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Este texto forma parte del libro «Artículos de Naturaleza Y Fauna Dispersos».

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De esto hace ocho años. Con una habilidad poco común —y que el digno padre traduce por: "paciencia, paciencia y paciencia", obtuvo del Gobierno Nacional los fondos necesarios. Después ha continuado obteniendo partidas, aunque su desaliento en este punto es cada vez mayor. A pesar de todo, tuvo las fuerzas necesarias para plantar ciento cincuenta mil moreras, instalar un magnífico aserradero, utilizar dos inmensos alambiques, y sentar un colmenar próspero.
Toda esta riqueza, sin embargo, dependía de una partida difícil de obtener, o de una simple demora.
De este modo vino el desastre. Faltaron los peones, un verano excepcionalmente seco incendió la plantación de moreras, y la selva invasora reconquistó el lugar perdido, lanzando dos metros de rebrote sobre el colmenar.
De esto hace cuatro meses. Los alumnos que prosperaban en la escuela, desertaron poco a poco. El Gobierno dióse a llenar los huecos con alumnos que remitía desde Buenos Aires al padre Kassab.
Pero como estos muchachos resultaban ser ladronzuelos o cosa peor, alejados prudentemente de la capital por la policía, la escuela de sericicultura convirtióse en un vivero de pésima índole. Es de creer que la mano del padre Kassab, hábil para bendecir, lo era también para conducir a los pequeños bandidos. Pero poco a poco los nuevos alumnos comenzaron a irse a su vez. Cada día faltaba uno, internado en el bosque. Al fin el director de la Escuela quedó solo, esperando, con la paciencia que es su lema, que la Nación le remita fondos y alumnos.
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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.
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