Las Cintas Nacionales: La Vuelta Al Pago

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


La Vuelta al Pago. Mundial Film. —Un nuevo film nacional, que marca sobre sus predecesores evidentes progresos: mayor movimiento en el drama, mejor dirección, y, sobre todo, mejor comprensión por parte de los intérpretes de lo que es el juego fisonómico en el film. Pedir más, sería imposible en una tan nueva cosa como es nuestra cinematografía, con máquinas deficientes (extraordinariamente deficientes), operadores noveles, directores de escena improvisados y actores más improvisados todavía. Tan es así, que todos: autores del drama, operadores, directores e intérpretes, unen y dirigen sus esfuerzos a un solo fin: hacer una cinta de cowboys. Sin insistir en los detalles incontables que lo demuestran, aún para los menos frecuentadores de cine, cae de su peso que los buenos films de cow-boys agradan, por ser la expresión fiel de un rasgo de la vida norteamericana; fidelidad que va desde el paisaje al ambiente total, a través de tipos, trajes y costumbres. Tienen carácter propio, en una palabra. Pero si nos empeñamos en que nuestros paisanos vistan de cowboys, masquen cigarros de hoja como ellos, usen como ellos winchester y compadreen como ellos, no habremos hecho sino una muy pobre parodia de un género que agrada —no nos cansaremos de decirlo— porque, fuera del aspecto pintoresco, es la expresión fiel de un ambiente particular. Cuando abordemos directa y francamente lo que es nuestro, sin desfigurarlo ni disfrazarlo de Far-West, habremos hallado por fin el camino tan difícil de encontrar, y que, sin embargo, está a mano. Entretanto, anotamos con gran satisfacción el último estreno. 

El Cine y Las Artes Plásticas. —Bernard Shaw, escéptico por excelencia, no deja de pagar tributo al cinematógrafo, y desde un punto de vista tan exacto como nuevo.

El cine —escribe el gran dramaturgo— nos instruye desde que el tic-tac de la linterna de proyección se hace oír; ya sea que nos muestre lo que es la barrera de hielo del Polo Sur, o que nos vuelva estúpidos y sentimentales viendo historietas, nos instruye todo el tiempo; y cuando se nos enseña divirtiéndonos, se nos enseña mucho más que si se nos muestra brutalmente las costumbres de las langostas de mar.

No podría indicar el modo de servirnos del poder educativo del cine, porque nadie sabe lo que es menester enseñar; lo que es menester enseñar a Juan, no es lo que es menester enseñar a Pedro.

Por el momento, el mejor uso, la reforma que se impone, es la reforma de las escuelas de arte con sus clases estudiando modelos vivos inhumanos; que toman una posición de petrificación simulada y de paralítico. Nuestros estudiantes son durante años esclavos de esta enseñanza abominable, que los priva finalmente de su capacidad de ver la cosa en acción. El cinematógrafo tiene la ventaja, no solamente de mostrar el movimiento de una cosa, sino la de detener una acción en cualquier momento; y de aquí que permita ver un rostro en otros momentos que en aquellos en que es gracioso y expresivo.

Las Desengañadas. —Norma Talmadge huyó un día de un garden-party, donde era observada con gran curiosidad. Y cuando le preguntaron el motivo, respondió: —"Porque sufrirán un desencanto".

Voilà. La fresca personita dio con su respuesta pruebas de un olfato psicológico, que no es habitual en las constelaciones del cielo cinematográfico.

Durante el transcurso de una cinta —ha pensado Norma— las actrices aparecemos siempre mejor de lo que somos en realidad. No importa que perdamos la frescura de la piel, el oro de los cabellos, el sonrosado de las mejillas y el punzó de los labios. Todo esto queda compensado con la suavidad de terciopelo que la máquina da a nuestros rostros, bien preparados con las cremas.

Agreguemos a esto los recursos del cine para sostener por minutos enteros una actitud, una sonrisa que nos favorecen extraordinariamente, y que van directamente, como a un blanco, a temblar en el corazón de nuestros admiradores. Así, Anita Stewart se ofrece, cuántas veces puede, a tres cuartos de perfil, y la máquina baja; Lilian Gish y Miriam Cooper, de frente y la expresión soñadora; Dorothy Phillips, de perfil y en fuerte aumento; Mary Pickford, sonriendo. Yo misma, tengo debilidad por el perfil...


Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.
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