En casa había belladona
nuez vómica y pulsatilla;
en forma de varilla
conteníaslas una redoma.
Y esa manzana poma
había sido elogiada en la gacetilla
de un diario. Y la gente sencilla
reíase de esa pueril poma.
Los enfermos, sin embargo, con esa débil sonrisa
en que su voz de haber sido se exterioriza
como una melancolía que alcanza a ser plegaria,
saben el secreto de la larga vigilia solitaria,
en que el recuerdo de un largo contacto de rodilla
vale menos que una leve toma de pulsatilla.
