Ha contado… Su señora tiene el pulmón débil, y le viene de familia…
D - Bustos únicamente. Cambio de palabras. Padre asiente lento con cabeza, como siguiendo afirmaciones de médico. Médico dice:
Sí, es eso… La pobre criatura está pagando esa triste herencia… Pero no se desconsuele… son ustedes jóvenes todavía…
Le pone la mano en el hombro, consolándolo; triste sonrisa del padre. Médico se va. Al darle la mano el otro, le pregunta, indicándole con el ademán, si la criatura recobrará las facultades. Pausa. Médico niega lento y descorazonado con la cabeza. Contracción del padre. Médico se va.
Conjunto. Médico se va. Padre queda de pie mirando a sus pies; enciende un cigarro sin dejar de mirar/fumar un instante, mira lento para atrás, sacude brusco la cabeza, tira cigarro y entra en dormitorio.
Punto por punto se realizó la profecía del médico: la pobre criatura recobró el movimiento, la vida física… pero nada más, quedó completamente idiota, y cuando la pobre madre mecía desesperada en sus rodillas, era aquel miserable resto de lo que había sido un día la gloria de su joven amor.
D - Berta con la criatura en las rodillas. La mueve, conteniendo el llanto, le levanta la cabeza, la mira de cerca. No puede más, y echa atrás la cabeza entre las manos, sollozando.
Pero Berta y Mazz Larreta se amaban demasiado para no tratar de rescatar su pobre amor dolorido, y dos años después un nuevo hijo nacía, un encanto de dicha… pero a los 15 meses se repetía, con iguales consecuencias, el ataque cerebral del primogénito…
Berta con chico en faldas y la cara entre las manos. A su izquierda, el médico de pie, la mira inmóvil. A la derecha, Larreta sentado con una rodilla entre las manos mira adelante, rostro contraído y amargado. (Pausa) Padre alza lento la cabeza y cambia larga mirada con médico; este sacude la cabeza, expresando que no hay esperanza. Padre contesta con gesto afirmativo, como diciendo que ya se lo esperaba de su poca suerte. (Si posible, en un rincón del fondo oscuro, visión rostro de chico idiota, tras la cual Berta tiene un sacudimiento y tiende desesperada los brazos a su marido (se tira sobre él), sollozando sobre las rodillas de Larreta.
No hay sin embargo desesperanza, por fúnebre que sea, que resista a un gran amor:
Y punto por punto el desastre se repitió en un nuevo hijo, como si-
