Laberinto de Fortuna

o las trescientas

Juan de Mena


Poesía


Al muy prepotente don Juan el segundo,
aquel con quien Júpiter tuvo tal zelo
que tanta de parte le fizo del mundo
quanta a sí mesmo se fizo del çielo,
al gran rey de España, al Çésar novelo;
al que con Fortuna es bien fortunado,
aquel en quien caben virtud e reinado;
a él, la rodilla fincada por suelo.

Tus casos falaçes, Fortuna, cantamos,
estados de gentes que giras e trocas,
tus grandes discordias, tus firmezas pocas,
y los que en tu rueda quexosos fallamos;
fasta que al tempo de agora vengamos
de fechos pasados cobdiçia mi pluma
y de los presentes fazer breve suma:
y dé fin Apolo, pues nos començamos.

Tú, Calïope, me sey favorable,
dándome alas de don virtuoso;
por que discurra por donde non oso,
convida mi lengua con algo que fable;
levante la Fama su boz inefable,
por que los fechos que son al presente
vayan de gente sabidos en gente;
olvido non prive lo que es memorable.

Como no creo que fuessen menores
que los de Africano los fechos del Çid,
nin que feroçes menos en la lid
entrasen los nuestros que los agenores,
las grandes façañas de nuestros señores,
la mucha constançia de quien los más ama
yaze en teniebras, dormida su fama,
dañada de olvido por falta de auctores.

La grant Babilonia, que ovo çercado
la madre de Nino de tierra cozida,
si ya por el suelo nos es destruida,
¡quánto más presto lo mal fabricado!
E si los muros que Febo a travado
argólica fuerça pudo subverter,
¿qué fábrica pueden mis manos fazer
que no faga curso segunt lo passado?

Ya, pues, desrama de tus nuevas fuentes
en mí tu subsidio, inmortal Apolo;
aspira en mi boca por que pueda sólo
virtudes e viçios narrar de potentes.
A estos mis dichos mostradvos presentes,
o fijas de Tespis, con vuestro thesoro,
y con armonía de aquel dulçe choro
suplid cobdçiando mis inconvenientes.

Dame liçençia, mudable Fortuna,
por tal que blasme de ti como devo:
lo que a los sabios non deve ser nuevo
innoto a persona podrá ser alguna;
pues que tu fecho así contrapugna,
faz a tus casos como se concorden,
ca todas las cosas regidas por orden
son amigables de forma más una.

La orden del cielo exemplo te sea:
guarda la mucha constançia del Norte;
mira el Trión, que ha por deporte
ser inconstante, que siempre rodea;
e las siete Pleyas que Atlas otea,
que juntas parescen en muy chica suma,
siempre se asconden venida la bruma;
cada qual guarde qualquier ley que sea.

¿Pues cómo, Fortuna, regir todas cosas
con ley absoluta, sin orden, te plaze?
¡Tú non farías lo qu’el çielo faze,
e fazen los tiempos, las plantas e rosas?
O muestra tus obras ser siempre dañosas,
o prósperas, buenas, durables, eternas:
non nos fatigues con vezes alternas,
alegres agora e agora enojosas.

Mas bien acatada tu varia mudança,
por ley te goviernas, maguer discrepante:
ca tu firmeza es non ser constante,
tu temperamento es destemperança,
tu más çierta orden es desordenança,
es la tu regla ser muy enorme,
tu conformidat es non ser conforme,
tú desesperas a toda esperança.

Como las nautas que van en poniente
fallan en Cádiz la mar sin repunta,
Europa por pocas con Libia que junta,
quando Boreas se muestra valiente,
pero si el Austro comueve al tridente,
corren en contra de como vinieron
las aguas, que nunca ternán nin tuvieron
allí, donde digo, reposo paçiente,

así fluctuosos, Fortuna aborrida,
tus casos inçiertos semejan, e tales,
que corren por ondas de bienes e males,
faziendo non çierta ninguna corrida.
Pues ya por que vea la tu sinmedida,
la casa me muestra do anda tu rueda,
por que de vista dezir çierto pueda
el modo en que tratas allá nuestra vida.

