Los deudos somos egoístas

Javier Carlucci


vida, obra, muerte


Los deudos somos egoístas. Estamos muy ocupados por encausar nuestro dolor que no nos queda tiempo para recordar en tiempo real a quien estamos llorando todo el día.Mi abuelo ni siquiera se hubiera detenido a escribir. Hubiera a su propio funeral. Hubiera llamado por teléfono a algún amigo para contarle que el mismo se murió y luego hubiera terminado la charla con algún chiste sin olvidarse de quedar en comer un asado el fin de semana en el club. Asado al que no va a poder asistir pero no importa, la intención estuvo. Estar no siempre estaba, por eso necesitaba un abono de teléfono que le permitiera llamar por teléfono a Juan Jose Paso y la vía, a Balcarce y Catamarca, a Totoras o a Usuahia. Esa ordinaria necesidad de tener la última tecnología para que después disfrutemos de ella, todos excepto el. Ya sea un auto Volkswagen, una computadora de Airoldi, una agenda traída del exterior o un celular último modelo. Todas son en definitiva máquinas de impedir para aquellas personas que tienen todo en su cabeza y que no necesitan mas que un lápiz y papel para hacer alguna cuenta con decimales. Contar historias solo pasaba rara vez con el. Generalmente arriba del auto, o simplemente para explicar cual es el próximo paso para dar. Pero en vez de dar pasos será el tiempo de dar las hurras para todo aquel que ose pasar un día tratando de seguirle el ritmo.Silencio. A contramano del mundo, silencio. A las seis de la tarde, cuando todo el mundo está en la calle es cuando se ve la verdad. Pero cuando viviste tanta verdad a lo largo de todo el día sin poder parar un segundo, lo único que querés es desaparecer. Por eso a las 6 de la tarde, cuando todos salían, el se volvía tranquilo a su casa sin atinar mas que a preguntar que partido estaba por jugarse a la noche, partido del que obviamente no iba a mirar mas de 5 minutos para darse cuenta que es un partido que ya había visto mil veces mientras se quedaba dormido sentado y cruzado de brazos. Haciendo la mímica pensativa, como si no pudiera parar de pensar un segundo. Y si quedaba algo por hacer en la obra, obviamente lo dejaba para el día siguiente, lo que demoraba las entregas y lo tenía puteando a Dios, la Virgen y a todos los empleados que se le cruzaban. Es dificil alejarse de una persona tan carismática, generosa y con tanto magnetismo. Fue muy dificil para mí decirle que no y alejarme. Me tomó varios años. En el último tiempo, el mismo se fue alejando. El tiempo y las carencias fueron borrando las sonrisas y lo que fue alegría por jugar un picadito en el barro pasó a ser putear por no tener un bar donde sentarse a jugar ajedrez y poder fumar un cigarrillo tranquilo.El mundo cambió y su mundo fue apagándose poco a poco. No lo culpo porque haya querido irse. De hecho siempre se quedó a renegar mas de la cuenta en cada lugar que estuvo. En cada persona a la que le invadió la vida para llenarla de alegría y también de problemas. Lo que no tiene solución es la histeria. Quizás se quedó aca con nosotros mas tiempo del que tenía que ser. Quizás hace tiempo nosotros nos fuimos. Pero dentro de poco, cuando termine la pandemia ya vamos a tener mas tiempo para estar con el y que nos siga iluminando con su presencia y al mismo tiempo desafiándonos con su mirada algo sobradora, propia de la gente experimentada.De nuevo me encuentro buscando solo una razon para alegrarnos nosotros. Mientras tanto andá a saber donde estará el. Los deudos somos egoístas.

Publicado el 3 de diciembre de 2020 por Javier Carlucci.
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