Texto: El Desgraciado
de Juan Cortés de Tolosa


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El Desgraciado

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Fragmento de El Desgraciado

Serrano, a quien los infortunios de su amo llegaron al alma mas no quitaron la gana de comer (no poca suerte, porque, si él enfermara, ¿quién acudiera tan de veras a dolencia tan prolija, pues otro si él no le cogiera en braços para hazerle la cama y otras necessidades inescusables?), antes se comía un pan con mucha curiosidad con un cuchillito de un estuche y después se sentava a comer regulando por principios el pan, que, según el gran calor, ya estava digerido, dando gracias a Dios de las buenas ganas que a todas horas tenía y, en particular, de aver caýdo en casa donde con efecto las podía gozar.

Éste, según parece, se avía alçado con el ama de casa, muger que para pedir limosna con justicia no le faltava más que no poder ganarlo sirviendo, que bien vieja ya se lo era; y dixera entonces a esta pobre vieja y enferma una cosa anexa a la senectud, limpia por lo menos de boca, pues en toda ella no avía quedado más que una muela y muy contra a su voluntad, porque, como sola, no adornava y ofendía tanto que era como tener acicate en ella. Ésta tenía el primer lugar entre las amas y no el segundo en su mocedad entre las mocas, y al presente se conocía. Aquí fue Troya, porque unos ojos verdes, rasgados, hechos pedaços lo juravan ansí. La frente era preñada y las narizes mal paridas. Era buena, más que por sus partes, porque regalava y sabía remendar, cosa necessaria en semejantes escolares.


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43 págs. / 1 hora, 15 minutos.
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Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.


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