Non bien formadas mis bozes serían
quando robada sentí mi persona,
e llena de furia la madre Belona
me toma en su carro que dragos traían,
e quando las alas non bien remeçían
feríalos ésta con duro flagelo,
tanto que fizo fazerles tal buelo
que presto me dexan adonde querían.

Así me soltaron en medio de un plano
desque ovieron dado comigo una buelta,
como a las vezes el águila suelta
la presa que bien nol finche la mano;
yo de tal caso mirable, inhumano,
falléme espantado en un grand desierto,
do vi multitud, non número çierto,
en son religioso e modo profano.

E toda la otra vezina planura
estava çercada de nítido muro,
así trasparente, clarífico, puro,
que mármol de Paro paresçe en albura,
tanto qu’el viso de la criatura,
por la diafana claror de los cantos,
pudiera traer objectos atantos
quantos çelava so sí la clausura.

Mas ya porque en otros algunos lugares
mi vista, bien antes que yo lo demande,
me faze grant cuerpo de cuerpo non grande
quando los medios son especulares,
dixe: «Si formas tan mucho dispares
bien non reguardo, jamás seré ledo
si de más çerca mirar ya non puedo
sus grandes misterios e muy singulares».

Como el que tiene el espejo delante,
maguer que se mire de drecho en drecho,
se parte pagado, mas non satisfecho
como si viese su mesmo semblante,
tal me sentí ya por el semejante,
que nunca así pude fallarme contento
que non desease mirar más atento,
mi vista culpando por no ser bastante.

Estando yo allí con aqueste deseo,
abaxa una nuve muy grande y escura;
el aire fuscando con mucha presura,
me çiega e me ciñe que nada non veo;
e ya me temía, fallándome reo,
non me conteçiese como a Polifemo,
que desque çiego en la gruta de Lemo
ovo lugar el engaño ulixeo.

Mas como tenga miseria liçençia
de dar más aguda la contemplaçión,
y más e más a aquellos que son
privados de toda visiva potençia,
comienço ya quanto con más eloquençia
en este mi cuita, de dialogar,
al pro y a la contra, e a cada lugar
siempre divina llamando clemençia.

Luego resurgen tamaños clarores
que fieren la nuve, dexándola enxuta,
en partes pequeñas así resoluta
que toda la fazen bolar en vapores;
e resta en el medio, cubierta de flores,
una donzella tan mucho fermosa
que ante su gesto es loco quien osa
otras beldades loar de mayores.

Luego del todo ya restituida
ovieron mis ojos su virtud primera,
ca por la venida de tal mensajera
se cobró la parte que estava perdida;
e puesto que fuesse así descogida,
más provocava a bueno e honesto
la gravedad del su claro gesto
que non por amores a ser requerida.

Desque sentida la su proporçión
de humana forma non ser discrepante,
el miedo pospuesto, prosigo adelante
en humil estilo tal breve oraçión:
«O más que seráfica, clara visión,
suplico me digas de donde veniste
e quál es el arte que tú más seguiste,
e cómo se llama la tu discreçión».

Respuso: «Non vengo a la tu presençia
de nuevo, mas antes soy en todas partes;
segundo te digo que sigo tres artes
de donde depende muy grande exçelençia:
las cosas presentes ordeno en essençia,
e las por venir dispongo a mi guisa,
las fechas revelo; si esto te avisa
Divina me puedes llamar Providencia».

«O prinçipesa e disponedora
de gerarchías e todos estados,
de pazes e guerras, e suertes e fados,
sobre señores muy grande señora,
así que tú eres la governadora
e la medianera de aqueste grant mundo,
¿y cómo bastó mi seso infacundo
fruir de coloquio tan alto a desora?

»Ya que tamaño plazer se le ofresçe
a esta mi vida non meresçedora,
suplico tú seas la mi guiadora
en esta gran casa que aquí nos paresçe;
la qual toda creo que más obedesçe
a ti, cuyo santo nombre convoco,
que non a Fortuna, que tiene allí poco,
usando de nombre que nol pertenesçe».

