Al Genio de Juan Barreira.
Lentamente florecen las penas insípidas
en la página exhausta de mi idiosincrasia,
lentamente florecen las penas insípidas.
Tras el último sueño de la Aristocracia
nieva el eterno fastidio sobre las frentes,
tras el último sueño de la Aristocracia.
“Como el cerebro incoloro de los dementes”,
ha licuado el espíritu su dura-mater,
“como el cerebro incoloro de los dementes”.
Neblinan las ilusiones del viejo cráter,
os estaños aguados del frío horizonte
neblinan las ilusiones del viejo cráter.
De la retorcida mueca de Anacreonte,
un cansancio sin fin se adivina en los gestos
de la retorcida mueca de Anacreonte.
Enardeciendo la tibiezas de los incestos
se gastan paso tras paso los adulterios,
enardeciendo la tibieza de los incestos.
El inconstante más trágico—de los misterios,
en las alcobas más líricas—se encoge de hombros
el inconstante más trágico de los misterios.
* * * * * * *
Como el gran ojo lívido de los Asombros
que fijan sobre el Espanto las Pesadillas,
como el gran ojo lívido de los Asombros.
La curva más delirante de las rodillas
se arrastra por el asfalto de los terrores
la curva más delirante de las rodillas.
Tras la eclosión amarilla de los Horrores,
las bocas desencajadas tuerce la Angustia,
tras la eclosión amarilla de los Horrores.
* * * * * * *
Y asoma el Cansancio su gran cara mustia
sobre la insistencia de los grandes terrores.
