Bosquejo de filme con el argumento en grandes líneas, salvo algunas escenas detalladas y varias leyendas ya prontas.
Figuras principales:
JULIO ORGAZ: Protagonista, 30 años, ingeniero.
TOMÁS ELSY: Dueño de obraje, edad madura.
BEATRIZ ELSY: Hija del anterior, chica educada en Buenos Aires sin mayor conocimiento del valor de la naturaleza y de los hombres. Muy joven.
NARCISO MIRÍN: Veinte y tantos años, pretendiente de Beatriz. Caza, pesca y colecciona mariposas. Tipo ridículo del filme.
CAYÉ: Peón de obraje (mensú). Traidor del filme.
La escena pasa en el territorio de Misiones. Actos en un obraje, en una jangada y en un banco de arena del Alto Paraná. (En el delineamiento de la cinta, las leyendas ya definitivas se marcan con lápiz rojo. La inicial T intercalada en el texto, indica retrato, casi siempre en primer término, del tipo mencionado en la leyenda previa. La inicial D indica detalle de algún elemento decorativo, reforzador de la incidencia dramática, etc.).
(Título en blanco)
En 1902, las denuncias recibidas sobre los horrores que se cometían en los obrajes del Territorio de Misiones, fueron tantas y tan continuas, que el Gobierno Nacional, por intermedio del Departamento del Trabajo, envió inspectores que lo cercioraran sobre la verdad de las denuncias.
El puerto de Posadas, capital de Misiones. Vapor alistándose para zarpar; D - de últimas cargadas de mulas en proa. Peones en la playa, listos para embarcarse.
Los mensú, nombre genérico de los peones de obraje, cuya vida se reparte entre las penurias del bosque y Posadas, donde derrochan en tres días de locura el adelanto que exigen siempre sobre su futura ganancia.
D - De varios mensú, uno tras otro, y bien en primer término. Características de los trajes, ajuar, etc. Excusado aquí insistir, como por otro lado en el resto de este bosquejo, sobre la importancia de que tales tipos-ejemplo sean expresivos al modo mensú.
Sus tres días por año de orgía, bailantas, perfumes e incesantes paseos en coche a lo gran señor, acaban de concluir. Los mensú remontan otra vez el Paraná a rescatar con uno, dos o tres años de agonía, su deuda siempre creciente.
D - De la mujer de uno de los peones (mensualera), sentada sobre un baúl en la playa, con su lujo característico cuando suben al obraje, fumando un terrible cigarro de hoja.
Las conquistadoras del obraje: Pollera crujiente punzó, blusa de raso amarillo rabioso, collares que las estrangulan, furiosamente pintadas las mejillas, zapatos Luis XV y un cigarro de hoja.
D - De unas cuantas mensualeras, solas y con su hombre. De nuevo vista de conjunto de vapor y canoas conduciendo a los peones. Escenas de subida a bordo, en proa, mezclados con baúles, guitarras, mulas y alguna vaca. Hacinamiento de todo esto; peones instalándose en lo alto de los baúles, etc. Vista breve del pasillo de pasajeros, con los id.
(Únicamente en alguna que otra escena de este bosquejo se detallan los elementos).
Los mensú son siempre los mismos. Suben hasta el obraje y bajan de él desde los catorce años, sin variante alguna. A veces, sin embargo, y muy de tarde en tarde, se insinúa entre sus filas algún elemento extraño.
Orgaz en detalle, vestido totalmente de mensú, en la playa, listo para embarcarse.
Julio Orgaz, ingeniero, preocupado como tantos otros por el problema obrero del obraje, en misión reservada del Departamento del Trabajo. Los vapores que remontan el Alto Paraná ofrecen las características de un pasaje pintoresco y heterogéneo, desde el mestizo capataz de obraje que ha aprendido de sus patrones a no beber sino whisky con soda, al turista que cree oír a cada instante el rugido del tigre.
T, T, el hermano Atanasildo, por ejemplo, de la Cofradía de San Vicente de Paul, que va hasta el Iguazú, sin recordar un gozo mayor en la vida que haber matado una vez un gallo de un tiro casual de escopeta.
T, corazona Alderete, cocinera del obraje Hondo Abrigo, que viaja de primera para tener el placer de estar constantemente sentada en el borde de los divanes.
T, Romualdo Itaboa, contratista de obraje, que después de 14 años seguidos en la selva, bajó el viaje anterior a Posadas, y que lagrimea todavía de felicidad ante su... 143 copa de whisky.
T, X, X, X, turistas de tipo internacional (han dado la vuelta al mundo y citan a cada momento los hoteles de Lausanne). La noche anterior han escandalizado el hotel pidiendo agua caliente a las once de la noche.
T, nueva vista de conjunto de los pasajeros. Rápida de conjunto de los que siguen:
En primer plan del pasaje, remontan el Paraná en ese viaje hasta más allá del Iguazú, Tomás Elsy, obrajero de iniciativa y carácter duro, y accesible a una sola compasión: la que le inspira la más insignificante cortadura del dedo meñique de su hija Beatriz.
T, Beatriz Elsy, hermosa criatura, altiva y dueña de un sólido corazón que ella desconoce aún.
T, educada en Buenos Aires, jamás ha estado en el obraje. De la naturaleza, nada sabe. De los hombres, solo conoce aún el corte de sus smokings.
T, más detenido que los anteriores. Escena breve de flirteo con Narciso.
Una bella chica (y si es desdeñosa, más aún), no viaja nunca sin arrastrar consigo a un adorador.
Escena prolongada de flirt con Narciso. Este estará de espaldas, a fin de hacer gustar completo el tipo ridículo en el cuadro siguiente.
En la presente ocasión, el complicado papel corresponde a Narciso Mirín, joven mundano y amateur naturalista, que colecciona mariposas cortándoles las patas para que hagan bonito.
Escenas varias de todo vapor que se apresta a zarpar, particularizando las típicas (y muy fuertemente) de los vapores del Alto Paraná. D de foguistas cargando el hogar con cincuenta rajas a la vez de leña verde de 80 centímetros de largo. En proa, Orgaz medita con no poca melancolía sobre lo que le depara el destino allí arriba. La familia Elsy se acoda en el puente de mando y echa un vistazo sobre los mensú. Impresiones de curiosidad y disgusto de Beatriz. El padre que lo observa también:
—Sí, esos son los mensú, la canalla de este infierno del Alto Paraná...
Corte a escena de peones jugándose las pilchas y cigarros en proa, hacinados sobre baúles y entre mulas y vacas. Vuelta al puente. La atención con que Orgaz mira al grupo, irrita a Elsy.
—Fijate en ese compadrito recostado a la borda... Con esa facha tranquila me abre el vientre de un machetazo por media mandioca asada.
Horror y asco de Beatriz, etc., con nuevo corte a la jugarreta de los mensú.
Esta escena de juego, con la participación indiferente de las mensualeras despreciativas y fumando, volverá alguna otra vez, cuando un corte de contraste y evocación lo requiera.
Pero el vapor parte. D de pitadas y pérdida de vapor por tubos de tales vapores. Despedidas, con gritería, peones que suben y quedan:
—¡Que te vaya bien, che amigo!... ¡tu mujer, de un aña memby!... (frases de color)
D de gran rueda de popa poniéndose en movimiento. Salida del vapor, etc.
