Calles

Jaume del Alamo Jaumejoan


Calles, Callejuelas, Callejones, Plazoletas,


CALLES  A primera hora de la mañana salgo de casa limpio aseado y vestido en condiciones. A esta hora los edificios parecen centinelas que guardan secretos de la noche, la calle todavía esta oscura y la gente transita deprisa. Algunos bares ya están abiertos, otros comercios aun siguen cerrados. Una frutería que dobla la esquina tiene la persiana medio abierta  y puede verse como algunos empleados van preparando el producto… unas peras aquí, mas abajo unas manzanas, a la izquierda lechugas…… Sigo calle abajo y como cada mañana los niños ya salen de sus casas preparados para ir a la escuela; algunos van acompañados por su madre, en su espalda cargan con enormes y pesadas mochilas. Son niños pequeños que se inician en el juego de la vida, estrenan sonrisas.  Otros ya han dejado atrás la patria de la infancia; han perdido la inocencia, en una mano llevan su móvil y con un “skateboard“ en sus pies por calles y plazas entierran la ilusión de  noche de Reyes. Antes de llegar al final de la calle paso por delante de la barbería del barrio. Es de aquellas barberías antiguas que todavía peinan con laca y brillantina y cortan el pelo con tijeras que parecen un bisturí capilar. Casi escondida entre la sucursal de una entidad bancaria y una pastelería de dulces de chocolate y tartas de mazapán, se encuentra una mercería en la que venden hilo y aguja para que cuando llegues a casa puedas  zurcir algunos sueños rotos y algún que otro descosido de la vida. Es en esta mercería donde los vecinos del primer piso compran el hilo para tejer sus ilusiones. Las calles de mi ciudad son de texturas diferentes, colores pastel, gustos desiguales y con balcones llenos de flores. Son calles llenas de vida que albergan historias; cuentos y leyendas, que guardan misterios y en las que puedes encontrarte a diario con vecinos que sacan a pasear sus perros, con bares en los que al entrar a tomar un café, el camarero te pregunta por tus  hijos, por tus padres, por tus abuelos   Calles JdA ( 1) 
  En cualquiera de estas calles todavía puedes encontrar alguna bodega vieja en la que venden a granel, vino de bota o pellejo y nostalgias del ayer. La calle donde yo vivo es más bien discreta; es una calle de barrio antiguo, es una calle a la que la pátina del tiempo a dado cierta hidalguía. Este tipo de calles dan personalidad a una ciudad. Son arterias que han visto pasar entierros de tercera, bautizos de primera, han visto como en su día se engalanaban portales con conjuntos florales porque allí había boda. Yo jugaba al fútbol por estas calles con pelotas de trapo y escopetas de madera, de noche bailaba en la azotea y de día recogía madera para que ardiera en la fogata de San Juan. Eran calles de serenos y vigilantes y de vaquerías y de colmados de ultramarinos y venta de salazones. Sus latidos ensancharon la ciudad y dieron paso a nuevas vías, a nuevas avenidas, paseos, rondas. Etc. Todas ellas llenas de luz y color. Avenidas, paseos, rondas bulevares que contrastan con aquellas calles antiguas de angosto paso en donde la luz del día se pierde entre paredes estrechas, ventanas distraídas y portales aburridos, donde la luz del sol se esconde entre contenedores de desperdicios, en donde sólo se oyen ladridos de perros hambrientos y discusiones de amantes olvidados. Son calles en donde no llegan ni días de Fiesta Mayor ni bailes de Fin de Año. Todas las ciudades tienen en su casco antiguo un enjambre de callejuelas, callejones sin salida, plazas, plazoletas. La mayoría de las veces este aglomerado de vías y plazuelas es un laberinto tortuoso que durante años se ha desarrollado entre murallas y torres de defensa; ha dado vida a la ciudad. Es todo un conjunto que guarda en sus entrañas secretos de tiempos antiguos, que ha vivido cientos de historias, y peleas absurdas. Es un entramado en el que no falta de nada; ni silencio ni barullo, ni fiesta ni duelo. Sin preguntar nada sin pedir nada a cambio dejan que deambules y te pierdas en el tiempo. Cuando en otoño pedazos de lluvia perdida moja viejas callejas, sus gastados adoquines se desperezan de antiguos  sueños.   Calles JdA (2)  Esta lluvia perdida que cae dulcemente da un sabor peculiar a todas estas callejuelas, se mezcla con el olor, con el color, con el tacto, con el gusto.  El resultado es como si en un obrador añejo se elaboraran a fuego lento hogazas de pan tierno. Hay calles en las que parece que se haya parado el tiempo, y hay otras que protegen edificios que parecen cuentos de hadas construidos en taller de confitería. Calles religiosas que conducen a templos de torres esbeltas que desafían al horizonte, a catedrales del mar. Calles con mercados en los que a cualquier hora del día puede verse como se trajinan verduras, frutas, hortalizas. Enjambres de gentes de todo tipo y de todas partes haciendo fotos a puestos de venta de embutidos, de pescado, y otros alimentos y haciéndose “selfies“ almibaradas. Mercados que comparten espacio con puestos de venta de flores y personas que pasean de día y noche. Las calles de mi ciudad son también refugio de miserias y soledades. Las calles de mi ciudad, como cualquier otra. Son foro de protestas, quejas y demandas, también de fiestas y lutos; son ágora del ciudadano.                Calles JdA ( 3)   

Publicado el 8 de julio de 2018 por Jaume del Alamo.
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