Las Cintas En Serie

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


No escapa a nadie que el motivo de diluir en muchos actos un largo drama cinematográfico —como si dijéramos los capítulos de un folletín— es sencillamente asegurar un público sostenido, gracias al interés encadenado de dichas series. Pero he aquí que los complicados novelones del principio, casi siempre policiales, concluyeron por cansar: el público en general, cada vez más educado en sentimientos de arte, no se satisfacía más con intrigas e incidentes a cual más descabellado. Buscaba, en una palabra, la vida del drama y no su representación escueta. Las empresas cinematográficas lo comprendieron muy pronto, y el resultado ha sido el siguiente: que los desacreditados films en serie son, hoy por hoy, muy superiores a la gran mayoría de las cintas llamadas serias. ¿En qué reside esta superioridad? En lo que acabamos de anotar más arriba: en la vida de los personajes, de su carácter, de su acción. No importa que la cinta en serie sea pobre en intriga e incidentes; la cuestión es que tales incidentes estén rigurosamente desarrollados, aún excesivamente desarrollados.

Acechando, persiguiendo, devorando kilómetros a toda carrera durante un cuarto de hora o en el acto entero, el paisaje, los personajes y el drama cobran una vida que inútilmente buscaríamos en muchos estrenos retumbantes. Puede haber en dichas series exceso y repetición de movimientos, sin contar los gruesos efectos. Pero así y todo, se encuentra en ellas una cosa que se va perdiendo: la energía del tipo y de la acción. Añádase ahora la presencia de reales estrellas en las cintas en serie de hoy —tal Priscilla Dean, para no recordar sino a esta personalísima artista— y veremos cuán lejos estamos del principio.

El film en serie es un hallazgo cinematográfico, del que no se ha sacado todavía sino un mísero partido. En poder de un Dumas de la película —que no ha surgido aún— y de actores de primera, tal folletín cinematográfico abrazaría a la sala en un verdadero soplo épico de acción que, dicho sea entre paréntesis, se suele sentir ahora mismo en ciertos episodios.

Los Títulos de las Cintas. —Es poco común que la traducción española de los títulos se ajuste al texto inglés. Casi siempre el título español es más llamativo, más dramático, más anunciador, en fin. La causa la ignoramos; a no ser ella el convencimiento, en las casas del ramo, de que nuestro público necesita sal gruesa para que despierte su interés. Pero no siempre gana la traducción española en promesas melodramáticas. Véase, si no, unos cuantos títulos de cintas estrenadas el último mes y a estrenarse en estos días. Los primeros corresponden al texto inglés, los segundos a su traducción literal, y al título con que se nos ofrecen, los terceros.

Molly entangled. Molly enredada. En artículo de muerte —The protector. El protector. La convicta 777 —Don't change you husband. No cambie su marido. A los hombres —Pan. Pan. Los ojos de la inocencia —Hands up. Manos arriba. El pacto de tres —The long arm of Mannister. El largo brazo de Mannister. El moderno Montecristo —Dakota Dan. Daniel Dakota —El convertido.

Como se ve, predomina el elemento sentimental en los nuevos títulos: Los ojos de la inocencia, etc. No nos explicamos en cambio, ni aún desde el punto de vista cursi que nos atribuyen los traductores, el porqué de los tres últimos títulos españoles, siendo así que la versión literal del inglés es bastante más enérgica —y llamativa, por lo tanto.— Sería de desear un poco de discreción en todo esto, siquiera por el buen gusto.

El Drama Científico. —No sabemos a ciencia cierta qué nos ofrecerá la Paramount con su expedición al África Oriental, que ha confiado al doctor Vandenbergh, misionero y hombre de ciencia que lleva nueve años en Uganda.

En el escueto programa que llega a nuestras manos, se habla de films de etnología y antropología, en cooperación con el Museo norteamericano de Historia Natural. Pero no es fácil que una empresa de divulgación artística —como la Paramount y similares— no sueñe también con aprovechar el riquísimo material de las selvas africanas. El territorio de Uganda, sabido es, es la más poderosa reserva de animales salvajes con que cuenta hoy el África europea. Podremos tener, pues, el film de divulgación de historia natural, cuya necesidad se vuelve urgente, si recordamos las muy malas ilustraciones de los libros de texto. Ver pasar delante de nuestros ojos una cinta estrictamente científica, es ya algo muy superior a la lectura del mismo fenómeno, que hemos visto animarse en la pantalla. Pero si esos mismos fenómenos —vida palpitante de historia natural— están ingeniosamente incluídos en una cinta de arte, habremos conseguido, sobre todo para los chicos, un desiderátum en pedagogía: instruir de paso, sin solicitar ferozmente la atención sobre un punto.

Esperemos, pues, la labor de dos años de la Paramount.


Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.
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