El vapor continúa. Escenas en el comedor, con la mescolanza del caso, etc., etc. Más adelante, escenas de cargada de leña (1.000 o 2.000 rajas) en algunos puertos a mano, entre diez o doce hombres que se las pasan como ladrillos, y más arriba por medio de una canaleta desde lo alto de la barranca (la barranca del Alto Paraná tiene cien metros), por donde vienen como balas a saltar y amontonarse con estruendo en la playa. Circunstancias varias de un viaje de cuatro y cinco días, con elementos decorativos de bosque, que roza a veces la borda del buque, y macizos de tacuaras que se vierten sobre el río. El mismo río, hinchado y revuelto de remolinos, da efectos muy bellos. Canoas y guabirobas de los pobladores de la costa; correspondencia arrojada a los obrajes en una botella, que un indio va a recoger (si la alcanza) en canoa; aspectos del vapor con su gran pala a popa, que levanta un alto penacho de agua y espuma, visto desde lo alto de la barranca entre un corte de bosque, etc. (No olvidar que aquí se anota únicamente lo que se extenderá y comentará en el filme definitivo, pues este bosquejo, salvo algunas escenas y leyendas detalladas, es un simple bosquejo).
Al llegar a cierto puerto, de un obraje en el que Tomás Elsy tiene parte, sube y baja del vapor un número de peones, y se detiene el vapor a cargar leña. Figuración del mayordomo de a bordo, que ya se ha entrevisto en el comedor. Con precauciones y demás, vende botellas de caña a los mensú que bajan.
X, X, mayordomo de a bordo a cargo de la despensa, que hasta hace pocos años era peoncito de patio.
T, demuestra su rapaz habilidad infringiendo la ley de la selva, que prohíbe terminantemente vender bebidas a los mensú en los obrajes.
Escenas del caso. Con caña y juego, los mensú se alborotan, y se arma una de gritos, peleas y guitarras rotas en las cabezas. Inquietud de Beatriz, Narciso y los demás chapetones del Alto Paraná, pero indiferencia completa de los avezados. D de esto. La cosa crece y el capitán baja entonces a poner orden.
X. X., capitán del Sílex, criado con un patrón de obraje a su frente, y un mensú a sus espaldas.
Entra entre los peones a rebenque limpio.
Es un excelente individuo; pero el sol de fuego del obraje no quema y endurece únicamente la piel.
Atan al más revoltoso de los mensú contra el palo del Sílex. Escenas del caso. Beatriz y Narciso se han echado sobre la baranda del puente para ver la cosa. Escenas de situación con los demás mensú, etc. El peón atado es Cayé, y se mantiene impasible. Entretanto, Elsy discute abajo con el mayordomo, imputándole la venta de caña a los peones, etc. Discusión de ambos. Elsy, sulfurado, se dirige al puente; pero al agarrarse de la baranda de bronce ve a Cayé, que lo mira también. Elsy reconoce en él a un peón que por dos veces ha echado de su obraje, y la última vez con prohibición absoluta de que pise nunca en sus tierras. (Tal vez corte a escenas anteriores, explicando la razón de la cosa). Cayé no baja los ojos; y Elsy se abalanza a él:
—¡Conque sos vos! ¿No te había prohibido poner los pies en el obraje? (Pausa) ¡Bajá los ojos, te digo!... ¡Borrachón compadre!
Cayé no baja los ojos; vaga sonrisa y expresión fría de su mirada. Elsy pierde la cabeza, y lo sopapea de derecha y revés.
—¡Tomá!, ¡insolente!... ¡Así hay que tratar a los compadritos como vos!
Psicología del caso en la expresión de todos. Desazón y náusea de Beatriz allá arriba; Narciso mira la escena con anteojos, etc. Acude el capitán, sosiega a Elsy, apaciguamiento, etc.
Escenas en el puente y entre los mensú. Pero Cayé queda atado al palo.
Orgaz, que ha seguido todo con dolorosa atención, no resiste más y desata a Cayé (han quedado solos los mensú). Pero el capitán no está contento del acto de Elsy, por las dudas. Cuando baja, deja a Orgaz desatando al otro, y aunque se alegra de tener un pretexto para desatar a Cayé, la emprende con Orgaz por la fórmula. Diálogo. Cayé volverá a Posadas, con buena sed de venganza por los sopapos.
Llegada del Sílex. Escenas de desembarco (muy pintoresca la ascensión de la barranca casi a pico, de arena roja, y los peones llevando al hombro sus baúles o montando todo por la canaleta de la leña). Instalación de la familia Elsy, etc. ídem de los peones. Presentación del personal, distribución del trabajo a los nuevos peones, ídem de Orgaz. Con el trabajo de Orgaz se mostrará lógicamente lo que es un obraje, fabricación de la ramada de los mensú, comidas, reuniones de los domingos, lavado de la ropa los mismos domingos, cacerías de miel y animales en las fiestas. En fin, color local de circunstancia, teniendo razón de ser todas las incidencias de obraje que se presenten, pues la muerte de las cintas de color subido local consiste en la ostentación fría de esos caracteres.
Elementos decorativos y de detalle para las escenas en el obraje: tacuaras, palmeras, bananos. Muchachos trepando con rienda a las palmeras para cortar las hojas, usadas de forraje (sesenta palmeras por día para una veintena de mulas). Un mono manso. Idem coatí o venado, y hasta carpincho, si se halla. Arrastre de hojas de palmera, a caballo, en atados que cubren literalmente al animal. Cactus y ruinas de toda forma y floración para los primeros términos. Cacerías de tatús y comida del mismo (muy típica). Cacho de bananas en primer término. Muchachito que aparece siempre con banana a medio pelar en la mano, o con una mandioca asada. Todas las escenas decorativas del obraje, y en particular en tormentas, muy comunes en el país. Canoas y guabirobas cruzando el río con mal tiempo. Escenas en cascadas, hasta de 80 metros de alto, sobre fondo de basalto negro, y cuanto se quiera de enredaderas, helechos y árboles de hoja enorme y sumamente decorativas. Fabricación de fariña (muy típico).
Cacería de antas, perseguidas por el monte con perros, en tanto que otros cazadores esperan en el río, donde forzosamente va a parar el tapir; persecución por el agua en canoa. A falta de tapir, el venado va a dar también al agua... Detalles de perros escarbando en cuevas o abalanzándose a un árbol donde ha trepado un animal. Mariposas muy grandes en detalle, al cazarlas Narciso. Víboras, las que se deseen, etc.