Respuso: «Mançebo, por trámite recto
sigue mi vía, tú, ven, e subçede,
mostrart’he yo algo de aquello que puede
ser apalpado de humano intellecto;
sabrás a lo menos qual es el defecto,
viçio y estado de qualquier persona,
e con lo que vieres contento perdona,
e más non demandes al más que perfecto».

E contra do vido mostrarse la puerta
se iva, levándome ya de la mano;
notar el entrada me manda temprano,
de cómo era grande e a todos abierta.
«Mas una cautela yaze encubierta»,
dixo, «que quema muy más que la brasa,
que todos los que entran en esta grand casa
han la salida dubdosa e no çierta».

«Angélica imagen, pues tienes poder,
dame tal ramo por donde me avises
qual dio la Cumea al fijo de Anchises
quando al Erebo tentó desçender»,
le dixe yo e luego le oí responder:
«Quien fuere constante al tiempo adversario
y más non buscare de lo neçesario
ramo ninguno no avrá menester».

Así razonando, la puerta pasamos,
Así razonando, la puerta pasamos,
por do confluía tamaño gentío
que allí do el ingresso más era vazío
unos a otros estorvo nos damos,
ca por la cosa que mucho andamos
quanto deseo común más se esfuerça,
más nuestra priesa nos daña e nos fuerça,
e lo que queremos menos acabamos.

Como el ferido de aquella saeta
que trae consigo la cruel engorra,
mientras más tira, por bien que l’acorra,
más el retorno lo fiere e aprieta,
así mi persona estava subjecta:
quando pugnava por descabollirme
mi priessa e la de otros me tiene más firme,
non governándome de arte discreta.

Mas la sabia mano de quien me guiava,
veyéndome triste e tanto perplexo,
ovo por bueno de dar a mi quexo
un tal reparo qual yo deseava:
es a saber, de priesa tan brava
me toma e de dentro me pone tan libre,
qual el Penatígero entrando en el Tibre
fue de los griegos de quien reçelava.

Mas preguntadme ya de quant aína
estó en lo más alto de aquella posada,
donde podía ser bien devisada
toda la parte terrestre e marina.
Febo ya espira, pues, de tu doctrina
módulo tanto que cante mi verso
lo que allí vimos del orbe universo
con toda la otra mundana machina.

Si coplas, o partes, o largas diçiones
non bien sonaren d’aquello que fablo,
miremos al seso, mas non al vocablo,
si sobran los dichos segunt las razones,
las quales inclino so las correcçiones
de los entendidos, a quien sólo teman,
mas no de groseros que siempre blasfeman
segunt la rudeza de sus opiniones.

De allí se veía el espérico çentro,
e las çinco zonas, con todo el austral,
brumal, aquilón e la equinoçial,
con la que solstiçia contiene de dentro;
e vi contra mí venir al encuentro
bestias e gentes de estrañas maneras,
mostruos e formas fengidas e veras,
quando delante la casa más entro.

La mayor Asia en la zona terçera
e tierra de Partia vi entre los ríos
Tigris e Indo, de reinos vazíos,
mucho espaçiosa cada qual ribera;
allí la provinçia de Acursia vi qu’era
junta con Persia e con Asiría,
e tierra de Media, do yo creería
la mágica averse fallado primera.

E çerca de Éufrates vi los moabitas,
e Mesopotamia como se tendía,
Arabia e Caldea, do el astronomía
primero fallaron, gentes amonitas,
y los idumeos e medianitas,
e otras provincias de gentes mayores,
las quales pasando, conçedan lectores
perdón a mi mano si non son escriptas.

Vi, de Eufratés al Mediterrano,
a Palestina e Feniçia la bella,
dicha de fénix, que se cría en ella,
o quiçá de Fenis, de Cadino hermano,
el Líbano monte do nasçe el Jordano,
do fue bateado el fi de María,
e vi Comagena con toda Siría
e los nabatheos que agora no esplano.

