María Elena Tocaba Siempre

Horacio Quiroga


Poema


Corre, corre mi cordero

salta, salta mi cabrita;

el caballero no vuelve

y aún le espera la niña.


María Elena tocaba siempre en el clavicordio; y

los pájaros que la hubieron oído guardaron de esas ro-

manzas un indefinible encanto. La vieja sala parecía

reanimarse con esas notas de tanta dulzura, que el cla-

vicordio parecía un pecho sensible y querido que en

toda una larga noche no cesó de ser auscultado. Y

María Elena, pura siempre sobre el sueño de su infan-

cia, esperaba la paloma que debía anunciar el regreso

de su bien amado.


Un pastorcillo de la comarca trajo a sus oídos las

noticias de las batallas lejanas en que su señor el Prín-

cipe se batía contra los infieles. La lucha había sido

cruel pero había triunfado. Los moros huían hacia la

costa, abandonando un rico botín y familias enteras

entre ellas la propia del califa.


María Elena esperó dos años la vuelta de su bien

amado. No se sabía nada de él. Los labriegos contaban

susurrando que la hija del califa era muy hermosa,

y era el Príncipe, señor de las tierras conquistadas. Y

los pájaros que hubieron aprendido de memoria las

romanzas de María Elena, huyeron en un suave cre-

púsculo hacia una ignorada región.


Pasaron muchos años. El clavicordio, ya viejo,

sonaba tristemente bajo las manos de María Elena. El

instrumento tenía también el corazón herido, y lloraba

con su dueña. Una noche el clavicordio no sonó. El po-

bre amigo había muerto, como un pobre amigo que

queda ciego de tanto ver correr nuestras lágrimas. Ma-

ría Elena iba todas las tardes a llorar junto al clavicor-

dio, como una señora que quedó de luto.


María Elena vive aún, esperando a su bien amado.

Y su historia es conocida de todas las niñas que espe-

ran, llorando sobre un pobre amigo que puede ser un

clavicordio.


Publicado el 21 de septiembre de 2026 por Brian.
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