* * * * * * *
Entretanto, Orgaz estudia a fondo la vida del obraje, desempeñándola como peón. Se hace querer de sus compañeros. Les escribe las cartas (escenas), les presta algún hilo de buen coser, etc. Ha curado a algunos chicos; siente predilección por estos. Los domingos, se le suele ver con dos o tres de estos, cazando juntos, jugando, etc. Ha construido su ramada con más gusto que las demás, y en un rincón tiene una especie de rústico laboratorio. Concomitantemente (las escenas cruzadas cada vez que haga falta), la vida en el chalet se desarrolla también de acuerdo a la posición del caso: persecución de mariposas y cascarudos por Narciso, con los mil detalles cómicos a que se presta su vestimenta, sus modales, sus tropiezos con los peones que le hacen algunas jugadas traviesas. Beatriz ve los trabajos del obraje en compañía de su padre casi siempre, con preguntas que servirán para ilustrar la cosa. A veces anda sola. Dos o tres veces ha tenido ocasión de sentir la presencia de Orgaz. Ve por casualidad a un lindo indiecito, habla con él y resulta que Orgaz acaba de curarlo de una enfermedad. Tal otra cosa, fue Orgaz. De una picadura de víbora, fue Orgaz. También Beatriz lo ha visto a Orgaz en alguna situación de relieve para él. Aunque no quiera confesárselo, a la muchacha le interesa más de lo que quisiera el mensú. Sospecha vagamente la verdadera condición de Orgaz, por más que este trate siempre de evitar sospechas con su actitud de perfecto peón. Pero la inteligencia de la mirada lo vende a pesar suyo. Tal vez en alguna ocasión hace un gesto, un movimiento que despierta más viva la inquietud de Beatriz, sin que esta llegue a creer que Orgaz es lo que es. Algún día de lluvia o aburrimiento en el chalet (este tiene gran vidriera hacia el río; se ven pasar los vapores) Narciso prepara sus mariposas cortándoles las patas bajo una tapa de vidrio. Mal humor de Beatriz; sarcástica con Narciso. Incidentalmente, Beatriz sabe en qué sector del monte o en qué trabajo está ocupado Orgaz. Siéntese a pesar de ella inclinada a pasear por donde aquel está, pero aprovechando todas las ocasiones para demostrarle su superioridad social, su orgullo, con palabras, gestos o actitudes insolentes o de fría impasibilidad, no sea cosa que ese mensú llegue por un momento a suponer... Orgaz siente también, sin verlo claro siquiera, la atracción que ella siente por él, y se empeña igualmente en no ver a Beatriz sino un retoño inmoral, incapaz de ver en un hombre de manos con callos otra cosa que un animal o cosa parecida. Una vez, sin embargo, o dos o tres veces, Elsy no ha podido acompañar a su hija a visitar tal cosa del obraje (que ahora parece interesar a aquella a despecho suyo), y la chica altanera se ha arreglado de modo que Orgaz estuviera en estos momentos a la vista. Elsy desconfía inconscientemente de este mensú; pero no tiene una sola queja de él por intermedio de los capataces. Elsy confía entonces su hija a Orgaz para que la acompañe a tal parte. Aquí escenas y diálogos del caso. Beatriz, que no halla cómo humillar a Orgaz bajo la capa del mensú, llora casi de despecho y la emprende con Narciso. También Orgaz ha tenido ocasión de acompañar a Beatriz y Narciso, en cuyo paseo Beatriz ha hecho lo posible por poner en relieve a su pretendiente, sin resultado.
Resulta luego que Orgaz llega un día a tiempo de matar una víbora de cascabel que ha mordido a Narciso, por ir este retrocediendo para cazar un pobre escarabajo. Escenas del caso. Orgaz lleva en hombros al herido, que llora y alborota. Pasa casualmente alzaprima. Descargan la viga, suben al eje, y carrera por las picadas hasta el chalet. De paso Orgaz recoge de su ramada los aparatos de inyección. Alboroto en el chalet, curación. Todos miran con profunda atención la seguridad civilizada de su trabajo.
No poca sorpresa de la gente Elsy, que el mensú explica por haber sido peón de un ingeniero, etc. Diálogos. Beatriz, extrañada siempre:
—¡Pero usted tiene poco acento... correntino o paraguayo!
Orgaz, en su papel de peón:
—Es que falto desde muy chico de Corrientes...
Con todo lo cual la instintiva desconfianza del obrajero se acalma, y confía más a menudo su hija al mensú que huele poco a mensú.
Pero la misión de Orgaz no es precisamente esa. En cuatro o cinco trabajos de obraje, que se pondrán de relieve, Orgaz constata la miseria de trabajo a que se somete a los peones, sin la menor garantía de salud, ni la más remota idea de volver un poco confortable la vida de gentes entregadas de cuerpo y alma al patrón. Un incidente de chucho que ataca hasta casi matarlo a un excelente mensú, que en vano solicita permiso para bajar hasta Posadas a curarse (escena y diálogos), ensombrece a Orgaz, que no puede menos de hablarles a los peones sobre estas cosas, esforzándose por hacerles comprender que el trabajo no es una esclavitud, y que en ellos está el darse cuenta de esta miseria que ellos mismos fomentan con su fatal exigencia de anticipos, que los encadena luego por toda la vida. (Escenas y diálogos). Pero los mensú, sometidos y herederos de cinco siglos de inconsciencia moral, no entienden y toman el rábano por las hojas. Desaliento de Orgaz, que insiste, poniéndose a nivel de su alma, en hacerles comprender con ejemplos (diálogos). Les habla en las cacerías de los domingos o en las ramadas (estas ramadas de los mensú son muy pintorescas)...
...El cerebro espeso de los mensú comienza a comprender, aclararse, pero muy pesado de sueño aún.
Para justificar lo que después sigue, pueden incluirse escenas de la escapada de dos o tres mensú, perseguidos a tiros de Winchester por el mayordomo y los peones fieles (guardaespaldas dispuestos a todo) que un mayordomo de obraje tiene siempre a mano para estas aventuras.
Un incidente precipita las cosas. Desde hace un tiempo (casi al llegar Orgaz al obraje), se construye una línea de decauville. Orgaz ha seguido todo el trabajo hecho a la diabla, casi sin durmientes, o usando simples planchuelas como tales, con taludes sin apisonar, y toda la línea salvando cuestas y curvas rapidísimas. Ha hablado a los peones sobre eso, pero los peones lo miran, pestañean largo rato y no comprenden bien por qué el patrón no va a tener derecho de construir la línea como mejor le parezca. Orgaz:
—Sí, ¡tiene derecho, les digo! Puede hacer lo que quiera de su monte y de su madera; pero no tiene derecho a exponer la vida de un hombre por ahorrar dos reales de terraplén.
Fiesta en el obraje con la inauguración del decauville. (Escenas finales tomadas en una cuesta abajo con fuerte curva final). Peones, mensualeras, etc. Lanzan una zorra, con varios mensú. En la curva la zorra salta y mata a un hombre. Desde el momento del apronte de la largada de la zorra, escenas cruzadas con Elsy y su hija llegando al decauville, en que Elsy pondera una vez más a aquella las riquezas que tiene en ese monte, y las pingües ganancias que obtendrá con la baratura actual de los peones, y lo ligero que dispone los trabajos. Asisten al tumbaje de un inmenso lapacho. De entre el tronco, casi, surge lívido el hachero (tipo decorativo de la miseria). Elsy:
—Mira ese lapacho: tumbado con este nuevo procedimiento de corte, gano unos cuantos pesos más por la rapidez con que se efectúa.
Beatriz:
—¡Pero así peligra de un modo horroroso la vida de esos hombres!
—A veces sucede... La vez pasada uno quedó aplastado... Ocupaba más de dos metros sobre el suelo.
Beatriz mira a su padre con terrible atención. Elsy:
—¡Bah!... Mensú más o menos...
Cuando llegan al decauville se desarrolla la escena del caso ante el aplastado por la zorra. Orgaz está agachado sobre él. Extrañeza de Elsy ante la actitud pasiva pero sumamente fosca de los peones. Elsy:
—¡Bueno! ¡Qué le vamos a hacer!... ¿Y qué hacen ustedes ahí abriendo la boca?
Los peones no responden; se miran de reojo, y miran a Orgaz que continúa sobre el muerto. Elsy comprende entonces su desconfianza inicial de Orgaz, y se da cuenta del cambio operado en su gente.
—¡Ya!... Ahora están empezando ustedes a... mostrar las uñas... Pero estas no son cosas de ustedes; a ustedes no se les ocurre mirar a su patrón de este modo! ¡Aquí hay una semilla podrida que está pudriendo a mi peonada!
