Texto: La Desdicha de Juan
de Joaquín Dicenta


Cuento


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La Desdicha de Juan

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Fragmento de La Desdicha de Juan

—Pedid lo que queráis —volvió a decir a sus vecinos.— Estoy dispuesto a complaceros. Dichas, alegrías, riquezas, todo me pertenece. ¡Mortales, aprovechaos de este rato de buen humor!

Uno de los que le oían no pudo contenerse y soltó el trapo en las propias narices de Juan.

—¡Qué miserable! —gritó el obrero. —¿Te atreves a dudar de mí? ¡Voy a deshacerte, a convertirte en polvo, para escarmiento de incrédulos y deslenguados!

Y descargando sobre su burlador el puño que había levantado contra él, no le deshizo, pero le hizo en la frente un chichón del tamaño de un huevo.

Arremolináronse todos contra Juan, se armó un escándalo mayúsculo; vino la pareja; llevaron al obrero a la prevención; acudió un médico y declaró que Juan estaba loco de remate; en vista de lo cual, y previos los trámites de ordenanza, metieron al loco en un manicomio y a los hijos del loco en un asilo de Beneficencia.

Cuatro años vivió Juan en el manicomio esa vida ficticia de la locura, en que cada enajenado construye un mundo aparte para su uso particular, y dentro de ese mundo se agita, y circula, y discurre, y padece, y goza, sufriendo impresiones que no vienen de fuera, sino que brotan de su fantasía desequilibrada. ¡Ah! ¡Si los cuerdos pudiéramos vivir en los mundos que fingiera nuestra imaginación, todos los hombres serían dichosos!


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4 págs. / 8 minutos.
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Publicado el 22 de septiembre de 2019 por Edu Robsy.


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