En el País de las Nieves. Tom Mix. —Conforme con el sistema de buscar nuevos escenarios, que nos ha valido de parte de las casas filmadoras una serie de cintas exóticas y superexóticas (para hablar lenguaje del film), la empresa Fox ha transportado a Tom Mix, con su caballo y todo, a la región de la nieve. La cinta en cuestión es bastante pasable, no obstante el poco tino de que hace gala "Fox-film" al arrancar de su ambiente característico, —desierto subtropical, de clima ardiente y tipos nerviosos y ágiles— a actores que como Tom Mix, se hallan como el pez en el agua en tal eléctrica atmósfera. El frío y su blanca llanura, y la pesadez de movimientos que le es particular, puede convenir a un Hart, por ejemplo, a los tipos que roen sus ideas y sus ademanes. Pero Mix es una ardilla tropical que no sabe qué hacer con su caballo hundido hasta los ijares en la nieve; y conjuntamente con esto, uno de los mejores intérpretes con que cuenta hoy el cine. Es de temer que la casa Fox no se haya concretado a una sola película glacial con su legendario cowboy. Pero cuando éste retorne a su Tejas o Arizona, volveremos a gustar nuevas aventuras del gallardo mozo, para quien la "Fox-film" suele guardar sus mejores asuntos.
El Esposo de Billie Burke y las Bellezas Internacionales. —El señor Jiegfeld, conocidísimo millonario y perito en bellezas de "music-hall", opina que en Estados Unidos se ven más tipos de mujeres hermosas que en región alguna del mundo, por la diversidad y feliz mezcla de razas. El sur de aquel país parece ser el manantial más fecundo a este respecto, conjuntamente con California. Entre las ciudades, Nueva York y San Francisco van a la cabeza.
El tipo del sur tiene cabellos y ojos negros, maneras refinadas y mucha gracia. El tipo del norte se distingue por sus ojos azules y su desenvoltura. El tipo neoyorquino revela menos naturalidad, pero en cambio muestra mayor seguridad de sí mismo.
Pero el gusto cambia, como todas las cosas, en el teatro y en el cine. Hace algunos años, las mujeres altas tenían todas las preferencias. Poco importaba entonces que hablaran o no. Limitábanse a caminar por el escenario y a adoptar posturas majestuosas, con soberbios trajes. Vino luego la reacción, y el público quería mujeres pequeñas, gusto que hasta hoy sigue imperando. El caso es que la mujer pequeña parece joven sencillamente porque es pequeña. Y como a todos nos agrada la juventud, la muchacha pequeña es popular. Es una regla casi sin excepción que la mujer pequeña es el tipo más popular entre los hombres. Las damas, por el contrario, se vuelven locas por las altas. Los hombres las admiran también, pero no hay duda de que prefieren a las chiquitas. Las muchachas pequeñas quedan muy bien con el cabello rizado. Las altas no lo requieren; producen el mismo efecto con cabello lacio o ligeramente ondeado.
Las judías suelen ser pequeñas, y hay entre ellas grandes bellezas; pero se ajan muy pronto. Las irlandesas tienen tipos magníficos: ojos y bocas muy expresivos. Como curiosidad, el esposo de la Billie Burke hace notar que las pelirrojas, por razones inexplicables, inspiran siempre simpatías; tienen personalidad.
Lo cual nos parece a nosotros posible, si además de tener el pelo rojo, tienen también muy linda cara.
Lo que opina Eduardo Zamacois del Artista Cinematográfico. —Dentro del arte del gesto —dice el conocido escritor— el cinematógrafo exige una perfección suprema. En esa ciencia nueva y rara del ademán, el cine constituye una cumbre que no alcanzaron nunca los actores de teatro. La labor de los artistas del film es mucho más meritoria que la de aquéllos, pues su trabajo tropieza con obstáculos y responsabilidades incalculablemente mayores. Los impresionadores de películas luchan, en primer término, con la brevedad del escenario en que leyes ópticas, inexorables, les constriñen a moverse. En la gran amplitud de los escenarios de teatro, las miradas de los espectadores divagan, y con ellos la atención se distrae; lo que no sucede en la pantalla, donde todas las figuras, por hallarse muy vecinas unas de otras, son vistas y juzgadas a la vez; los ojos no vacilan, la atención tampoco, y así la menor incorrección sería inmediatamente advertida.
Pero la dificultad suprema que el actor de cine ha de vencer, es el silencio. ¿Cómo imitar con las manos, con los movimientos de los labios, con los ojos, la elocuencia de la palabra?
El señor Zamacois, que se ha decidido a interpretar algunas de sus obras cinematográficas, anota los consejos que recibió al debutar como actor: —Gesticule poco —le decían— porque un exceso de ademanes perjudica a la expresión de las emociones. La intensidad está en la sobriedad. El verdadero secreto de los grandes artistas cinematográficos consiste en inmovilizar los gestos; o, más exactamente: en sujetar las expresiones, en prolongarlas el mayor tiempo posible.
Sanisimos consejos, que ojalá el señor Zamacois aproveche.
Los Films de Color. —La casa Gaumont está insistiendo actualmente en el ya viejo problema de la fotografía en color. De los tres diversos procedimientos para conseguirla (interferencias de Lippman, filtros coloreados de Lumiére), la conocida casa ha escogido el sistema de proyectar tres películas a través de tres pantallas coloreadas en naranja, rojo y violeta. En principio, el resultado es óptimo. Pero en la práctica, la suprema dificultad reside en la justa superposición de las tres imágenes. Para darnos cuenta de este escollo casi insalvable, bástenos recordar que la proyección habitual en la pantalla tiene un aumento cuyo coeficiente es 15.000, y que por lo tanto, la más leve desviación de una de las cintas coloreadas, da lugar, en el monstruoso aumento de la pantalla, a enormes oscilaciones. La casa Gaumont, sin embargo, cree haber resuelto el problema por medio de un corrector de su invención. Esperamos que esta vez el inventor y el público quedarán satisfechos.
Cintas Ultra Rápidas. —Para el estudio de ciertos problemas de balística, ha sido menester impresionar películas a razón de veinte mil clichés por segundo. Esta velocidad de impresión verdaderamente fantástica (en los films corrientes pasan sólo diez y ocho clichés por segundo), se ha obtenido gracias a la iluminación del objeto por medio de las chispas de una botella de Leyden, cargada a cien mil voltios.