De parte del austro vi como se llega
la terra de Egipto al Rubro Nereo,
de Egisto así dicha, padre de Linçeo,
la qual cerca Nilo, que toda la riega,
do el çielo sereno jamás non se çiega,
nin el aire padesce nubíferas glebas,
do vi a Mauriçia, el antigua Thebas,
más desolada que Estaçio no allega.

Vi, de la parte qu’el noto se ençiende
el Cáucaso monte como se levanta
con altitud e grandeza tanta
que fasta cerca de Europa se tiende,
de cuyas faldas combate e ofende
la gente amazona, menguada de tetas,
los sármatos, colcos e los masagetas,
e aun los ircanos que son más allende.

Vi luego los montes Iperboreos,
Armenia e Siçia con toda Albanía;
aunque, por quanto prolixo sería,
dexo más otros rincones de ebreos,
de los capadoçes e los amorreos,
e de Niçea,do juntada fue
la sínodo santa que libró la fe
de otros peores que los manicheos.

En la menor Asia mis ojos tornados
vieron aquella Galatia, do fueron
las gentes que al rey Bitinio venieron,
dando socorros bien galardonados;
los campos de Frigia tanto llorados,
Caria, Isauria vimos en pronto,
Lidia, Panfilia e tierra de Ponto,
do Naso e Clemente fueron relegados.

Es vi más aquélla que Europa dixeron,
de la que robada en la taurina fusta
lançó los hermanos por causa tan justa
en la demanda que fin non pusieron;
e contra Trión luego paresçieron
los montes Rifeos e lagos Metoes,
los quales te ruego, lector, que tú loes,
porque vezinos de Gótiga fueron.

E vi la provinçia muy generosa
que es dicha Gotia, segunt nuestro uso,
de allí donde Júpiter alto dispuso,
quando al principio formó cada cosa,
saliese de tierra tan mucho famosa
la gótica gente que el mundo vastase,
por que la nuestra España gozase
de estirpe de reyes atán gloriosa.

Del agua del Tanais contra mediodía
fasta Danubio vi Çisia la baxa
e toda Alemaña, que es una grant caxa,
con los pueblos dacos su tierra muy fría;
e fasta los Alpes se ya paresçía
Reçia, Germanía la superior,
Mesia, Panonia e, para mejor,
todas las partes del reino de Ungría.

Del Mediterrano fasta la grant mar,
de parte del Austro vimos toda Greçia:
Chaonia, Molosia, Eladia, Boeçia,
Epiro e su fuente, la muy singular,
en la qual si fachas queriendo quemar
muertas metieren, se ençienden de fuego,
si bivas las meten, amátanse luego
ca puede dar fuegos e fuegos robar.

La grande Tesalia nos fue demostrada,
y el Olimpo monte que en ella resede,
el qual en altura las nuves exçede,
Arcadia Corintio teniendo abraçada;
e desde los Alpes vi ser levantada
fasta las lindes del grant Oçeano
Italia, la qual del pueblo romano
Saturnia fue dicha en la era dorada.

E vi las tres Galias, conviene a saber,
Ludunia, Aquitania, e la de Narbona,
que del primer franco que tovo corona
en Françia su nombre les quiso bolver;
aquésta comiença de proçeder
del monte de Jovis e tanto resalta
que tiende sus fines fasta la mar alta,
que con los britanos tienen que fazer.

Vi las provinçias de España e poniente:
la de Tarragona, la de Çeltiberia,
la menor Cartago que fue la d’Esperia,
con los rincones de todo oçidente;
mostróse Vandalia, la bien paresçiente,
e toda la tierra de la Lusitania,
la brava Galiçia con la Tingitania,
donde se cría ferosçe la gente.

Vimos allende lo más de Ethiopia,
e las provinçias de África todas;
las Sirtes d’Amón, do son los tripodas,
con lo que confina la tierra de Lopia;
Marmárida toda, do es la grant copia
de gente veloçe de los trogloditas;
las áforos, gentes atán imperitas
que de casas e fierros padesçen inopia.

