Un código de conducta implacable
El rígido código de conducta que impone un banco amenaza la tranquilidad conyugal de un empleado cuando su mujer tiene el más sorprendente de los antojos.

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Como no entendemos bien, el presidente se levanta y da por terminada la conferencia:
─O se casa usted con esa señorita, o presenta usted su renuncia.
Esto es por lo menos claro. Y es que la dicha de ser empleado bien visto no se compra gratis. Cuesta a veces una que otra renuncia, y alguna docena de malos casamientos. No importa; hay muchos que no tenemos padre ni madre, y nos resignamos.
Esto en cuanto al amor. Respecto de los deportes, el reglamento paternal nos enseña: «Los empleados del Banco de la Nación Argentina no pueden ir a las carreras. El que lo haga, perderá su empleo inmediatamente».
Cuando yo me enteré de él, me eché a reír. Jamás había ido a las carreras, a no ser en los grandes premios. No era esa paternal vigilia de nuestra moralidad lo que me iba a enojar, por cierto.
Sin embargo me informé bien.
─¡Ni por broma! ─me respondieron─. Si quiere hacer la prueba un día, ponga los pies en el hipódromo.
─¡Gracias! ─les dije─. ¿Pero ni el jefe del Control? ¿Ni el gerente? ─insistí.
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Publicado el 29 de enero de 2026 por Edu Robsy.
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