La dignidad a gritos

Es Chile

Ivan Zamora


Situación vivida en Chile con las manifestaciones en contra del mal gobierno de Sebastián Piñera visto desde los ojos de un extranjero en el país


Es Chile, un lugar que cada mañana se despierta envuelta por una majestuosa cordillera que realza sus cumbres nevadas, desérticas o llanas por sobre los ojos de quien la mira asombrado, donde la aventura y lo desconocido es de lo que se alimenta el corazón aquel que se encuentre dentro de sus fronteras, un lugar que presume de su majestuosa naturaleza que va desde la fría pero hermosa Patagonia, hasta los espectaculares cielos estrellados del desierto de Atacama, es Chile donde la gente dice que ha de estar en la Italia de América, un lugar que movido por la hermandad abrió sus puertas a la dolida y golpeada Venezuela, a la inquebrantable y airosa Argentina, al desfavorecido pero fuerte Haití, a la danzante y colorida Colombia, al imperioso y tierno Perú, y a cualquier otro hermano latinoamericano que buscara alcanzar el estilo de vida chileno que se jacta de ser considerado el sueño sudamericano. Un lugar que a pesar de ser sacudido insaciablemente por la madre tierra, haber sufrido una de la peores dictaduras del siglo XX, haber peleado una de las guerras territoriales más importantes del subcontinente, es un lugar que lucha, un lugar que trabaja, un lugar que ama su bandera y que es ejemplo claro de que cuando se ama a la madre patria nada puede detenernos.En fin Chile es, bajo palabras de su presidente Piñera, el oasis en una América Latina convulsionada, el ejemplo, el milagro, pero, ¿lo es?, ¿realmente es el modelo de nación que hay que seguir?; estas palabras las escribo desde mi experiencia y aprendizaje profundo que he vivido durante 5 meses en el país, dese los ojos de un extranjero que aprehendió el estilo y pensamiento chileno de vida de una manera particular y personal, desde el punto de vista de alguien que guiado por estos calificativos  vino a experimentar en carne propia dicha forma de vida, y es que cómo no querer vivir en una de las economías más estables y poderosas de la región o al menos eso es lo que se vende al exterior, cómo no querer utilizar el mejor sistema de transporte público y pasear por una ciudad cosmopolita y moderna, cómo no querer escuchar a su gente con una sonrisa en rostro decir que viven maravillados y privilegiados de haber nacido en la serpiente de América, todo esto hacía ilusión en mí y sucediendo el 31 de Julio de 2019 por fin aterricé dentro de su territorio, en la gran y densa capital de Santiago, donde rápidamente y no transcurridos varios días obtuve mis primeros pensamientos de si realmente estaba donde se me dijo que estaría, donde rápidamente me di cuenta que dicha sonrisa de la gente no existía o si lo hacía era sólo en cierta zona de la ciudad donde el dinero es el gran patrón del lugar, de golpe me doy cuenta que el verdadero Santiago y ciertamente el verdadero Chile no se conoce para nada fuera de éste, ¿acaso el mundo es engañado?, ¿acaso era cierto lo que veía y vivía en ese momento?, semanas fueron más que suficientes para darme cuenta viajando en el metro, “el mejor transporte de Latinoamérica”, que el clasismo, la desigualdad social, el mal gobierno, el poder de los ricos por sobre el pueblo es lo que permanece, rige y conduce al país, te da un golpe duro el observar y experimentar como de una estación a otra la ciudad cambia, como la zona adinerada de la ciudad logra mantener un estándar alto en sus estaciones mientras que el centro y zona sur de la ciudad sufren por sistemas ineficientes y estaciones azoradas por el caos, logras ver en el rostro de las personas que utilizan este transporte la gran diferencia que existe entre su población, es impresionante y ciertamente aterrador saber en qué zona de la ciudad estás sólo al ver las facciones y características físicas de la gente. Después piensas, bueno quizá es que estoy loco y veo algo que no es, pero comienzas a caminar la ciudad, y al igual que en el transporte, no hay duda alguna que si y sólo si tienes poder económico alto puedes considerarte de esa clase de chilenos que el mundo y América Latina quieren seguir como su ejemplo. Te horroriza caminar por las comunas ricas y saber que estás en otra ciudad, en otro lugar, que te encuentras en un sitio rodeado por una burbuja que aísla de la otra parte de la ciudad y que te demuestra que como los chilenos dicen, el gobierno es el perkín de los más ricos. Al poco tiempo de vivir en el país te das cuenta de que la vida ahí es difícil, que hay ciertas cosas inexplicables y molestas como que es el único país del mundo donde el agua, considerada derecho universal de la humanidad, es completamente privada y dichos particulares pueden controlarla y decidir qué se hace con ella, que es un país donde la mayoría de las personas arrastran prácticamente desde que