre un palo o una pared, que remonta luego pesadamente, llevando las alas a rastra. De su fúnebre visita sólo queda en la piel de su amigo un redondel en carne viva de dos centímetros de diámetro, una llaga violenta y persistentemente succionada, de la que la sangre escurre y escurrirá aún por largo rato.
Pero la víctima no sufre; ningún indicio, por lo menos, parece indicarlo. A la mañana siguiente perderá de nuevo cien o más gramos de sangre; se hallará un poco más débil, un poco más somnolienta que la mañana anterior. Y a esto se reducirá todo, si la víctima posee un vasto río circulatorio. Así las vacas, los caballos, las mulas. Pero si el animal es de mediana corpulencia, —tal la cabra,— las cosas pasan de distinto modo. Por este motivo los animales menores de aquellas latitudes arrastran una existencia precaria, pues cuantas energías asimilan durante un día de ardiente alimentación, al caer la noche las rinden en tributo de sangre a los vampiros. Recuerdo haber sostenido peregrina lucha con un ejemplar de grandes dimensiones, en el mismo obraje de que he hecho mención.
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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.
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