Los mensú miran todos a Orgaz. Este se da cuenta y se incorpora lento. Elsy:
—¡Sí! Por vos lo digo! ¡Te has metido aquí a podrir el obraje con tus teorías!
Orgaz, muy calmo:
—Usted se equivoca... No he enseñado teoría alguna a sus peones. Les he mostrado solamente que ni su patrón ni nadie tiene derecho para construir una vía, usando de durmiente la vida de un hombre.
—¿Qué decís?... ¡Ya te estás yendo de aquí, antes que!... ¡Fuera de aquí, compadrito! ¡Fuera!
Reacción pesada e incierta de los peones, iniciando una lenta toma de machete (detalle). Dos o tres peones se aproximan sombríos a Orgaz. Elsy saca el revólver:
—¡Quietos!... ¡Al primero que se mueva, le hago volar el mate de un tiro!
En esta escena pueden intervenir algún capataz, el mismo ridículo Narciso, en un momento cuya tirantez dramática exija un derivativo, o para sacar más efecto de la acción, cortándola y recogiéndola (tipo final de Tristán e Isolda).
No entra en los planes de Orgaz resistir desenmascarándose, por fuerte que sienta la indignación del caso. Pausa. Elsy, a Orgaz, que lo mira pálido:
—Y vos, da gracias a Dios que esté mi hija delante... ¡Ya te habría hecho salir con plomo las ideas de tu cabeza!
Continuos detalles de expresión, de cada uno de los actores, incluso Beatriz y Narciso. Esta escena es capital en punto a expresión.
Orgaz, sin decir una palabra, recoge su machete que está en el suelo, y toma rumbo del monte. Elsy, que señala todo con el revólver:
—¿A dónde vas?... ¡No! Ya te estás yendo a la playa, porquería... Bandeá al otro lado, y no querás asomar el hocico por aquí, porque...
Orgaz se detiene, y sin prisa alguna se encamina a la playa.
Elsy, ante los peones foscos e inciertos:
—¿Y ustedes?... Cada cual a su lugar... ¡Y tengan bien presente que a la menor intentona, los hago quemar a todos! ¡A su casa!
Un chico corre a Orgaz. Pero Elsy vocifera, y el mensú trepa en la canoa. (Como la escena ha pasado cerca del río, peones y demás, sobre la barranca, servirán de fondo muy decorativo, sentimental y cargado de amenazas futuras, a la escena. Orgaz se aleja hacia la otra orilla, remando sin prisa, etc. Estudio fisonómico de Beatriz).
El obraje prosigue su vida. Escenas de trabajo interrumpido y a desgano de parte de los peones, con comentarios de los mensú, recordando a Orgaz. Escenas cruzadas con otras mostrando a Orgaz viviendo en el rancho de un negro, jugando con los negritos o cosiéndoles algún rasgón de la ropa -detalles de mucha cautela para dar ternura sin lloriqueos al tipo. En otro momento Orgaz aparece soñando melancólico a la orilla del río, a la vista de una sombría y lejana catarata (aquí vienen justos unos cuantos paisajes decorativos de Misiones), y sueña también con... Pero le está prohibido soñar con eso. Ante los paisajes:
—¡No, no! Él no vino a esto... Siente Misiones más hondamente de lo que hubiera querido... Pero se siente desencantado, desilusionado de la larga educación que necesitan los peones, en la más fosca infancia moral...
(Corte a una escena en que les quiso hacer comprender inútilmente lo que es el trabajo).
—Podría irse a Buenos Aires... Su misión ya está cumplida. .. Pero tiene la intuición de que él hará mucha falta... Siente la conmoción del alma mensú... (soñando ante la figura entrevista de Beatriz): ¡Y de nada más!
Entretanto, del otro lado, la hija de Elsy reanuda sus recorridas observando trabajos (ocasión para ofrecer otros: apronte de un desmonte para plantar maíz muy próximo al chalet), consecuente con su inesperado amor a las tareas de obraje. Sola, o acompañada a veces por Narciso, para no desaprovechar a este tipo. Pero ya no le halla interés, ocultándose a ella misma el motivo. Algunas escenas de aburrimiento e irritación nerviosa de que Narciso es el pagano. Pescando una tarde (ha echado a Narciso de su lado), mira largamente el río (efecto de paisaje), y se le ocurre vagabundear en canoa. Es el crepúsculo. Llama a un indio peón de confianza en la playa, y lo seduce para que la lleve. El cede, recorren la costa frotados por las tacuaras que caen al río, y ella, con diálogos sutiles, hace que el indio le proponga llevarla al otro lado. Beatriz acepta (¡claro está!), y atraviesan el Paraná. Pero ella quiere vagabundear sola, salta por la playa, se interna, mientras el canoero se acomoda para echar un sueñito. Beatriz se interna, va de aquí allí; cuando quiere volver cae la noche y se extravía. Inquietud primera y desesperación del caso. Comienza a llover. Corte a Orgaz, escribiendo o leyendo en el rancho a la luz de un farol de viento. La borrasca sacude el rancho, y el agua entra por bajo del alero y chorrea en lo interior contra las tacuaras.
Cree de pronto haber oído una voz afuera. Presta oído: ilusión. Pero la voz le ha traído un acento conocidísimo, y comienza a soñar: ve a Beatriz en un rincón de la sombra. Sacude la cabeza, y lee de nuevo; pero la imagen torna, y se desvanece. Orgaz se agarra la frente entre las manos:
—¡Qué daría, sin embargo, por verla de nuevo!...
Corte a Beatriz extenuada y chorreando agua que pide socorro.
Orgaz de nuevo, achuchándose ante el viento frío. Nueva ilusión de oírla. Salta a la puerta, desmelenado por la lluvia; oye esta vez claramente, y se lanza al monte.
Corte a Beatriz corriendo por las picadas y cayéndose. Siente ruido, lanza un grito y cae en los brazos-no sabe de quién, pero salvadores. Orgaz alza el farol al rostro de ella, y Beatriz lo reconoce, se desase violentamente.
—¡No! ¡Usted no! ¡No me toque!
Orgaz, herido a pesar suyo y frío de nuevo:
—No pretendo ni tengo el menor deseo de tocarla... Pero usted está muerta de frío.
Estudio fisonómico, de firmeza concentrada en Orgaz y de efervescencia extenuada en Beatriz. Esta cede, se apoya en el hombro del mensú y llegan a la playa, donde el indio está pescando, azotado y empapado por la lluvia. Al verlos llegar:
—Ah, patroncita. ¡Linda agua para los mangrullús!
Ella sube en la canoa, él queda inmóvil. Ella quiere agradecerle; parecería que la ternura va a explotar al fin, pero la actitud decididamente mensú de Orgaz la contiene. Apenas un gracias breve, y la canoa arranca. Prosigue la lluvia en el río. (Efecto muy fácil, de corto enfoque, pues la escena es nocturna. Una lluvia torrencial en el Alto Paraná logra un efecto único en el agua). Beatriz encogida, aterida. No quiere por cierto pensar en lo que acaba de pasar; pero lo ve en sueños con la camisa rota, ensangrentado en las espinas de las tacuaras para que ella pase... Bosquejo de ternura en los labios de Beatriz.
Corte a escena irreal en que Orgaz arenga a los peones para que saboteen el obraje, rostro de canallesca violencia, tal como se lo supone Beatriz. Corte a esta, que se arranca con una náusea de todo y de sí misma.
