Cuento doméstico
Un hombre de familia apocado sabe de la infinita crueldad de los niños y, sobre todo, de las niñas.

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─¡No, es mío! ─grita triunfal.
En estos dos lances, sobre todo, es preciso ver a las mujercitas.
Otro ejemplo. El nene está en cama, indispuesto, y su hermanita, recorriendo gozosa la pieza de un lado al otro, no se cansa de repetir:
─El nene no se va a levantar, ¿no, mamá?
Presenta otro aspecto. Esta vez es la nena quien recibe en su sombrerito un moño nuevo. Para que el moño ese sea un adorno de real mérito, es indispensable que el nene continúe con su moño viejo:
─El nene no tiene, ¿verdad, mamá?
Podría ser esto inacabable. Pero de esas personitas no he querido sino recordar el profundo egoísmo, de una profundidad tan clara, ingenua y espantosa, como no se la volverá a hallar jamás en la edad viril. Estoy a mi vez convencido de que los chicos, desprovistos de sus bucles, su gracia y encantos de pequeños monos hermosos y entretenidos, no valen absolutamente nada, y que, por contra, el hombre de moral más desgraciada conserva un exceso de bondad y altruismo comparado con esas bestezuelas divertidas que encarnan a un grado exasperado de egoísmo brutal, sin compasión de ninguna especie, inherente a su condición de cachorros que defienden una vida todavía vacilante, y que son, como todo éstos, el canto de sus madres. ¡Pero, indudablemente! ¡Los quiero mucho! Solamente que yo, en mis hijos, quiero al futuro hombre, y ustedes, las madres, al monito entretenido del momento. Sí, éste es el fuerte de las madres. Está admitido y probado que las criaturas tienen un famoso olfato psicológico y que confiándose a éste, de voz ruda y ademanes bruscos, retiran los brazos de la dama almibarada que se derrite en zalamerías. Es su defensa de cachorros aún prehistóricos, tan vital como sus desesperante cautela para probar un plato nuevo. Sin esto, pocos llegarían al año. Pero se equivocan... Sí, casi nunca, lo sé también. Mas cuando lo hacen, pueden echar abajo todo un edificio de vanidad levantado por los padres. Oiga esto, de lo cual he sido forzoso protagonista.
3 págs. / 6 minutos.
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Publicado el 29 de enero de 2026 por Edu Robsy.
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