El Catabathmón fue luego patente;
la Cirenaica, región de paganos,
e toda la tierra de los numidanos,
allí do Jugurta se fizo valiente;
Pentapolín conosçimos siguiente,
Getulia, Bisante, con más de otra tanta
tierra que pueblan los de Garamanta,
desde que Juba les fue prepotente.

El mar así mesmo se nos representa,
con todas las islas en él descubiertas,
tan bien de las aguas bivas como muertas,
e donde bonança non teme tormenta:
Las Estegades vi, nueve por cuenta,
Rodas, e Creta la çentipolea;
Çicladas, las quales qualquier que las vea
seis verá menos para ver sesenta.

Naxón la redonda se quiso mostrar,
Colcos, Ortigia, llamada Delós,
de la qual Delio se dixo aquel dios
que los poetas suelen invocar;
e vimos las islas Eolias estar,
Icaria, a la qual el náufrago dio
de Icaro nombre, que nunca perdió,
el mal governado de sabio volar.

Mostróse Samos e las Baleares,
Corçega, Bosis e las Vulcaneas,
las Gorgonas, islas de las Meduseas,
e otras partidas que son por las mares;
vimos a Trinacria con sus tres altares,
Peloro, Pachino e más el Etneo,
donde los fuegos insufla Tifeo,
formando gemidos e bozes dispares.

Segunt fazen muchos en reino estrangero
si alguno vïesse lo que nunca vido,
si non lo desdeña e está detenido
los otros retratan de tal compañero;
ca es reputado por mucho grossero
quien faze tal fiesta de lo nuevo a él,
que entiendan los otros que son çerca d’él
que non ovo dello notiçia primero;

así retractado e redargüido
de mi guiadora sería yo, quando
el mundo me vido que andava mirando
con ojos y seso allí embeveçido;
ca vi que me dixo en son aflegido:
«Déxate d’esto, que non faze al fecho;
mas mira: veremos al lado derecho
algo de aquello porque eres venido».

Bolviendo los ojos a do me mandava,
vi más adentro muy grandes tres ruedas:
las dos eran firmes, inmotas e quedas,
mas la de en medio boltar non çesava;
e vi que debaxo de todas estava,
caída por tierra, gente infinita,
que avía en la fruente cada qual escripta
el nombre e la suerte por donde passava,

aunque la una que non se movía,
la gente que en ella avía de ser
e la que debaxo esperava caer
con túrbido velo su mote cobría;
yo que de aquesto muy poco sentía,
fiz de mi dubda complida palabra,
a mi guiadora rogando que abra
esta figura que non entendía.

La qual me respuso: «Saber te conviene
que de tres edades te quiero dezir:
passadas, presentes e de por venir;
ocupa su rueda cada qual e tiene;
las dos que son quedas, la una contiene
la gente passada, e la otra futura;
la que se buelve en el medio procura
la que en el siglo presente detiene.

»Así que conosçe tú que la terçera
contiene las formas e las simulacras
de muchas personas profanas e sacras
de gente que al mundo será venidera;
por ende cubierta de tal velo era
su faz, aunque formas tú viesses de hombres,
porque sus vidas aun nin sus nombres
saberse por seso mortal non podiera.

»El humano seso se çiega e oprime
en las baxas artes que le da Minerva;
pues ve qué faría en las que reserva
aquél que los fuegos corruscos esgrime;
por eso ninguno non piense ni estime
prestigïando poder ser çiente
de lo conçebido en la divina mente,
por mucho que en ello trasçenda ni rime.

»Mas esto dexado, ven, ven tú comigo,
e faste a la rueda propinco ya quanto
de los passados, si quiés ver espanto;
mas sey bien atento en lo que te digo:
que por amigo nin por enemigo,
nin por buen amor de tierra nin gloria,
nin finjas lo falso nin furtes estoria,
mas di lo que oviere cada qual consigo»

A la rueda fechos ya quanto çercanos,
de orbes setenos vi toda texida
la su redondeza por orden devida,
mas non por industria de mortales manos;
e vi que tenía de cuerpos humanos
cada qual çírculo de aquestos siete
tantos e tales que non podría Lete
dar en olvido sus nombres ufanos.