Inquietud en el chalet por la desaparición de la niña. Alguna ridiculez de Narciso, que la supone devorada por un tigre o cosa por el estilo y que se arma de punta en blanco para la expedición. Peones que entran y salen, etc. Pero un muchachito cuenta que cree haber visto a la niña en canoa. Corren todos a la playa, vocean largo tiempo con la boca entre las manos. (Efecto de lluvia en los capotes de goma). (Acaso perros ladrando hacia el río brumoso). Aparece por fin la fugitiva. Escenas, etc. Elsy se lanza sobre el indio canoero, pero Beatriz lo contiene. Ya en el chalet, mientras la calma vuelve y Beatriz se seca entre mantas, Elsy:
—Ahora te lo puedo decir. Has hecho mal, mi hija, confiándote a uno de esos canallas... Cuantas precauciones tomemos, son pocas con esa chusma. ..¿Y cómo encontraste el camino? Porque apenas me has dicho palabra...
Juego fisonómico de ella. Al fin:
—Me perdí... Al fin me ayudó... Orgaz.
Él:
—¿Y el canalla se atrevió a ponerse delante de ti?
Corte a la escena del extravío ya citada.
—Se portó bien... (pausa) ¡Papá! ¡Quiero irme de una vez de aquí!
Narciso, dando un salto.
—¡Pero esto es el Edén!
Narciso está terriblemente picado de bichos, y en ese instante tiene fomentos en un pie por los piques. El salto echa al diablo fomentos, comicidad del caso.
—¿Por qué nos habíamos de ir? Yo soy felicísimo.
Beatriz, dura:
—¡Usted, quédese si quiere!
* * * * * * *
La inquietud de patrones y personal tiene un derivativo en la crecida del Paraná, que remueve a fondo el obraje para aprontar las jangadas. Y particularmente hay alegría por la inminente llegada de una riquísima jangada que Elsy acaba de comprar en un obraje de arriba. Gran actividad en los trabajos de preparación de jangadas, que se detallan en la cinta.
Escena en el chalet, que tiene gran vidriera al río. Todos los de la casa, y a más capataces o mayordomo que comentan en diálogo la reserva de los peones, aunque trabajen como siempre, etc.
—Es mi temor de siempre. Daría no sé qué porque llegara de una vez la jangada. Pero pasan los días...
Corte a jangada, bajando el río, muy próxima ya al obraje.
Corte a chalet. Elsy:
—Trae una buena peonada de arriba, peones de ley que no han oído hablar nunca de las cosas de ese compadrito...
Nuevo corte a jangada, en detalle.
Pero en la jangada bajaba también al encuentro de Elsy, Cayé.
Detalle fisonómico.
Con paciencia infinita, el mensú abofeteado había buscado el modo de entrar en el obraje prohibido, confundido con la peonada cuyo trabajo se necesitaba urgentemente.
Corte al chalet. Beatriz, recostada a la ventana, indiferente a todo lo que se habla, divisa de pronto la jangada a través de los vidrios, que dobla a lo lejos una restinga de la costa. Sin conceder importancia:
—Allá viene una cosa por el río…
—¡Mi hija! ¡Por fin la jangada! ¡Vean, X, X! ¡Estamos salvados!
Corte a la jangada, donde Cayé, con los mismos bigotitos de siempre, sonríe a la venganza que siente próxima.
(Como el argumento hasta ahora bastante extendido y las acotaciones correspondientes alcanzan a dar idea del plan, en adelante se esbozará solamente la cinta).
Escenas de la llegada de la jangada. Los nuevos peones pasan por la comisaría a tomar su trabajo. Como lo suponía Cayé, la urgencia de trabajo lo hace pasar inadvertido. Acarreo vivo de vigas al puerto, y prosecución de las tareas de aprontar jangadas -los peones hundidos todo el día hasta los hombros en el agua, y tomando de vez en cuando un vaso de caña, única excepción a la ley seca del obraje. Escenas muy decorativas. Dos días después, reunión en el chalet con cualquier pretexto. Beatriz, inerte. Narciso le dice algo, que ella ni contesta. Idem su padre, con igual resultado. Alguna comicidad de Narciso. Elsy, que la mira largo:
—¿Pero qué tienes, mi hija? De un tiempo a esta parte no se te puede decir una palabra.
—¡Nada, papá! No tengo nada... (Pausa). (Se echa a llorar).
—¿Pero no pueden dejarme en paz? ¿Qué les hago yo?
Cayé ha solicitado para sus fines particulares ser acarreador de madera al puerto. Se entera del espíritu del obraje, y de la actuación de Orgaz. ¡Magnífico! No podía depararle nada mejor la suerte. Escenas semejantes a las anteriores entre los peones y Orgaz, pero Cayé quiere llevar a sangre y fuego las cosas. Resistencia de los mensú, por el atávico respeto al patrón blanco. Y qué venganza, cabal y total, si Cayé pudiera hacer meter fuego y machete por todo el obraje. El, particularmente, se ocuparía del patrón Elsy...
Uno de los muchachitos amigos de Orgaz espía y oye la cosa. Cruza el río a contarlo a Orgaz. Este titubea, tiene locas ganas de ir, pero resiste: tiene demasiadas amarguras de la otra orilla para poner los pies y encontrar a nadie de allá... ¿Todos son canallas? Muy bien; que se las arregle el patrón...
Advierte sin embargo al chico que en cualquier momento de gran inquietud, le avise.
Cayé entretanto ha encontrado un medio para abrasar a los mensú: la caña. Conserva aún relaciones con el mayordomo del vapor y le es fácil obtener caña en una parada del vapor. El mayordomo, a su vez, no ha de haber olvidado los insultos del obrajero.
Tal pasa. Una noche el vapor atraca a cargar leña. Cayé se insinúa a bordo, cruza guiñada con mayordomo, y el trato se hace. Diálogo: el mensú promete pagar las damajuanas con a y b, etc.
Para la hecatombe, Cayé cuenta con un desmonte vecino al chalet, que se acaba de concluir. Aprovechando un buen viento sur, el fuego barrerá el chalet, las vigas, etc. Ultima arenga: ante la resistencia aún, Cayé saca las damajuanas, la caña corre, y los mensú, uno por uno, resucitan agravios de mensú -pues por algo se castiga con la muerte la presencia de caña en los obrajes.
Cruce de escenas con la vida del chalet. Elsy anda dando una recorrida a caballo. Los peones ponen fuego al desmonte (saltan venados, enredaderas que revientan, etc.). Corridas machete en mano, diablos enloquecidos. Algunos peones, los jóvenes, se lanzan al chalet, con ojos concupiscentes. Cayé lo observa, pero eso no es asunto de él. Él corre a la picada, por donde se anuncia Elsy. Compadrea con él, resiste sus tiros, y lo baja al suelo de un rebencazo. Un cowboy se preocupa ante todo a quitar el revólver a su enemigo; un mensú, no. Tras el terrible golpe, Elsy vuelve en sí y atina, en el suelo aún, meter en el bolsillo el arma, casi sin darse cuenta de lo que hace. El mensú, con terrible frialdad:
—Levántate...
Elsy se incorpora, y también instintivamente lleva la mano al cinto.
Nuevo atroz rebencazo en la nuca:
—Camina... Yo te voy a enseñar ahora a sopapear a la gente...
