Uno solo, en realidad, ha llenado el cartel: La venganza de Jefferson, de Hart. El solo anuncio de una cinta de este actor es un acontecimiento cinematográfico. Bien lo merece Hart, pues excelente o mediano —difícilmente malo— un film suyo tiene el mérito de poner ante nuestros ojos algo de que ya vamos perdiendo memoria en el cine: un hombre, total y cabal.
Ignoramos qué idea tenía Diógenes del hombre, cuando lo buscaba con una linterna; pero con seguridad no es un lindo jovencito de ojos pintados, cuello pintado, boca pintada, y retocado y disimulado lo que ha sido eternamente característico del hombre: el tipo viril.
Hart pasa los límites de lo aceptablemente feo, aún en un varón. Ni su figura ni sus modales tienen nada de seductor. Es franco y sinceramente tosco. Es tímido con las mujeres, pues se reconoce incivil, rudo y feo. ¿Cómo, pues, y por qué las mismas mujeres se sienten tan felices ante la figura de Hart? Porque ese hombre desaliñado encarna con vigor extraordinario la energía, la voluntad y el carácter, hondas características del corazón viril, y que no es común hallar tras una boca pintada de héroe elegante. Ese rudo varón encierra, en su áspera corteza, profunda ternura. Es éste el aspecto romántico de su personalidad, y la causa de la seducción que ejerce. Seducción de alma, de inteligencia, de carácter, de lo que se quiera; pero no — ¡Dios nos guarde! — de cabellos lamidos o smokings bien cortados, éxitos de sastrería con que los jóvenes ases del film vienen ensombreciendo el concepto del varón.
La Censura en el Cine. —Su resultado normal parecería más bien dramático, pero casi siempre es risible. Véase, si no, lo acontecido en Francia en el transcurso de la guerra, donde la censura —el cine no podía escapar— alcanzó proporciones inconmensurables. Por ejemplo, se prohibió el film Poil de Carotte, en que figura un matrimonio desunido, porque en Francia no había malos matrimonios durante la guerra…
Pero dejemos la palabra al crítico francés, señor Diamant-Berger: "...Se prohibió a Abel Gance, en Mater Dolorosa, mostrar una mujer enamorada de su cuñado".
¿Qué relación puede tener esto con la guerra y la situación militar o diplomática? Se prohibió en un film cómico mostrar una mujer bebiendo en el mostrador: las mujeres no beben durante la guerra. Se prohibió Noventa y Tres, de Víctor Hugo, y Madame Tallien, por Lidia Borelli. En un film americano, Violencia, en que un hijo — perseguido mental — mata a su padre en el transcurso de una reyerta, se obligó al alquilador de la cinta a explicar en una leyenda que el padre moría de muerte natural. La escena siguiente pasaba en los tribunales, y el público, idiotizado de sorpresa, se preguntaba por qué el hijo comparecía ante los jueces, cuando el padre había muerto de un ataque de apoplejía. Se negó el visto bueno a un film americano, género Far-West, porque el magistrado perdonaba por su cuenta y riesgo a un criminal arrepentido, y se prohibió otro film porque el sheriff, durante un rato, quedaba burlado por los malhechores: a la policía no se la engaña jamás. En Crimen, evidente obra artística, ¿no se obligó a llamar asiático a un japonés, porque desempeñaba un feo papel? ¿No se puso dificultades al Conde de Montecristo, a causa de los abusos de poder del señor de Villefort, y de la detención arbitraria de Edmundo Dantés?... En Civilización, obra francófila americana, se impidió a Cristo decir a sus discípulos: —"La paz sea con vosotros".— Alusión, alusión... En ¡Arriba los muertos!, film patriótico, la censura prohibió, en una escena que se desarrolla en Lourdes, la leyenda: "Delante de la gruta sagrada". Hubo que poner: "Delante de la gruta", nada más. Pero sería menester citar y citar…
Con lo transcripto basta, ¿no es cierto?
Por gran dicha, nosotros no hemos tenido guerra; Pues dada la sutileza edilicia, ignoramos si aún nos hubiera sido posible apuntar esto...