nacen con una deuda inimaginable y que si quieres tener educación de calidad, es necesario que le vendas tu vida a las instituciones bancarias y de educación, y que la palabra calidad llega a ser un espejismo que difícilmente se llega a alcanzar, donde el salario de los trabajadores, visto desde fuera del país es una cantidad maravillosa y que quisieras tener, pero que la realidad es diferente puesto que los precios de vida básicos, como la alimentación, el transporte y la vivienda son exageradamente altos que tu estilo de vida llega a ser de lo más bajo, país donde recibes tu paga hasta el final del mes y que gracias al costo de vida, te ves obligado en constantes ocasiones a utilizar tu cuenta de crédito como única manera posible de pagar tu vida, país donde la generación eléctrica es a mano de particulares y la competencia en el mercado no es la ideal, donde la distribución eléctrica y el derecho de construir los sistemas de transporte eléctrico son predominantes por sobre cualquier otro derecho de propiedad o bien público, sí así como se escucha, las empresas privadas pueden tocar a la puerta de tu casa junto con carabineros de Chile, y decirte que lo sienten pero que tu propiedad ahora es de ellos puesto que cruza con el proyecto de cableado eléctrico que van a construir. Chile es un país donde fuera de la Región Metropolitana, las demás regiones parecen estar lejos de ese país élite que se cree que es, país donde el ejército cuenta con un seguro social financiado por una empresa estatal y donde se rigen bajo una constitución establecida en tiempos de dictadura militar. Es todo esto y más que te hacen pensar en la existencia, que te hacen pensar en cómo pueden vender algo que no al resto del mundo, que te hacen cuestionarte sobre tu vida, sobre tus tierras, sobre tu región, sobre el mundo y tu propio existencialismo, me cuestionaba cómo era posible esto que veía, esto que vivía, como era posible que la gente soportara estos abusos y es que mis pensamientos tuvieron respuesta directa aquel 19 de octubre de 2019 cuando Chile por fin despertó. Es difícil describir y expresar con palabras lo que se vivió en el país desde ese día, todo comenzó con las protestas por parte de los estudiantes debido al alza en el precio del metro, un servicio que ya era caro y descaradamente deciden aumentarlo como si nadie fuera a decir nada al respecto, poco a poco dichas manifestaciones comenzaron a subir de nivel, cada vez más gente se unía como pueblo a exigir no sólo el descenso del precio sino todo los derechos que bien merecidos tienen más no se proclaman en el país, exigían justicia, exigían dignidad; maravillosamente el pueblo se unió como concepto preciso del estado de derecho, como uno sólo, no existía un líder, no existía una cara de algún movimiento revolucionario o político que diera frente contra el gobierno como generalmente sucede en todos los países al presentarse estas protestas, era todo el Chile golpeado y dañado por el poder del dinero y el gobierno, era el pueblo chileno contra el poder, contra el gobierno, era el pueblo que para ser escuchado no tenía opción más que demostrar su furia a través de los grafitis en los edificios y monumentos, a través de las barricadas, a través del famoso e increíble cacerolazo, a través de su poderosa  e incesante voz. Lamentable pero no inesperada fue la respuesta del gobierno que sólo dejo claro a quien sirve y para quien existe en el país, represión con violencia, declaraciones infames acerca de su propio pueblo, decisiones absurdas que intentaban disfrazar como soluciones, pantallas y montajes para poner a los manifestantes como un enemigo al que justificadamente debían combatir como lo estaban haciendo, las calles se inundaban de gas lacrimógeno, de carabineros golpeando y arrestando a su propia gente sin justificación ni sentido alguno, sangre, lágrimas, destrucción, todo bajo la creativa respuesta de la gente al son de “paco culiao”, demostrando que ellos no se rendirían y que lo que peleaban merecía la pena. Desafortunadamente la represión, la violencia y lo indigno continuaron provocando que el pueblo se hartara aún más de lo que ya venían cantando y generando manifestaciones cada vez más fuertes, más grandes, más poderosas, “obligando” al presidente Sebastián Piñera a dictar una de las órdenes más impetuosas que se pueden dar, el Estado de Emergencia. Esta orden tiene la particular característica de otorgar el poder decisivo acerca de la seguridad del país a las fuerzas armadas, otorgando mayor poder y suspensión o restricción de algunos derechos fundamentales. Este Estado de Emergencia o Régimen de Excepción se contempla en la legislación para afrontar situaciones extraordinarias que presenten un peligro inminente y catastrófico para el país como el terremoto del 2010 en Chile, última vez que se había ordenado dicho régimen en el país. El Estado de Emergencia