Elsy camina tambaleando. Nueva caída, nuevo rebencazo:
—Camina…
Pero Elsy, congestionado de dolor, humillación e ira, recuerda que aún conserva una bala en el revólver. Aprovecha una nueva caída para sacarlo, y al incorporarse envía una bala al mensú. Este cae pero Elsy se tambalea de congestión y sangre. El mensú logra incorporarse y hunde su machete en el patrón. (Escenas y fisonomía del caso. Debe darse la impresión neta de que uno y otro quedan muertos).
Asalto del chalet, barricada. Juego de machetes destrozando puertas, bajo nubes de humo. Juego de fisonomía de Beatriz, que teme ver a Orgaz borracho al saltar la puerta, para violarla. Da la coincidencia que un mensú viste el mismo color habitual de Orgaz, y al entrar los mensú Beatriz recibe un golpe que la desmaya y la hace sangrar; pero en el momento de desmayarse ve turbiamente a un mensú que avanza libidinoso hacia ella, vestido como Orgaz. Dentro del chalet estaba también el viejo peón de confianza. Al saltar la puerta, quiere arrancar de allí a Beatriz para ocultarla en cualquier lado, pero ella resiste, como hipnotizada de horror ante la prevista presencia de Orgaz apareciendo en la puerta. Narciso se prende del peón, y este lo arrastra por cualquier puerta de escape hasta la playa, donde lo oculta bajo la carpa de la jangada.
(Naturalmente, cortes sucesivos). Inmediatamente tras la visión de Beatriz al ser cogida por el peón, corte a Orgaz, sentado melancólico en la playa. De pronto nota algo raro: qué humo será ese. Parece un rozado... Y de pronto se da cuenta de todo: los peones enloquecidos. El chalet asaltado.
Busca desesperado una embarcación; va a lanzarse corriendo aguas arriba, para poder cruzar a nado (nada algo), cuando divisa la canoa del muchacho. El chico lo entera; Orgaz rema como un loco.
Entretanto, ante el asalto consumado, y ya disipado el alcohol, en los mensú se levanta terrible el pavor al patrón. Corren a la playa y se apoderan de las embarcaciones, reman hacia la orilla opuesta, a favor de la corriente.
Los mensú, como los animales aterrorizados del monte, van a dar fatalmente al agua.
Por las picadas, Cayé con las manos en el vientre se arrastra hacia el Paraná. Llega a la playa cuando las canoas y guabirobas con los prófugos están en medio del río. Logra arrastrarse hasta la jangada, donde boquea contra una viga.
Pero el peón libidinoso llega también a la playa con Beatriz, siempre desmayada, y no le queda más recurso que trepar también a la jangada con su presa, y cortar las amarras para irse a la deriva.
Cuando Orgaz va a llegar al obraje, divisa la jangada que, arrastrada por la corriente, lame allí la costa. Atraca en tierra, corre por la playa y se lanza a nado al cruce de la jangada. El peón no lo ha visto. Cuando lo ve, Orgaz se alza ya chorreando agua. Lucha. El peón va a dar al agua, muerto. Orgaz corre a Beatriz, la alza en brazos, y en ese momento ella vuelve en sí: se halla siempre en brazos del asaltante: igual ropa y la misma herida en la sien, de la que chorrea sangre. (En la escena última, Orgaz recibe en efecto una herida en esa región. De ahí la certeza de Beatriz de que Orgaz es el bandido del caso). Orgaz se constituye en jefe de la jangada. Bajo la carpa, instala a Cayé malherido y a Beatriz, que ha tornado a desmayarse ante la visión anterior. Se trata de seguir aguas abajo por un tiempo prudencial, pues es imposible quedar en el obraje, y menos bajar a tierra, donde todos morirían de hambre, por más animales ocultos que guarde el monte. Pero por razones perentorias hay que evitar a toda costa el encuentro con vapor alguno. No entra en los planes de Orgaz entregar sus compañeros a las balas de los Winchester. En cuanto a él, no es para el caso más que un simple mensú asaltador de obrajes. Por lo que respecta a Beatriz, no peligra a su lado.
(Antes, diálogo de Orgaz con Cayé en que este lo entera de lo que ha pasado con el patrón).
Ante las preguntas desesperadas de la hija, Orgaz no quiere responder ni mentir, y Beatriz se aparta con horror y se dirige al peón fiel. Este, que ya esboza un gesto de puntazo explicativo al vientre, se contiene ante las señas de Orgaz. Este responde entonces de la vida de Elsy, asegurando que no se encontró con los peones, etc. (A estudiar este diálogo). Beatriz se tranquiliza por este lado, y acepta las explicaciones de la situación que le da Narciso, a quien ha conminado Orgaz para que diga a Beatriz lo que él quiere que se diga.
Pero la chica, segura ya de que no volverá a caer en las garras de Orgaz, mide a este de arriba abajo:
—¡Por fin se ha desenmascarado usted! ¡Ahora me doy por fin cuenta de lo que es usted!
—Se equivoca.
—Cállese, miserable ¡se disfraza de peón para llevar el deshonor y la muerte adonde quiera que vaya!
Protestas aún de Orgaz; creciente desprecio de ella. Al fin Orgaz, ante el término peón con que ella lo ultraja:
—¡Sí, soy un peón! ¡Esta vez no se equivoca! ¡Uno de los tantos que usted y su padre han embrutecido y pisoteado en el obraje! ¿Qué sabe usted lo que es un mensú? ¿Qué significado tiene para usted la vida de un miserable hombre que trabaja y se enloquece un día? ¿Quién es usted, para mirar de lo alto un drama de miseria y sangre?
Explicación luego de lo que él quiere: obediencia absoluta, porque él tiene una responsabilidad superior a lo que ella alcanzará nunca a comprender. Al fin, ella:
—Una sola palabra: ¿soy libre... aquí?
—Es usted libre... mientras no recuerde la posición suya hasta el día anterior...
Escenas surtidas sobre la organización de la vida en la jangada, que deriva, cerca a veces de la costa, con los efectos del caso. Llega la noche. El peón viajero obedece ciego y fija los ojos con bestial confianza en Orgaz. No entiende gran cosa de todo lo que pasa, pero no aparta los ojos de los ojos y la boca de Orgaz cuando habla. (Tipo de efecto). Prohibición de luces, silencio, etc., pues en esa época remonta un vapor. Beatriz bajo la ramada. Llama un momento a Narciso para sentirse menos sola. Diálogo, que frustra el ridículo tipo, por ir este más lejos en la apreciación del mensú pirata de lo que Beatriz quiere. Lo echa y queda sola. Entra Orgaz a curar y cuidar a Cayé, con detalles de calma y grave hombría que llegan a Beatriz sin que ella lo quiera. Diálogos de Orgaz y Cayé, con disculpas tardías de este, sin que Orgaz le haga sentir las respectivas posiciones ahora y siempre -lo que adivina ahora Cayé. Inquietud de pronto: Se han oído las ruedas de un vapor. Agitación, orden de silencio, etc. Narciso, que está adentro, se enloquece de pronto y corre al borde de la jangada pidiendo socorro. Orgaz cae sobre él violentamente. Beatriz lo siente, y se rebela. Corre a su vez afuera y grita desafiando a Orgaz. Orgaz, lívido (se trata de la vida de todos) y ante la protección de Beatriz que protege a Narciso; saca el revólver:
—¡Al primero que abra la boca para gritar, le vuelo la cabeza de un balazo! ¡Abajo todos!
Titubeo.
—¡Sírvase guardar las distancias!... ¡Yo no estoy bajo sus órdenes!
—Esté o no, aquí se hace solamente lo que mando yo. ¡Abajo he dicho!
