Veníamos Del Teatro…

Horacio Quiroga


Poema, Lírica, Relato


Veníamos del teatro, donde habíamos asistido a la representación de un drama cualquiera.

La charla, acentuada por una discusión de amor, tomó un giro reflexivo.

—En todo caso —dijo de pronto uno de nosotros— el mundo degenera. Nos vamos. En los siglos pasados queda el hombre con sus sombras glorias y encantos.

Caemos. Apenas si en la ridícula agitación de los muñones se conoce que hemos volado.

Todo se aclara, marcando á la herencia con un timbre para crear la ley, colocando una etiqueta en el alma para reconocerla en tal ó cual hecho.

Iluminación fatal que alborea á la humanidad como un relámpago pone en manifiesto una guillotina.

¿Qué se busca? La verdad Y las almas aparecen al desnudo, fríamente visibles. Los misterios se leen de corrido en la página sicológica que asienta sus arranques como una partida y anota la evolución en el diario con signos, fechas y condiciones.

Y aun precios.

Tal acción que parece espontánea no lo es. En ella han cooperado determinadas circunstancias, sabios preliminares que motivan, amoldan, sacuden y despiertan la idea de un heroísmo.

La obligación de una función fisiológica no es tan precisa como la de esos fenómenos cerebrales.

Los psicólogos entran audazmente en nuestro interior y resuelven, ordenan y clasifican lo que está en desorden.

Imponen la disciplina al sentimiento, fijan carteles en las conciencias.

Iluminan.

Pero con esta diferencia: en la sombra vivimos; en la luz nos asfixiamos.

La noche crea heroísmos; el día, cálculos.

La noche es asombrosa porque no se ve en ella.

Adelantamos. pero como se adelanta en una sala de disección Conocida la causa, el efecto es insignificante.

En cuanto a mí prefiero el oscuro conjunto de una organización inferior al sabio esqueleto de un antropoforme.

Calló

Quedamos pensativos, desacordados por el desahogo de nuestro amigo.

Hablábamos de amor, y no nos hacían gracia las reflexiones.

¿Qué más da, cuando se ama, que el mundo avance o no, que se conozca lo que hay de racional en una pasión?

Me levantó su artística cabeza que tenía apoyada en la mano

Era el mimoso de nosotros ¿Por qué? No lo sabíamos. Acaso por la extraña mezcla de su temperamento, por el dominio que tiene el absurdo sobre lo preciso. el zig zag sobre la recta, el desacorde sobre la belleza espejada.

Cada uno de nosotros era definido, correcto, rectangular, perfectamente encuadrado en una clasificación. Él abarcaba todas las escuelas, los temperamentos, las diátesis.

Algo más que Heine y no tanto como Poe. En constante rebelión, argumentaba tranquilamente sus desconciertos.

—¡Bah! —¡exclamó.— ¡Todo es cuestión de mira. Los objetos vistos desde arriban aparecen deformados. Coloquémonos en su mismo plano y cambiarán de aspecto

Ataque sin sentido, acusación de filtro á alambique, de conciencia a lógica

Caemos, es verdad. Pasan las antiguas creencias, como religión incomprendida por el que va á orar Hay algo más que la obcecación de una plegaria en la percepción del au de là, y algo más que la Fe en el cielo del alma.

El alma pide horizontes como una frente, cielo.

Las viejas virtudes se enmohecen lentamente en sus zócalos de pesada arquitectura.

El templo está desierto. Sobre la asombrada faz de la deidad caída se destaca la mascarilla irónica fatal y gesticulante del nuevo culto.

La excitación sustituye al éxtasis; la morfina, al incienso.

La condición destierra la doctrina. El temperamento prima sobre la enseñanza como el toque de fuego sobre el tratamiento.

El cerebro pierde las riendas y obedece sólo al acicate. Y la psiquis marcha a saltos, dominada por el instante, bizarra como un golpe de nervios febril é inconstante é imprimiendo al organismo tendencias momentáneas que las neurosis heredan como una aristocracia luminosa y mártir.

El alma deja traslucir, como una luna desgastada la miseria del fondo. Y en la santa inteligencia la duda ataxia intelectual —desordena el sistema psicológico.

Las gestaciones son extrauterinas

El pinchazo elimina la compresión Sobre el esfuerzo está el golpe; sobre el amperaje, el voltaje

La impresión del momento fecunda el óvulo; y el ser engendrado pone en el motivo de vida la punzante vibración de lo instantáneo.

Hay cianosis entre el corazón y el cerebro. La diástoles repercute en la celdilla y los fosfatos siembran concreciones en el ventrículo.

La extenuación se asienta en el organismo, y el desequilibrio rompe, como una ala todo esfuerzo sostenido.

En cuanto al amor es cosa muerta considerado por el lado romántico.

Ya pasaron las grandes pasiones, los desengaños que duran toda la vida.

Las jóvenes pálidas son anémicas; el olvido es fiel resultado de un empobrecimiento cerebral.

La constancia supone una monomonía burguesa y la dulzura de ciertos sentimientos, dicen los sabios indica un principio de tisis.

Un nervio enfermo cambia el curso de un idilio Una congestión pasajera provoca una declaración de amor.

¡Oh épocas divinas! La niña moría de dolor y el joven tomaba los hábitos.

Entre el salón de baile y el buffet la debilidad predispone singularmente a la ternura. Nada de miradas lánguidas ni de insuflaciones pectorales.

—¡Es usted encantadora!...

—¿Sí? ¡Pues me alegro!

Y de este modo vivimos deliciosamente: el corazón en una mano y en la otra una copa de champagne.

Pero con todo no tenemos el derecho de condenar el amor tal como le sentimos en esta época.

¿Qué importa que las sensaciones sean pasajeras si en cada crisis hay más heroísmo que en un largo sentimiento y en cada sacudida más verdad que en una lenta depresión?

¿Qué importa que la risa remede el llanto si el sufrimiento es el mismo si lo que se vive en una hora puede desviar toda una existencia?

Le mirábamos y escuchábamos en silencio, con los ojos secos y la palabra fríamente convencida.

Había en su voz un ligero timbre de amargura cuando levantaba su expresión de correcto combatiente que lucha por un ideal arraigado y sencillo.

Y en el fondo de toda esa contractura de afectos, de esa irónica é incisiva profesión de fe, contemplaba su pobre ternura de enamorado constantemente hostilizada por las garras de sus nervios avergonzados de feminismo, en los que naufragaba, gota á gota, su delicadeza exquisita de adolescente.

Había un hondo sollozo en su mirada y un martirio convencido en su palabra. En el corazón aleteaba su alma como una ave herida, y a través de su contextura romántica se tendía, como una línea oblicua, la frialdad irónica de su temperamento modernista.

Una gota de llanto simbolizaba su existencia: lágrimas en los ojos y cloruros en las lágrimas.


Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.
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