La Chantagista…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


La Chantagista. Gladys Brockwell. —Un fiscal del crimen, cuya secretaria le inspira tanta confianza como amor aún no confesado, rompe violentamente con la policía de la localidad, a algunos de cuyos altos miembros, poco escrupulosos, entorpece la rectitud del agente fiscal. En consecuencia, los empleados en cuestión aprovechan un viaje de recreo del fiscal y su secretaria, para difamar a ambos por la prensa, so pretexto de inmoralidad judicial, seducción de menores, deshonestidad mutua en un hotel, etcétera. Sirve de base a dichos ataques una fotografía sacada a escondidas, en el momento en que el amor, confesado y aceptado, une a ambos amantes en un abrazo. Ya de regreso la pareja, los mismos altos empleados policiales se encargan de reforzar el mal humor del agente fiscal, haciéndole saber lo que éste ignora aún: que su secretaria ha salido de la policía para entrar en su estudio, a los solos efectos de preparar y coadyuvar al éxito del escándalo. El fiscal, crédulo, pone a su novia a la puerta. Tras la misma puerta la muchacha se entera por un espía policial, que la cree a ella misma espía, de la trama urdida por sus jefes para aplastar al fiscal del crimen.

Hasta aquí la cinta se desarrolla continuadamente. Sobreviene, luego, un salto adelante, que sume en confusión al espectador, pero cuyo objeto es retrotraer la acción pasada y explicativa. El procedimiento se ha usado a menudo, pero en "La chantagista" con singular eficacia. Por la reconstrucción, muy hábilmente planeada, sabemos que la secretaría recurrió en seguida a uno de los autores del escándalo, de quien obtuvo un empleo, gracias a monerías —castas, por lo demás— que llevaron a la nueva pareja al hotel de un estado vecino, bien que a habitaciones separadas. Mas he aquí que aprovechando una salida de su acompañante, la secretaria se introduce en el cuarto de aquél, en ropa muy íntima de esposa o cosa parecida, desde donde llama por teléfono al gerente con un pretexto cualquiera, el cual constata, sorprendido, que la pareja que había pedido discretamente dos habitaciones, sólo hacía uso de una... Pero en ese momento regresa el empleado policial, y tras él un detective con una orden de arresto por "haber violado la ley sobre hoteles". Entendemos que en el estado norteamericano en que se desarrollan estos acontecimientos, no es permitido pedir dos habitaciones y ocupar, en verdad, una sola. La denuncia había sido hecha por la misma secretaria, la cual establecía así en detrimento de su indignado acompañante, un verdadero "chantage". Pero en el juicio reconstruido nos enteramos de que la joven procedió así para intimidar al policía con un escándalo superior al sufrido por ella misma, ya que su víctima era casado y con hijos. La animosa y sutil secretaria levanta la acusación a cambio de un reconocimiento de su calumnia por parte del policía, y tras una frasecilla del juez, que vale toda la cinta: "Me parece que se ha hecho uso de este tribunal para ventilar rencillas personales", la paz se deposita sobre todos.

Gladys Brockwell, cuando la suerte se apiada de ella y le otorga una cinta en conformidad con su temperamento, constituye una de las tres o cuatro cumbres con que cuenta el cine: Basta recordar "Al fin de la jornada" y "Los apaches". Pero es muy raro verla en toda su fuerza. Casi siempre, siendo sus films habituales de un dramatismo nebuloso, se ve forzada a exagerar y suplir con epilepsias faciales el movimiento pasional que no surge naturalmente del asunto. Con lo cual vamos perdiendo cada día una ilusión más, y ella, la Brockwell, otros tantos admiradores.

La Famous Players — Lasky Corp. —Entre los festejos con que la importante empresa ha celebrado su sexto aniversario, figura uno de real interés y de poca apariencia: consiste tan sólo en haber filmado la segunda edición de "The Squawman", primera cinta que salió del estudio de la flamante sociedad, en 1914. Se ha buscado a los mismos tipos que la interpretaron, y el drama, en sus grandes líneas, se conservó igual. Lo que cambió inmensamente fue la decoración de la cinta en trajes y detalles. En efecto, dados los pasos de gigante con que el cine ha salvado los últimos seis años hacia la perfección, la confrontación de ambas cintas puede haber colmado de satisfacción a los accionistas de la F. P.—L. C. Aún para los ajenos a la compañía, la visión sucesiva o simultánea de las dos cintas en la pantalla, constituiría una eficaz propaganda por el film, al constatar lo que va de uno a otro en progreso de técnica y de arte.

La misma "Famous Players — Lasky Corporation" se decide a filmar "Afrodita", de Pierre Louÿs, y "Los trabajadores del mar", de Víctor Hugo. Deseámosle el éxito que merecen ambas obras, sea siquiera para compensar la pérdida sufrida en la persona de Irene Castle, actriz de dicha compañía, que se ha contratado por un año en una casa de modas —y por una cantidad fabulosa, dice la F. P. — L. C.,— para dibujar vestidos. Pues la señora Irene Vernon Castle, actriz, estrella y bailarina, goza fama de idear ella misma sus trajes. Si viste bien, con tales recursos, lo ignoramos en un todo.

Lo que Cuesta una Cinta. —Es muy variable, y depende de mil factores. Pero anotamos algunos gastos y pormenores. Se trata de "Los ojos de la juventud", de Clara Kimball, que se estrenará este invierno.

Al autor del drama: 40.000 dólares (lo que es tan respetable como dudoso.) Sueldo de los artistas durante tres semanas: 129.000; gastos de construcción de 35 escenarios: 56.000; vestuario: 13.500; gastos de escritorio, correspondencia, etc.: 16.000; réclame: 7.500; pasajes de los artistas: 4.000; adaptación de la obra: 5.500. Y algunos pormenores: El director de escena y el fotógrafo con sus siete electricistas fueron cedidos a la empresa por la "Goldwyn", por 20.000 dólares, durante 20 semanas. El actor Milton Sills pasó dos semanas sin ir al estudio y percibió su sueldo íntegro. El actor Vicente Serrano llegó a Los Ángeles cinco semanas antes de que se le necesitara, con igual privilegio que Sills. Estuvieron a doble paga en los talleres, por urgencia de trabajo, y durante las veinte semanas que duró la impresión de la cinta, 12 carpinteros, 2 albañiles, 5 ebanistas, 6 electricistas, 4 fotógrafos, 1 director técnico y dos ayudantes, 1 director general y 2 subdirectores, 2 ingenieros, 5 pintores, 4 escenógrafos, 1 adaptador y 300 "extras".

Nada nos dicen del precio de Clara Kimball y Milton Sills, protagonistas. Pero dada la fama de despierta empresaria de que goza Miss Kimball, y la gravedad literaria de Sills, que es novelista, queremos creer que hayan exigido el cumplimiento de "time is money", sentencia particularmente grata a los artistas del cine.


Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.
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