...que valen los besos de tu boca divina
mucho más que la patria del viejo Stendhal.
—Asdrúbal E. Delgado.
Señora, has muerto. El primer canto de los gue-
rreros será para tí, ya que fuiste su reina, sombra de
las estirpes caídas, llevando el estandarte de las razas
a los países ignotos, con tus elefantes y tus arqueros,
tus carros y tus Vengadores, inmaculada aún para la
desgracia del Sombrío Occidente.
El primer llanto de las plañideras será para ti,
—Reina de gracia eterna;— jóvenes etíopes destrenza-
rán sus cabellos, empaparán de lágrimas sus ojos, un-
girán su cuerpo con aceites lejanos, desgarrarán sus
vestiduras, ¡oh Señora de pasiones fuertes ! serán llenas
de dolor contigo.
Veo el palacio, los jardines que aún no han vola-
do, las piernas velludas de un rey que te deseó. La
ciudad está en silencio, duermen los grandes bueyes,
y el llanto de las plañideras ha cesado, porque los gue-
rreros no cantan más.
Sólo en tu vientre —¡oh Gran Reina desdeño-
sa!— manzana díscola para los paraísos humanos, al-
ma dormida dentro de las caderas, a que sólo los abra-
zos ásperos pudieron despertar, sonará para siempre,
como una voz que preña, el mugido de la vaca de bron-
ce, animada por ti.
