Ilusoria Más Enferma

Horacio Quiroga


Cuento


Ilusoria Más Enferma

El cielo está gris, el horizonte austero, la copa vacía. 

—Miras, ¡oh Lydia! hacia lo lejos y te aburres. Dejemos la mesa. Estos vinos son malos; además, se han agotado. Estás cansada. ¿Sientes cómo cae la lluvia sobre los vidrios?... ¡Si, tú también sientes cómo cae la lluvia sobre los cristales! La estufa se ha apagado y tienes frío. ¿Estas enferma? Iré a buscar a Hipócrates. Pero no; veo bien que te fatiga la conversación. Dejemos la mesa. 

Aristóbulo se hunde en el trinclinio, jugando con el lebrel, mientras Lydia va a sentarse junto a la ventana: ¿enferma? no; pálida nada más. 

La lluvia continúa golpeando en los vidrios. La luz, de una frialdad líquida, está asomada lívidamente a los cristales. 

El Parthenón se esponja a lo lejos, en la niebla, en un fantástico y brumoso hinchamiento de mármol. 

Son las cinco. Sigue lloviendo. Como no han cambiado la posición, las miradas de Lydia van siempre a través del agua. 

Aristóbulo se levanta. Lydia le siente y se estremece. 

¿Acaso ha dejado de mirar a lo lejos?... 

Está a su lado. Aristóbulo mira a Lydia y Lydia a Aristóbulo. 

El Parthenón se disuelve en la noche helénica e inclemente... ¡Athenas! ¡Athenas!

—¿Qué hay entre nosotros, Lydia, que no vienes a mi lado?... Pero me amas, no es verdad? 

Pasa sus brazos alrededor del cuello de Lydia y una intensa dulzura Crispa los dedos del joven ateniense. 

—¡Sí!... ¡tú me amas, Lydia! ¿Pudiera ser de otro modo?... (Aristóbulo sonríe siempre y Lydia se oprime dolorosamente contra su pecho.)

—¡Insensato! ¡Cómo siento tu ternura entre mis brazos! Siempre a tu lado, ¿verdad? 

(Los dedos se cierran Insensiblemente.) 

—¡Siempre a mi lado! ¡Cuanto nos amamos, Lydia! Y aunque estés tan pálida, que pareces dormir, veo que me amas deliciosamente. ¿No es así? ¡Si tu no puedes dejar de amarme!... 

Y prosigue el atroz estrangulamiento, tan dulce, tan aristocrático, tan suave, que Aristóbulo acaricia aún con sus manos el tibio descendimiento de Lydia —tal vez muerta pero impasible—, en cuya garganta dolorida ha depuesto cinco helados besos de pasión.


Publicado el 25 de junio de 2026 por Brian.
Leído 4 veces.