Texto: El Bosque y la Estepa
de Iván Turguéniev


Cuento


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El Bosque y la Estepa

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Edición física


Fragmento de El Bosque y la Estepa

Poco a poco alumbra la aurora; algunos hilos de fuego surcan el cielo, mientras la niebla se acumula contra los barrancos. Rompe el canto de la alondra, sopla un viento más liviano, el disco purpúreo del sol se eleva más sensiblemente. La luz colorea la cuesta, las colinas, penetra en el fondo de los vallados. Es un derroche de luz, una magnífica armonización de tonos deslumbrantes. El corazón se agita en el pecho como el pájaro en el ramaje; y todo parece decir alegría, bienestar, dicha. Allá lejos asoma una aldea, después la aldehuela, con su iglesia blanca, y una laguna hacia la cual nos dirigimos.

Rápidamente sube el sol, límpido está el cielo, la mañana será hermosa. Un rebaño sale de la aldea y viene hacia nosotros. Suben un montículo. Y desde arriba, ¡qué espectáculo! Un río corre, serpentea a lo largo de unas diez “verstas”, y a través de la nebulosidad que lo cubre aún parece completamente azul.

Verdes praderas se extienden a una y otra orilla. A lo lejos, vuelan en círculo las avefrías sobre los esteros. Se oye el ruido de un carro. Es un campesino que viene al trote de sus caballos y busca un camino sombreado. Cambiamos con él un amistoso saludo. Oímos el sonido metálico y chillón de la hoz. El sol sube siempre; pasa una hora, dos horas, ya el calor empieza a sofocar; las campesinas remueven con las horquillas el heno que se seca al sol. El calor es horrible. Parece caldearse el cielo, en el aire se condensan vapores tórridos.


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4 págs. / 8 minutos.
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Publicado el 21 de octubre de 2016 por Edu Robsy.


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