Un Próximo...: "La Tierra De Promisión…"

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Un Próximo Estreno Feliz: "La Tierra de Promisión". —Aún cuando no se trate de una obra maestra —y seríamos muy exigentes al pretenderlo en cada estreno— esta cinta merece ser elogiada por el espíritu que supone en la empresa filmadora. En efecto, la "Paramount" no se ha caracterizado por su amor a las obras de arte. Está sujeta, como toda empresa de espectáculos, a necesidades efectistas, cuando no desopilantes. Bien entendido; pero si de cuando se deja deslizar un film sin grandes efectos, pero con un par de personajes de carácter definido que imprimen al drama una marcha normal, sin pizca de aburrida, el balance económico de la empresa no habrá sufrido mucho a fin de año, y nosotros habremos añadido un punto a nuestro balance artístico.

Tal es el caso de La tierra de promisión. Nora Marsh (Billie Burke) es una bella y joven huérfana que está al servicio de una opulenta y enferma señora, en Inglaterra. Le sirve de dama de compañía, pero en verdad es su enfermera. Va perdiendo su vida y su salud velando noche a noche a la anciana. La dama muere por fin, y con gran sorpresa de todos, se halla que Nora no ha sido beneficiada en el testamento, como era de esperarse. Sola y desamparada, la joven va a refugiarse al lado de su hermano, en el Canadá. Antes de partir recomienda a su hermano por carta a un ridículo joven que acaba de conocer, y que quiere trabajar en América. La presencia y la actuación ultraridícula de este petimetre en la estancia canadiense, dará lugar a escenas cómicas de muy buena ley —lo que es extraño en las cintas de hoy día.

Nora llega mal a casa de su hermano. Está acostumbrada a una vida mundana, o por lo menos fácil, y en la pérdida estancia cada cual vale según el trabajo de sus puños; razón por la cual su hermano Eduardo (J. W. Johnson) se ha casado con Gertie (Mary Alden), muchacha tosca, pero capaz de cocinar y lavar a los diez peones de su marido.

Naturalmente, el aspecto elegante de su cuñada y los mimos de que pretende rodearla su hermano, exasperan a Gertie. Poco a poco logra imponerse a Nora, al punto que meses después la joven comprende que no ha hecho más que cambiar de esclavitud: viste como una campesina, lava su ropa, etc.

En la estancia trabaja de peón Frank Taylor (Thomas Meighan), agricultor que se ha visto obligado a ganarse la vida al día por haber perdido sus cosechas. Llegado al fin de su trabajo cobra sus sueldos ahorrados seis meses, y se dispone a partir. Pero Nora, que acaba de romper violentamente con su cuñada, se ofrece a Taylor de esposa. Taylor concluye de expresar sus ideas al respecto: —Si yo me caso— dice a su patrón —lo haré por negocio; con una mujer que me cocine y me lave, y no con una muñeca inútil. Me importa poco amarla o que me ame.

Nora lo ha oído; pero desesperada de la ruina de su vida, se ofrece al rudo chacarero: —Yo cocinaré, lavaré y remendaré. Si es esto lo que usted desea, estoy pronta a ser su esposa.

Taylor se encoge de hombros y acepta.

Ya están casados, aunque sin hacer vida conyugal. Nora, decidida a cumplir su palabra, convierte el desmantelado rancho de su marido en un hogar. Taylor, entre tanto, trabaja en su chacra y espera una óptima cosecha.

Pasan seis meses. Sobreviene lo que debe esperarse. Sin confesárselo, el amor comienza a nacer entre ambos. Pero Taylor es rudo y es hombre, y un día exige de su mujer el cumplimiento de sus deberes. Nora le recuerda el tratado, resiste; en vano.

