Juan había dormido sobre su camilla de hospital;
y la agonía de la tarde que llegara a la ambulancia reple-
ta, daba un tinte de vida a su pierna mutilada. Y el
estropajo humano era antiguo. Y largo, y llegaba al va-
lle, a los lomos —acribillados a bala— de los ven-
cidos. Y el ejército triunfante se tapaba las narices
ante el insoportable hedor, y las moscas se obstina-
ban sobre el vientre blanco de un general que tenía
una enfermedad en el estómago.
