Texto: La Leyenda de Jess Uck
de Jack London


Cuento


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La Leyenda de Jess Uck

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Edición física


Fragmento de La Leyenda de Jess Uck

No había sustituido a ningún agente pues el hombre que hasta entonces había dirigido el establecimiento había muerto «a causa de lo riguroso del lugar», según decía el ayudante que aún continuaba allí: pero los toyaats, en sus campamentos, eran de otra opinión. El ayudante era un hombre de pecho estrecho y hundido, rostro cadavérico y mejillas cavernosas que no lograba disimular su abundante barba negra. Tosía mucho, como si la tisis hubiese hecho presa en sus pulmones, al tiempo que sus ojos ardían con ese brillo calenturiento y enajenado propio de los tuberculosos en su último grado. Se llamaba Pentley (Amos Pentley), y Bonner no simpatizó con él a pesar de sentir compasión por aquel diablo desamparado y sin esperanza. No siguieron mucho tiempo juntos estos dos hombres, que más que otros debieran haber estado en buenas relaciones ante la perspectiva del frío, el silencio y la oscuridad del invierno que se avecinaba.

Finalmente, Bonner concluyó que Amos estaba algo loco, le dejó solo haciendo él todo el trabajo, excepto guisar. Amos no tenía para él sino miradas duras y odio mal disimulado. Ello era muy desagradable para Bonner, pues el rostro sonriente de uno de su propia raza, la palabra alegre, la simpatía del compañerismo en el infortunio, tienen una gran importancia. El invierno estaba todavía en sus comienzos cuando empezó a comprender las causas que, relacionadas con tal ayudante, habían impulsado a su predecesor a quitarse la vida.


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29 págs. / 51 minutos.
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Publicado el 8 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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