Libro gratis: ¡El Suave Milagro!
de José María Eça de Queirós


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¡El Suave Milagro!


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Fragmento de ¡El Suave Milagro!

Apretáronse los siervos los cinturones de cuero, y echaron a andar por el camino de las caravanas, que costeando el Lago, se extiende hasta Damasco.

Una tarde, vieron sobre el Poniente, rojo como una granada muy madura, las finas nieves del monte Hermón. Después, en la frescura de una suave mañana, el lago de Tiberiades resplandeció delante de ellos, transparente, cubierto de silencio, más azul que el cielo, orlado de floridos prados, de densos vergeles, de rocas de pórfido, y de blancos terraplenes por entre los pomares, bajo el vuelo de las tórtolas. Un pescador que desamarraba perezosamente su barca de una ensenada de césped, escuchó, sonriendo, a los siervos: ¿El Rabí de Nazaret? ¡Oh! Ya en el mes de Ijar, descendiera el Rabí, con sus discípulos, para los lados adonde el Jordán lleva las aguas.

Corriendo, los siervos siguieron por las márgenes del río hasta delante del vado en donde aquel se estira en un largo remanso, y descansa, y un instante duerme, verde e inmóvil, a la sombra de los tamarindos. Un hombre de la tribu de los Esenios, vestido de lino blanco, cogía lentamente hierbas saludables por la orilla del agua, con un blanco corderillo al cuello. Saludáronle humildemente los siervos, porque el pueblo ama a aquellos hombres de corazón tan limpio, y claro, y cándido como sus vestiduras, cada mañana lavadas en estanques purificados. ¿Podía decirles algo del paso del nuevo Rabí de Galilea que, como los Esenios, enseñaba la dulzura y curaba a las gentes y a los ganados? El Rabí atravesará el Oasis de Engaddi, y después se adelantara para allá... —murmuró el Esenio—. —¿Y dónde es allá? —Moviendo un ramo de flores rojas que cogiera, el Esenio señaló las tierras de Alem Jordán, la planicie de Moab. Los siervos vadearon el río, y en vano buscaron a Jesús jadeando por los rudos caminos, hasta los peñascos en que se levanta la siniestra ciudadela de Makaur... En el Pozo de Ya-Kob reposaba una larga caravana, que conducía a Egipto mirra, especierías y bálsamos de Gilead; y los camelleros, sacando el agua con los baldes de cuero, contaron a los siervos de Obed que en Gadara, por la luna nueva, un maravilloso Rabí, mayor que David o Isaías, arrancó del pecho de una tejedora siete demonios, y que, a su voz, un hombre degollado por el salteador Barrabás, se irguió de su sepultura y se volvió a su huerto. Algo más esperanzados, encamináronse los siervos por la subida de los Peregrinos hasta Gadara, ciudad de altas torres, y aún más lejos, hasta las nascientes de Amalha... En esa misma madrugada, Jesús, seguido por un pueblo que cantaba y sacudía ramos de mimosa, embarcara en el lago, en un batel de pesca, y navegara a vela con rumbo a Magdala. Descorazonados de nuevo, los siervos de Obed, atravesaron el Jordán por el Puente de las Hijas de Jacob. Yendo ya con las sandalias rotas del largo camino, pisando tierras de la Judea Romana, un día, cruzáronse con un sombrío fariseo, que retornaba a Efrain, montado en su mula. Detuvieron, con devota reverencia, al hombre de la Ley. ¿Había encontrado él, por ventura, a ese nuevo Profeta de Galilea que, como un Dios paseando en la tierra, esparcía milagros? La corva faz del Fariseo se oscureció arrugada, y su cólera retumbó como un tambor orgulloso:


9 págs. / 16 minutos.
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Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.


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