En un Arun-al Raschid
había un califa de yeso
que yendo al Peloponeso
se convirtió en un ají.
Y un hermoso colibrí
que este caso contemplaba
enamorando a una aljaba,
le dijo muy suavemente:
—Ese rey está demente
como la reina de Saba.
Si tu quisieras gustar
la caricia de mi pico,
con el suave abanico
de mis alas de volar,
ya juntándonos allí
con el agua porque sí
puede que ese rey loco
nos regale con un coco
y una almohada de Alí.