Pasan nuevos meses. La plantación de Taylor es arrasada por la Inspección Agrícola, a causa de hallarse en ella la mostaza silvestre, plaga nacional. En ese momento Nora recibe de Inglaterra 500 libras esterlinas, y se dispone a partir de ese infierno, loca de alegría. Pero ante la actitud de su marido, que le entera de su ruina definitiva; al ver a aquel rudo luchador aplastado, que rechaza el dinero que ella le ofrece, Nora comprende que al lado de aquel pionner enérgico aunque áspero, está su verdadero deber, y en la lucha contra la naturaleza, apoyando a su leal marido, está la Tierra de Promisión.

Esta pieza de un solo aliento, perfectamente caracterizada y desarrollada, tiene una virtud rara, y es la de ser moral. Entendemos por esto, no la decencia y las buenas costumbres, que son excelentes cosas, sino la tendencia a demostrar que la vida es algo más que la elegancia y el buen tono; que en la contemplación dichosa del mundo cabe sentimentalidad, pero donde se siente la vida con su noble pulso es en la lucha, en la redención del corazón y la inteligencia por el trabajo, el carácter, la tenacidad, así se la halle al lado de un tosco y enérgico muchacho de campo, —como le aconteció a Nora Marsh.

Dorothy Phillips y William Stowell. —Esta pareja, disuelta por la muerte de Stowell, acaecida en el centro de África hace pocos meses, perdura aún como novedad en un reciente estreno, La fuerza del Destino, pieza que aunque de un solo bloque, consta de dos partes perfectamente diferenciadas: una primer mitad de drama magnífica, y una segunda deplorable. No lo recordaríamos tan netamente, a no tratarse de dos actores a quienes debemos algunas de las muy contadas obras de arte dramático en el film.

En un tiempo ya lejano, la "Universal" tuvo tres cosas de primer orden: libretistas, directores de escena y fotógrafos. Puede asegurarse —por lo menos entre nosotros— que aquella casa fue la primera en utilizar los crudos efectos de luz en los interiores, y los suavísimos de honda poesía en el paisaje. Los directores, a su vez, crearon la escena detallada, y esto sólo indica sus vistas sobre el porvenir dramático del cine. Y como si esto sólo no bastara, la empresa tenía a su servicio uno o varios libretistas de capacidad tal que no ha sido sobrepasada, salvo excepción. A tan feliz momento corresponden Zulema la Hechicera y Las Orquídeas negras como efecto, y Lola Morgan y La gran pasión, como dramas de caracteres. Recordamos sólo estas dos, por ser las más características. Y, ambas fueron confiadas a la Phillips y Stowell.

Recordamos asimismo que en aquel tiempo las revistas norteamericanas del ramo hacían notar con frecuencia el "exceso de figuras en primer plano" de la "Blue Bird" (Universal). Nada decían del carácter de los dramas; pero con seguridad debían de parecer "demasiado serios".

Esto es, en efecto, lo que ha desprestigiado a aquel sector de la "Universal". Los films eran obras de un arte que no tiene gran acogida en el término medio de los espectadores, como no la tienen en el teatro las obras de Ibsen, Haupmann, Gorki, Suddermann, etc. Hasta hoy, el cine filma para un solo público, que es el público universal de los gruesos efectos. Cuantas veces pretenda un drama interior, no será comprendido, con la falta de difusión correspondiente. Por esta peligrosa pendiente se deslizó la "Blue Bird", con el aplauso de pocos y el reproche de muchos, hasta convencerse de que si quería continuar viviendo como empresa comercial y ganar dinero, debía filmar dramas más o menos sensibleros, pero siempre de grueso efecto. Y producto de esta orientación parece ser La fuerza del Destino.

Puede también jurarse que el libreto filmado era muy distinto del que hemos visto. Se lo ha conservado tal cual, hasta la mitad, pero luego entra en consideración el grueso efecto indispensable, y el drama es retocado, rehecho —destrozado, en una palabra— para obtener aceptación ante la mayoría del público. Si la obtiene, es posible; pero no lo creemos.


Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.
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