—¿Qué características posee la fauna de este país?— pregunta el extranjero recién llegado.
No posee características —podríamos responderle— en razón de lo dilatado de nuestro territorio ... Siempre, claro está, que esta disparidad de especies ocasionada por las tres zonas que abarca nuestro país, no constituya una característica…
—Y de las mayores —se apresura a confirmar nuestro huésped.
—Son ustedes muy ricos. Ya lo veré todo con tiempo, cuando vuelva el año próximo. No son muchas las naciones, sabe usted, que pueden vanagloriarse de abarcar las tres zonas en su territorio. Los naturalistas de este país deben hallarse en la gloria. Ya lo veré todo pausadamente. Por ahora, me interesaría conocer únicamente dos o tres especies típicas de la zona pampeana... —¿no es así como llaman ustedes a la llanura en que está asentada Buenos Aires?
—En efecto —tornamos a responder— así la llamamos... Como elementos típicos de la formación pampeana, poseemos una especie singularísima: la vizcacha. Como ejemplar clásico de la zona bonaerense, y podríamos decir de la república entera, contamos con el venado…
—No prosiga —nos interrumpe el visitante— Dos animalitos nativos, clásicos, como usted dice, encuadrados en la más vieja tradición del país, son más de lo que se necesita para una visión previa de la gran fauna argentina. Me pondré de inmediato en comunicación con ellos.
Por ser gratos al huésped, visto su amor a la tierra y cuanto le es característico, ofrecemos nuestros servicios para una visita al Museo de Historia Natural.
—No prosiga usted —torna a interrumpirnos el huésped— ¿Una visita al Museo de Historia Natural, y a escape sin duda, para ver relleno de aserrín lo que puedo observar vibrante de vida? No, por Dios.
Una dolorosísima sospecha de lo que va a pasar nos mueve a
detenerle:
—¡Un momento!
—Nada. Vaya usted a su museo a infestarse de arsénico y formol. Yo sé adónde dirigirme.
* * * * * * *
También lo sabemos nosotros. Está en el Zoológico, y allí se halla todavía, de pie en medio del Jardín, sin lograr volver de su asombro. Ha recorrido una por una las jaulas en busca de los dos ejemplares más típicos de nuestra tierra e historia pampeanas. En ninguna parte ha hallado un venado ni una vizcacha. No las hay en el Jardín Zoológico, museo viviente de la fauna nacional. Es más: no los ha habido nunca. Entre tanto antílope y roedor exóticos totalmente ajenos a la tierra y los recuerdos del país, no se ha hallado nunca lugar para dos ejemplares singularísimos del suelo natal. Y allí está todavía el extranjero, indeciso y confuso, aguardando sin duda que la providencia le dé a conocer los elementos característicos de nuestra fauna, que el Jardín Zoológico no le puede enseñar.
