"Je t'adore à l'égal de la voûte nocturne,
ô vase de tristesse, ô grande taciturne!"
Tu recuerdo fue largo tiempo como un perfume
que no se sentirá más debajo nuestro. Mi corazón
latía siempre con el ritmo que había aprendido de tus
tamboriles; tus pájaros italianos murieron de tristeza;
y en mis vastos paseos sin piedad, el sol del Sur tos-
taba mi piel en el sitio que habían ocupado tus brazale-
tes de oro.
Pero los profundos mecheros de gas volvieron a
apoderarse de mí; y en las largas aventuras, tu voz de-
cía de lejos: —¡Carlos, Carlos!
Tu gata te recordaba; y aún después de mucho
tiempo su cuerpo se estremecía y mostraba las zarpas,
cada vez que mi mano rozaba su cuerpo, acariciándola.
¿Qué más para tu recuerdo, ¡oh mi grande taci-
turna, que las aprensiones del suave animal?
