Escenarios En Blanco

Horacio Quiroga


Artículo


Los lectores de un drama se imaginan el escenario, y los espectadores necesitan verlo. Esta diferencia de capacidad explica por qué sólo los imaginativos son capaces de gozar con la lectura de una obra de teatro, mientras los cortos de vista mental han menester de la representación para percibir el drama. Los primeros ven con los ojos del alma y los segundos miran con los ojos del cuerpo. Este distingo, viejo como el padre Adán, ha venido desde entonces marcando la pauta de dos capacidades distintas para sentir el arte.

Perfecto —nos observan—. Pero esto era antes. Ni antes ni ahora las piezas de teatro han sido escritas para ser leídas, sino representadas. La representación y no su lectura determina el mérito de aquéllas como obra teatral. Una obra de teatro es un espectáculo totalmente externo; y como tal, para ser visto y no soñado. Quede para el verso y la novela la evocación como instrumento intermediario. Los espectáculos muestran, no sugieren. Y en tal carácter, y de acuerdo con el canon imperante en escenografía, la pieza teatral debe objetivar su atmósfera psíquica, debe desglosar cuidadosamente todas las sugestiones materializables del drama, y crear con ellas la riquísima decoración del teatro nuevo. 

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Habíamos hablado con gran entusiasmo de "Fin de la jornada", pieza de considerable éxito en toda Europa. No figura en ese drama —se nos dijo— una sola mujer. Durante los seis actos que tiene la obra se mantiene el mismo escenario. Consta éste de un refugio subterráneo y una escalerilla perfectamente en el medio de la escena, por donde suben y bajan los contados personajes. La acción se desarrolla en veinticuatro horas. Durante este tiempo, algunos oficiales no hacen otra cosa que bajar y subir la escalerilla. No hay en ese mísero escenario una sola sugestión materializada. Pero tal como es, grosero, trivial, pobre y lamentable, sirve de insustituible asiento al drama más intenso que haya tocado nuestra alma desde quince años a esta parte. Vaya usted a verlo.

Fuimos. En efecto, nada había de extraordinario en aquel escenario y su raquítica decoración. Lo extraordinario estaba justamente en la pasión que animaba a los personajes en cuestión, tan intensa que transfiguraba el refugio y su escalerilla en el más espléndido y miserable "espectáculo" de la guerra que sea posible "evocar".


Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.
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