La Cena De Los Espíritus

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


La cena de los espíritus es de origen puramente indígena, como la velada del angelito, en que las ceremonias que deberían ser fúnebres se convierten en escenas de alegría, en bailes y banquetes.

La cena de los espíritus se celebra, en los más apartados rincones de los valles calchaquíes del norte, en la víspera del día de difuntos del calendario cristiano.

Ya hemos dicho que el indio cree que los que han muerto siguen viviendo, y por eso entierra sus cadáveres junto con provisiones de comida y yuros de agua y chicha, para que se alimente y para que beba.

En la fiesta anual que me ocupa, cada familia ofrece a su muerto más querido, muy en especial al ascendiente, una abundante cena para que beba y coma en ese día por todo lo que puede haber padecido de hambre y de sed durante el año. Al efecto, la víspera del día de difuntos se elige el animal más gordo de la hacienda del finado. La elección la hacen los de su familia y amigos de ésta, reunidos para ello aquel día y el siguiente.

El animal es asado en una gran fogata, y las achuras de la res se colocan sobre una gran mesa, desprovista de manteles, en el centro del cuarto que habitaba el difunto. Sobre esta misma mesa colócanse yuros llenos de aloja y de chicha, y de cuando en cuando montones de coca. Arreglada la mesa con los potajes y bebidas, a la oración se cierran las puertas del cuarto en el cual debe efectuarse la cena, dejándose entornada la de entrada, a fin de que el alma del muerto o de los muertos del hogar, penetre por ella y gasten, coman y beban de lo que se les ha servido. Para que las almas penetren a la pieza, es necesario que se guarde silencio profundo, que no se haga luz con el cigarro, y que se aten los perros, que suelen perseguirlas. Al día siguiente, después de haberse servido a las almas, los dueños de casa y sus amigos penetran a la misma pieza, a comer de las sobras de las almas, lo que efectúan después de haber libado con chicha y celebrado sus ceremonias con hojas enteras de coca.

El almuerzo y la comida del día son alternados con bailes y rezos. Lo que es el baile, en el que se beben muchos cántaros y damajuanas de chicha y de aguardiente, ha de

durar dos días más, sin más tregua que el tiempo necesario para tomar alimento.

Esta costumbre, tan generalizada en el valle calchaquí, es uno de los rastros más visibles de seres dobles, antigua creencia de los viejos habitantes de Yocavil, que ni la cultura europea ni el cristianismo han podido borrar.


Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.
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