Sin Haber Llegado…

Horacio Quiroga


Poema


Sin haber llegado nunca a la convicción de que

mi martirio fuera necesario, paseé aquella noche de lu-

na, con el alfanje en la mano derecha y debajo del

brazo un haz de leña. Abraham llenaba mi sombra

y el holocausto estaba próximo.


Caminábamos por una llanura acribillada de sol-

fataras; y en el humo de los acres sulfatos éramos dos

aventureros. El suelo se hundía a cada paso. Una

profunda astricción anudaba nuestras gargantas, y las

pocas palabras que podíamos articular estaban llenas

de rencor.


La senda era larga. Atravesamos una llanura y

después un bosque de limoneros. Después un bosque

de cien leguas. Y de nuevo una llanura. Estábamos

rendidos.


—Decídete— murmuró Abraham.


—No, —le respondí apenas;— más lejos.


Al comenzar de nuevo la marcha, dimos vuelta la

cabeza: el bosque estaba ardiendo como una zarza,

y la palabra de Dios no salía de entre la zarza. Segui-

mos. El paisaje se accidentaba. Huellas de fantásti-

cos animales cruzaban el suelo. La pisada era pro-

funda, el terreno cuaternario bramaba de nuevo, y so-

bre la cabeza blanca de Abraham llovía aún el diluvio

aterrador.


Le miré: el alfanje, suspendido sobre mi pecho,

cayó. Y de la honda herida, los ojos aún cerrados, sur-

gió lentamente la cabeza del cordero.


Publicado el 21 de septiembre de 2026 por Brian.
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