Beatriz lo mide, se yergue y lanza otro grito con las manos en la boca, pidiendo socorro. Antes que concluya, Orgaz salta sobre ella, la coge violentamente del brazo y la hunde en el piso:
—¿Pero no me oye? ¿Quiere usted a toda costa hacerme olvidar de que es una mujer?...
Beatriz se toma la muñeca estrujada (detalles de escena) y fuera de sí, incorporándose:
—¡Cobarde! ¡Cobarde!... (pero se desploma sollozando sobre una viga).
Orgaz, más dolorido que ella por lo que se ha visto obligado a hacer:
—No tiene usted tino para emplear en este momento esa palabra.
Ella permanece aún sollozando, y él se acerca. Ella, incorporándose desesperada:
—¡No me toque!... ¡Cobarde! ¡Prefiero morir a sufrir su contacto, canalla!
Ante la expresión de él:
—¡Sí, cobarde, cobarde y cobarde! ¡Pegúeme ahora, miserable! ¡Y usted puede hacerlo, porque no es más que un cobarde!
(Pausa; estudio de expresión en detalle). Orgaz, amargo y sordo:
—Hace un rato podía haberlo hecho... Ahora no hay ningún motivo... (Puede haber una variante, por la cual desde el vapor han oído los gritos, y se sienten los remos de una chalana destacada del vapor. Orgaz ha gritado antes de acercarse la chalana que es tal jangada, de tal y tal, que el encargado duerme, etc. Beatriz puede haber oído todo desde su ramada, dispuesta a decir la verdad, pero sin decidirse, contra todos sus deseos y su vergüenza de proceder así, en complicidad con un miserable pirata. Esto, naturalmente, al final de las escenas de violencia anteriores, etc.).
Beatriz vuelve a refugiarse en la carpa. La sigue al rato Orgaz. El herido, que ha oído todo, temblando de miedo:
—Por tu madre te lo pido, caray Orgaz. No me entregue. Me van a bandear el cuerpo.
Orgaz, arreglándole las vendas:
—No te voy a entregar...
Cayé mira y mira a Orgaz, y una nueva luz se va haciendo en su alma. Cuando Orgaz sale, lo llama de nuevo. Con los ojos húmedos:
—¡Que había sido hombre, usted, che amigo!
Beatriz lo ha oído todo. Tampoco ella cree ahora que Orgaz es lo que parece; pero cree siempre que es un agitador y el culpable de todo.
Pasa la noche. No hay alimentos ni medio de pescar. Escenas ridículas de Narciso con hambre, protestas, etc. La madrugada siguiente la jangada embica en una restinga y se detiene. Consultas. Se decide construir una jangadilla (hecha de veinte o treinta tacuaras mal atadas, pero suficientes para soportar a cuatro hombres. Lo malo es que las tacuaras suelen estar agujereadas por insectos, de modo que a las horas o los días de viaje, comienzan a sumergirse).
Se construye la jangadilla, pues quedarse allí es morir de hambre. Escenas muy decorativas del caso. Desde la madrugada Beatriz está sentada afuera, insensible a todo, el ceño contraído y la vista fija en el sur. A mediodía se acerca Orgaz:
—Usted me dijo que yo era libre… y me voy. Cumplo con el deber... (amarga) puesto que las circunstancias hacen que usted represente al Deber aquí, de advertírselo...
—Puede usted irse; es libre. Pero antes de la madrugada estará usted de vuelta.
Ella, erguida:
—¿Quién me va a forzar a volver?...
—Nadie... Váyase usted.
Narciso está ocupado, con gran entusiasmo inútil en ayudar a la construcción. Beatriz salta a tierra, se interna; pero no sabe lo que es avanzar sola por entre el monte. Durante una hora tropieza, cae, se hace jirones, se lastima. Cae la noche; terror. Vuelve a la jangada, con la expresión humillada y agriada del caso. Orgaz simula ni verla siquiera. Pero a ella no le satisface eso, y va a él:
—Ya volví... Supongo que usted estará satisfecho.
—No lo estoy por lo que usted cree, sino porque comienza usted a vivir.
(Narciso puede haber notado la ausencia de Beatriz, con las escenas del caso). (Se debe insistir en el primer día de jangada y en esa mañana, algunas escenas de nobleza de Orgaz con cualquier motivo, para contrarrestar la impresión del público por los actos de extremado carácter de aquel, y a fin de que Beatriz los observe sin quererlo ella misma).
La jangadilla se pone en marcha, a media noche. Apenas sostiene a los viajeros. Los hombres pisando agua, y unos cuantos palos para Beatriz. Al rayar el día, los viajeros tienen el agua a la rodilla. (Si se pesca un día de tormenta, mejor). Los sacudones o la premura para fabricar la jangadilla aflojan las tacuaras. Escenas nutridas de la inquietud y luego desesperación de los viajeros. Llega un momento en que apenas hacen pie. Beatriz, domada de miedo, se abraza a Orgaz. La corriente se mantiene inexorable en la canal. El peón viejo y fiel (haber acentuado la debilidad del peón antes), pierde las fuerzas. Tarea heroica de Orgaz para contener la desesperación de Narciso, proteger a Beatriz, sostener en lo alto a Cayé, etc. Al fin, isla y banco de arena a la vista. Allá va la corriente. Pueden darse por salvados. Beatriz solloza entonces sin saber lo que le pasa, bien recostada en el hombro de Orgaz. Pero el herido se le escapa en la corriente, cuando ya van a pisar el banco. Orgaz titubea entre seguir protegiendo a Beatriz o lanzarse tras Cayé. Opta por lo primero. Beatriz, romántica y heroica con su hombre, ha seguido con inquietud su titubeo. Tal vez hubiera preferido verlo naturalmente a Orgaz tras el peón. Todo es rápido, sin embargo. Deshecho de fuerzas, extenuado por la lucha de veinte horas, apenas ha puesto Orgaz en salvo a Beatriz, se lanza a la corriente tras Cayé. Peripecias, casi ahogo doble (tal vez complicación con otro peligro: raya, remolino) (esto sería lo ideal, por el aspecto de tales remolinos de un metro de hondura). Juego fisonómico de Beatriz. Orgaz vuelve al fin con el peón, pero cae. Ambos desmayados. Profunda inquietud de Beatriz, va de uno a otro, desesperada. Orgaz vuelve en sí, pero está totalmente extenuado. Muerto de sed, a pesar de haber bebido bastante en el último episodio; fiebre. Beatriz corre a traerle agua en las manos. El herido vuelve a su vez en sí. Ternura profunda de Beatriz al ver el cariño del viejo peón por Orgaz, que ha dado casi su vida por salvar a un simple malhechor que está casi moribundo. Arrastran a Orgaz bajo un arbusto. La fiebre aumenta, delirio.
(El autor conoce palmo por palmo el banco de arena y la isla adyacente en que se desarrollan las últimas escenas).
Recorridas del banco y la isla en busca de algo que comer, secado de ropas, etc. Aflicción profunda de todos por Orgaz. El viejo peón, en particular, con el efecto romántico del caso para Beatriz. Esta no quiere apartarse de su lado. Contiene su delirio, le pasa la mano por la frente, se arranca un pedazo de pollera para poner paños en la frente al enfermo, etc. La ropa de los individuos es de perfectos náufragos.