en Octubre de 2019 en Chile provocó ciertas decisiones que atentaron contra la dignidad, la justicia y la paz del pueblo, despliegue y control total de las fuerzas armadas en las calles capitalinas y el fatídico controlador toque de queda que perduró en varias ciudades del país durante más de 5 días; acciones como estas, militares patrullando casa de la moneda, obligando a la gente a retirarse a sus casas, poder sin control y violencia armada no se observaban en el país desde hace 46 años en 1973 bajo la dictadura de Augusto Pinochet, dejando la pregunta y quizá su respuesta bastante clara, ¿la dictadura chilena aún persiste?Recuerdo cada día de aquel momento histórico en Chile, cada noche encerrado en casa observando en la televisión lo que sucedía en las calles, escuchando los gritos y el sonido de los cañones de gas lacrimógeno, el terror gobernaba y las imágenes de aquellas calles vacías patrulladas por las fuerzas armadas eran lo que hacían preguntarme donde estaba y qué sería después, es indescriptible la sensación que uno tenía al caminar por las mañanas y encontrar cientos de escombros, carabineros y militares en cada esquina, pinturas, grafitis, banderas que tenían impregnadas la lucha y el deseo de libertad de las personas, realmente no puedo y no sé cómo explicar lo que se vivía en el país, desde los ojos de un extranjero era la incertidumbre y la impotencia lo que gobernaba, comercios cerrados, estaciones de transporte, semáforos, vialidades, vitrales, edificios, todo destruido, todo era extraño pero al mismo tiempo todo era comprensible. Podría escribir de cómo fue correr de los carabineros, de cómo fueron semanas sin clases y cómo la duda me comía acerca de si tendría que volver al país de emergencia, de cómo observaba a mis compañeros extranjeros recibir cartas de sus embajadas, de sus familias, de cómo fueron días en que todo paso tan rápido y al mismo tiempo tan lento, de cómo es observar las estaciones de metro y calles que transitabas diario destruidas y sin funcionamiento alguno, de cómo era sentir el ímpetu del pueblo chileno que clamaba su dignidad, de cómo era leer acerca de la gente que quedaba ciega, herida, presa a manos de las propias fuerzas armadas y carabineros, de cómo las mismas universidades dentro de sus instalaciones tenían intervención policial y militar, de cómo se quebrantaban tantos derechos humanos entre el mismo país, de cómo se siente saber que Plaza Italia se convirtió en Plaza de la Dignidad y lo que es ver ese lugar durante y después de todo lo ocurrido, de cómo fue perder un autobús a causa del toque de queda en el norte del país, de cómo fue ver edificios completos y establecimientos comerciales quemados por completos, de cómo fue ver a conocidos regresar a sus países sin saber si volverían o sin saber si su semestre se fue a la basura, de cómo es tragarse todo el gas y ver y sentir absolutamente todo esto y más, podría escribirlo pero es imposible, es un sentimiento, una impotencia, una duda que me comió durante meses y que incluso después de 2 meses sigo sintiéndola, sigo leyendo cada furia escrita en las paredes de la ciudad, en sus monumentos, sigo caminando por lo que fue y ya no es, sigo observando camiones llenos de carabineros listos para actuar frente a cualquier alteración del orden, sigo sin poder moverme con facilidad en el transporte público, sigo informándome acerca de los cientos de derechos quebrantados durante lo sucedido, sigo sin comprender realmente lo que fue haber estado ahí en ese momento, sigue en mi memoria aquellas filas inmensas en los pocos establecimientos de comercio que abrían para poder comprar tu despensa, sigue en mi memoria aquellos gritos de la gente, aquellos tanques militares en cada estación del metro y en cada calle importante patrullando con completa libertad y poder, sigue en mi memoria aquellos videos, fotos, sensaciones que viví, aquellas tanquetas de carabineros disparando chorros de agua con químicos al pueblo durante las manifestaciones, aquellos fuegos, aquellas barricadas, aquellas pancartas que clamaban en una sola voz que Chile había despertado y no se rendiría jamás. Ahora a dos meses después aún se sigue viviendo tiempos de incertidumbre, tiempos en que no hay respuestas claras, tiempos en que sólo queda entender que esta locura sucedió y que yo espero de todo corazón jamás olvidarla, jamás dejar de sentir todo esto inexplicable, jamás dejar de pensar en el claro ejemplo que dio Chile, no como el oasis falso de América, sino como lo que son, un pueblo unido que canta por su libertad, por su dignidad y por la justicia que se merecen, gracias Chile por lo que mostraste realmente y aunque no pude unirme en tu lucha como hubiera querido, siempre te apoyaré y respetaré por lo que hiciste aquel Octubre. 

Publicado el 31 de diciembre de 2019 por Ivan Zamora .
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