Texto: El Pasaporte Amarillo
de Joaquín Dicenta


Cuento


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El Pasaporte Amarillo

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Fragmento de El Pasaporte Amarillo

—No necesitas suplicar; mandar puedes. Eres, si no por la ley, por mi gusto, dueña de tus acciones. No hallarás en mí obstáculo al logro de tus nobles propósitos. El obstáculo existe en otra ley, distinta a la de la mayoría de edad.

—¿Qué ley?

—La ley de Residencia impide a las hembras judías trasladarse solas a ciudad y barrio distintos de aquellos donde con sus deudos residen.

Esta ley es vigente para los judíos en Rusia.

—Hay forma de evitarla.

—¡Débora!

—La hay y la emplearé.

—¡Hermana!

—¡El pasaporte amarillo! La cédula de...

—Sí.

—¿Olvidas que el pasaporte amarillo sólo se da a las prostitutas; que no más quienes ejercen tan cruel y vergonzosa profesión pueden utilizarlo?

—No lo olvido; pero la cédula de infamia me permitirá ir libremente por todo el imperio. Lo que a otras desdichadas sirve para comerciar con su carne, me servirá para engrandecer y dignificar mi inteligencia. No seré la primer virgen de mi raza que utilizó el afrentoso pasaporte en bien de su cultura.


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19 págs. / 34 minutos.
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Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.


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