Te apreté entre mis brazos, ¿recuerdas? y tanto
fue el ruego de mis besos, o tan predestinada tu pali-
dez, que fuiste mía.
Te dejaste tomar, y yo fui el culpable. Pero, mi-
rándote, tuve la conciencia plena de que ese pensamien-
to te era familiar, y más de cien veces habías pensado
la actitud y expresión que ibas a adoptar cuando ca-
yeras.