La Novela Trunca De Un Espíritu

Horacio Quiroga


Artículo


El espíritu del insigne novelista Joseph Conrad, fallecido hace unos cuantos años, se ha comunicado con el no menos insigne narrador Arthur Conan Doyle. En su comunicación solicita del colega que termine una novela que está escribiendo, y que por motivos aún ignorados no podrá concluir.

Sucintamente, como acabamos de transcribirlo, esto es lo que nos informa un telegrama de Londres.

Nada nos dice el telegrama sobre la clase de comunicación entre el espíritu del novelista muerto y el alma del novelista vivo. Ignoramos si la comunicación ha sido directa o con el auxilio de un médium. Tampoco se aclara debidamente si la novela de referencia fue comenzada en vida de Conrad, o si es su espíritu quien ha comenzado la pesada tarea de escribirla desde el más allá.

¿Desde dónde? ¿Cómo? ¿Con qué asunto, qué personajes y qué carácter de letra misma?

De esto, que es, si no lo único, lo más interesante para nosotros, nada nos dice el telegrama. Arthur Conan Doyle, novelista y espiritista de profesión, es desde tiempo atrás asiduo a las sesiones espiritistas. Ha escrito bastante al respecto. Ha obtenido comunicaciones numerosas, entre ellas las de su propia hija. Abriga ciega fe en los fenómenos espirituales, y tiene, por tanto, la más absoluta convicción de que la comunicación recibida a su favor, a través de un posible medium, pertenece real y efectivamente a su colega Joseph Conrad, fallecido hace algunos años, y que se dirige a él desde el más allá.

Este "más allá", tan próximo, sin embargo, a nosotros, que se halla en el ambiente mismo en que nos agitamos nosotros —aunque invisible— ha inquietado a hombres más jóvenes que Conan Doyle, y menos suspectos, por tanto, de debilidad mental; a seres de imaginación menos viva que la suya, y de ahí menos expuestos a extraviarse en la niebla de la ilusión y la alucinación; a espíritus más científicos que el suyo, admitiendo que los serios estudios anatómicos del novelista hayan dejado en su intelecto poca huella. No son uno, sino legión los hombres de gran equilibrio mental aficionados al turbador problema del más allá. Desde hace medio siglo, una sociedad de investigaciones psíquicas busca, examina y controla con austera honestidad los más insignificantes fenómenos anímicos y espiritistas. No seríamos nosotros, pues, los llamados a sonreírnos de la buena fe y la mentalidad de hombres muy superiores a la gran mayoría de los mortales.

Un aspecto particular de este gran problema, y sin precedentes hasta hoy, a lo que creemos, es el que suscita nuestra viva atención. Él es el hecho de que un desencarnado, un espíritu puro y flotante en la bruma de lo intangible e invisible, se haya puesto a escribir una novela.

¡Una novela! Si algo existe de terrenal en punto a factura, gustos, preocupaciones y pequeñeces de la vida, es una novela.

¿Qué clase de malestares de este bajo mundo, qué "dépaysement" sufre el espíritu de Conrad en el más allá, cuando en vez de ser absorbido en la augusta inconsciencia del Gran Todo, se siente aún manchado, corpóreo, imperfecto, disgustado, orgulloso y humano, al punto de proseguir analizando e inventando, en un medio ambiente donde nada hay que inventar?

La palabra de Conan Doyle aclarará muy pronto este problema. Conrad transmitirá, sin duda, los originales de su novela trunca a su colega, y éste la proseguirá desde el punto en que Conrad la interrumpió.

¿Suspendió el espíritu del autor su novela por cansancio de su obra? ¿Se vió obligado a interrumpirla? Y si así pasó, ¿por qué y por quién?

Son muchas preguntas para nosotros. Pero escrita a medias la novela en este mundo por Conrad, o comenzada en el otro por su espíritu, hemos de leerla un día continuada por Conan Doyle. Y comprobaremos entonces una vez más, en el primer caso, la gran decadencia literaria de Arthur Conan Doyle, y en el segundo aprenderemos, por los imprevistos personajes de Joseph Conrad, la psicología moral y amorosa de las gentes del más allá.

Por todo esto se explica la curiosidad que ha despertado esta noticia extraordinaria, no sólo en los círculos consagrados al espiritismo, sino también en los literarios, donde está siendo comentada de las más diversas maneras.


Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.
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