De noche, angustias de hambre, que Beatriz sofoca. Orgaz, peor. Fiebre de muerte. Peón viejo dice a Beatriz que él conoce un yuyo para la fiebre, etc. Beatriz corre con el hombre a buscar por la isla, atraviesan el angosto canal, se espinan, en vano. Noche dura. Al día siguiente, Orgaz recupera el sentido. Lo primero que ven sus ojos es a Beatriz que lo sostiene en brazos, muerta de ansiosa zozobra. Orgaz está a salvo; pero con la situación de nuevo normal, torna Beatriz a retraerse. En diversas escenas simulan ambos naturalidad.
Ambos ahora procuran salvar a Cayé, con cuidados que Beatriz disputa a Orgaz.
Por temor a ver defraudadas sus últimas esperanzas de inocencia de Orgaz en el asunto obraje, Beatriz no ha querido informarse en lo más mínimo de lo sucedido, preguntándoselo al viejo peón. Ella cree, por lo demás, que su padre debería estar en la correría del interior del obraje, fuera del alcance de los peones.
Dos días más pasan. Situación de náufragos, en ropa, hambre, quehaceres, etc. Miradas constantes al río. Por fin aguas arriba se ve el humo de un vapor. Gritos, llantos desesperados de emoción, descarga de nervios y quién sabe qué más, de parte de Beatriz.
Señales. El vapor llega: es el mismo que remontó días atrás y que, enterado del asalto en el lugar mismo de la acción, ha virado aguas abajo en persecución de los prófugos. Viene comisario, etc.
Nada de bueno espera a aquellos, y Orgaz lo sabe. También sabe Beatriz que la vida de Orgaz está en el tapete. Estudio fisonómico. Diálogo de Orgaz con Cayé, que pide lo oculten en la isla. Aún curándolo todavía, Orgaz dice que no: le evitó una vez caer en manos de gentes irregulares. Ahora el caso es distinto. Diálogo de efecto aquí, pues él dará la piedra final de toque para apreciar y hacer más simpática la figura de Orgaz, a efectos del público conservador:
—¡Líbrame, che amigo! ¡Por segunda vez te lo pido!
—No.
—¡Haceme bandear a la isla! (Pausa) ¡Me libraste una vez, para entregarme ahora!
—Es distinto. Pero antes no comprendías lo que habías hecho. Ahora es necesario que pagues tu culpa.
Escenas, etc. Pero la lancha destacada del vapor se acerca ya. Orgaz y Beatriz, juntos y mudos ambos, el ceño contraído vuelto al río. Orgaz:
—Ya se acercan... Debemos separarnos.
(Pausa). Beatriz, sin mirarlo, sufriendo lo que se comprende por no poder amar claramente:
—¿Y usted?
—Yo corro mi destino como cualquier otro... (pausa) ¿Sentirá usted luego recordar estos días que hemos pasado juntos?
Ella, atormentada y sin mirarlo siempre, después de largo rato:
—¡No sé!... (rápida): ¡No me pregunte más!... (llevándose las manos a la cara): ¡Quisiera haber muerto mil veces, antes de... haber hecho este viaje!
Orgaz, sin querer forzar la situación:
—Ya están aquí, de todos modos... (A ella, como hablando consigo mismo):
—Y de todos modos, ha visto usted cosas que no sospechaba...
Ella, dolorida hasta el fondo del alma, con amargo gesto, pues en eso que no se sospecha, deja su alma entera:
—¡Oh, sí!...
Se vuelve brusca y le tiende la mano; sin mirarlo:
—Adiós...
—Adiós...
Les cuesta soltar la mano. Pero apenas llegan los individuos Beatriz se entera de que su padre está a bordo, convaleciente de la herida, etc. Corre a bordo. En la playa, Comisario, capitán y marineros se apoderan de Orgaz, Cayé y el peón. Compadradas del caso de Comisario, sobre todo con Orgaz. Este deja llover nomás. En el camarote (o en el salón del vapor) idilio de hija y padre. Beatriz ve pasar presos a Orgaz y los otros. Angustia, que el padre desborda informándola de que no queda sino cuatro tiros para esos bandidos, etc. Diálogo vivo, con cortes a Orgaz arrollado con esposas y evocación de pantalla de la escena de la picada, etc. Beatriz, explotando al fin:
—¡No! ¡Papá! ¡Orgaz! ¡No quiero que lo maten! ¡El no hizo nada! ¡Papá, lo van a matar!!
—...
—¡Y no me importa! ¡Todos son más criminales que él! ¡Yo lo he visto, papá! ¡Orgaz, Orgaz!
—¡Miserable! ¿Es posible que estés enamorada de un mensú?
—Y bien, ¡sí! ¡Lo amo, porque lo he visto! ¡Porque es un hombre! ¡Lo amo! ¿oyes? ¡Y lo quiero con toda el alma!
Etc., etc. Se hace subir a Orgaz al salón, maniatado, con algún golpe o reguero de sangre; para el caso. Le hacen preguntas, que él responde con calma, y sin parecer notar la presencia de Beatriz. Ella sofoca su desesperación delante de todos. Diálogos de acusación por lo pasado, que Orgaz restablece en su verdad, sin acusación de nadie.
—¿Pero has visto eso? ¿Quién responde de lo que decís?
—Mi palabra.
—¿Tu palabra, canalla?... ¿Nada más que tu palabra podés dar en descargo de tu crimen?
Orgaz no responde.
—Bueno; ya estás bajando, canalla, a recibir cuatro tiros...
Momento de pausa; cuadro de actitudes y detalles de expresión. Beatriz siente que el mundo se desploma. Orgaz, con sutil calma:
—Es posible, sin embargo, que este papel me libre... (por el momento)... de los cuatro tiros...
Tableau. De cualquier matecito o vehículo de color local, Orgaz saca un papel que tiende mudo al Comisario. Este lee:
Ministerio de Obras Públicas - Por la presente, se pide a las autoridades de la Nación que presten los servicios de cualquier carácter que solicitare, al ingeniero Julio Orgaz, en misión reservada del M. D. O. P.
Mayor cuadro aún. Estupefacción; grito de Beatriz que se lanza a sollozar de dicha contra el cuello de su padre. Escenas finales, etc. No hay beso aún.
(Puede hacerse una breve escena en Buenos Aires, entre el ministro y Orgaz, quien entera de la cosa al otro. Muy breve esto, y solo para satisfacción de algún público).
La última escena figura a bordo, con Beatriz y Orgaz en la borda. Solo que ahora Orgaz va en traje muy urbano, e irreprochablemente vestido, para goce romántico. Diálogo. Están llegando al obraje de Elsy. Algún paisaje magnífico, de fondo de los dichos novios. Remontan de nuevo el Paraná, que poco tiempo atrás bajaron en qué terribles condiciones.
Escenas de ternura y su tanto de melancolía ante un punto de vista que ambos recuerdan cuando bajaban. ¡Cómo sufrían entonces!
Llega Elsy, contento. Ya van a atracar al puerto. Diálogo, donde se habla de que Orgaz va a dirigir ahora el obraje. Con el conocimiento que él tiene ahora de los peones -Orgaz es o fue uno de ellos- las cosas marcharán. ¿Simpatías entre los mensú?... Al parar el vapor la peonada, que se ha visto mover en la playa, reconoce a Orgaz, y saluda a su viejo hermano y nuevo patrón con grandes aclamaciones de alegría. Orgaz y Beatriz se apartan un instante.
Orgaz, señalando:
—Es aquí donde hacemos falta... y ahora te tengo a ti.
¿Compañeros de lucha? Sin duda; ¡siempre unidos! ¿Y amor no? Esto antes que todo! Beso final, con fondo de alegría en el obraje a través de los pasadizos del vapor.
