Los Faros Remotos

Horacio Quiroga


Poema


Te había arrojado al mar; y en

aquella noche de luna, tan propicia

para los raudales de lágrimas, te

ibas alejando de la orilla en el fé-

retro azul en que había escondido tu

cuerpo.


Avanzabas lentamente. Con el reloj

en la mano, los minutos que iban

tras de ti eran eternos; la media-

noche estaba próxima; y bajo la

gruta marina que iba a absorberte,

una mortuoria claridad de basalto

acogía el reflejo azulado de tu ataúd.


De pronto la noche se oscureció y

dejé de verte. Ibas a desaparecer.

Entonces, levantando en las tinie-

blas mi brazo que oscilaba de ade-

lante a atrás, a guisa de faro remoto,

brilló la piedra de mi sortija. Y bajo

la tempestad que caía sobre noso-

tros, el fuego sombrío del rubí atrajo

lentamente tu ataúd.


Publicado el 21 de septiembre de 2026 por Brian.
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