Desquiciaron las lluvias el bejuco
Del cenador antiguo; y el madroño
Echaba altamente su retoño
En la penumbra del jardín caduco.
Anudábanse en flores de sampsuco
Como un ramo las cintas de su mono,
Mientras ardían en el Sol de Otoño
Las pasajeras fiebres del estuco.
Emanaban los céspedes su amarga
Humedad, Y en la noche de tu sarga
Deshojaron tus fúnebres aciertos
La exhausta longitud de mis posturas,
Como sangrientes rosas prematuras
Entre los labios de los niños muertos.
