Texto: El Vagabundo y el Hada

Jack London


Cuento


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El Vagabundo y el Hada

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Fragmento de El Vagabundo y el Hada

Sus labios se inmovilizaron por un momento y volvieron luego a agitarse:

—¡Sucio guardián! ¡Podrás maniatarme, hacerme pedazos, pero de mí no has de sacar sino sangre! ¡Es todo lo que en este agujero tú y los tuyos habéis sabido sacarme!

El hombre, después de ese estallido, prosiguió apaciblemente su sueño. La niña, mientras tanto, continuaba manteniendo encima de él su pequeña sombrilla; miró después, con asombro mezclado de temor, al ser hirsuto y sucio que dormía a sus pies y trató de situar el fenómeno en lo poco que conocía de la vida. A sus oídos llegaban gritos de hombres, el paso de caballos sobre el puente y el chirrido de carretas cargadas con mucho peso. Hacía un caluroso día de verano californiano, sin la menor brizna de aire. En el azul del cielo flotaban a la deriva ligeros grumos nubosos; pero, hacia el oeste, espesas nubes anunciaban lluvia. Una abeja dejaba oír su zumbido y se acunaba suavemente en el aire al lado de la niña. Las llamadas de la codorniz llegaban desde lejanos montes; y, proveniente de los campos próximos, llegaba la canción de la alondra. Ross Shanklin, sordo a estos sonidos, continuaba durmiendo; Ross Shanklin, el vagabundo, el proscrito, el ex presidiario 4379; el ser rudo, indomable, que había desafiado a sus guardianes y sobrevivido a las peores brutalidades.


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18 págs. / 31 minutos / 26 visitas.
Publicado el 8 de marzo de 2017 por Edu Robsy.