Esgrima Criolla

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


¿Se ha hecho ya la prueba? Tal vez. Nada en realidad sería tan interesante para los apologistas de la esgrima criolla como ver frente a frente el sable de la escuela y la daga paisana. No faltan los defensores de ésta, sobre todo entre los sportmans de suburbio y campo afuera. Las tumultuosas hazañas de un Juan Moreira sacuden mucho más la imaginación que un frío ataque-y-quite de salón, por simples razones de agitación épica, sobre todo cuando las hazañas, legendarias como aquéllas, tienen el don de hacer explotar la gran dosis de paladinismo que hay en todo corazón caliente y cerebro inculto.

El gran interés estaría, sin duda, en el encuentro correcto de la espada y la daga. El resultado mostraría conformidad con lo siguiente.

La esgrima criolla se basa en la agilidad y falta de precisión, de lo que la derivan las formas elementales: cambio incesante de lugar y cruce constante de las armas, lo que llamamos "barajeo". La guardia es conocidísima: la pierna derecha rígida, la izquierda doblada, el cuerpo ligeramente hacia atrás y el puño bajo.

Lo que no deja de ser curioso, es que esta postura sea diametralmente opuesta a la guardia de escuela.

El "fondo" es también diferente en un todo: mientras el de la daga se efectúa mediante una honda agachada hacia adelante, sin cambiar de lugar las piernas, el esgrimista no varía la posición del busto, extendiendo en cambio considerablemente pierna y brazo. Aquello es el "fondo" común del paisano, cuando no se echa literalmente y a ciegas sobre su contrario. Más típico es aún el cruce constante de los aceros, pero sin fin preconcebido, sino golpeando acompasadamente y con ángulo igual una arma con otra, lo que constituye el arte del barajeo.


Publicado el 23 de julio de 2026 por Brian.
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