Pues vimos al fijo de aquél que sobró
por arte mañosa más que por estinto
los muchos reveses del grand Laberinto
y al Minotauro a la fin acabó;
la buena Ipermestra nos aparesció,
con vulto más pio que toda la Greçia,
e, sobre todas, la casta Lucreçia
con esse cuchillo que se desculpó.

A ti, muger vimos del grant Mauseolo,
tú que con lágrimas nos profetizas,
las maritales regando çenizas,
viçio ser biuda de más de uno solo;
e la compañera del lleno de dolo,
tú, Penelope, la qual en la tela
tardaste demientra resçibe la vela
los vientos negados a él por Eolo.

También en la rueda vimos sublimada,
llena de méritos muchos, a Argía,
e vi que la parte derecha tenía
Alcides quasi del todo ocupada,
a fuer de montero, con maça clavada,
bien como quando librava en el siglo
los calidones del bravo vestiglo
e la real mesa de ser ensuziada.

Yo, que veía ser ofiçiosos
los ya memorados en virtud diversa,
veyendo la rueda que en uno los versa,
los mis pensamientos non eran oçiosos;
miró Providencia mis actos dubdosos:
«Non te maravilles atanto», respuso,
«sabida la orden que Dios les impuso,
nin se te fagan tan maravillosos.

»Dispuso ab inicio la mente superna
que círculo d’estos aquí no paresca
sin que la gente de aquél obedesca
las costelaciones de quien lo govierna;
pues tu juizio, si sabe, descerna
que cada qual de los siete planetas
sus operaçiones influye perfectas
a cada qual orbe por gloria in eterna.

»Así que la Luna, que es la primera,
en el primer çerco imprime su acto,
segunda en segundo conserva tal pacto;
terçero non menos, pues, con la terçera;
e todos de todas, por esta manera,
son inclinados a disposiçión
de las virtudes e costelaçión
de la materia de cada una spera.

»Al çerco por ende que tienes ya visto,
llámale círculo, tú, de la Luna,
e faz así nombre, pues, de cada una,
por que non buelvas el caso tan misto;
agora ya donde dubdavas insisto:
si viste las castas con los caçadores,
es porque asignan aquí los auctores
d’esta planeta tal grado bien quisto.

»Fazte a la rueda, pues, de los presentes
por que las veas entramas a dos,
e de las dubdas requieras a nos;
solvértelas hemos en versos patentes;
e visto el un çerco de passadas gentes,
verás el otro d’esta condiçión
de las personas modernas que son:
pues abre los ojos e para tú mientes».

Atento seguntme mandava,mirando,
vi los tres fados, e Cloto el primero,
Lachesis segundo, Atropos el terçero,
en vezes alternas la rueda girando;
e vi sobre todas estar imperando
en el primero cerco de Diana
una tal reina que toda la hmana
virtud paresçía tener a su mando.

De cándida púrpura su vestidura
bien denotava su grant señorío;
non le ponía su fausto más brío,
nin le privava virtud fermosura;
vençíase d’ella su ropa en albura,
e ramo de palma su mano sostiene,
don que Diana por más rico tiene,
más mesurada que toda mesura.

Vi de la parte del siniestro lado,
al serenísimo rey, su marido,
la mesma librea de blanco vestido,
non descontento de tal baxo grado;
e vi de la parte del diestro costado
una tal reina muy esclaresçida,
que de virtudes de muy clara vida
tenía lo blanco del manto brordado.

Volvíme con aire de dubdosa cara
a la ensolvedora de mis ignorançias,
como de niño que de sus infançias
la madre benigna non triste separa;
tal Providencia se me demostrara,
diziéndome tanto: «Conosco ya bien
que tu desseo será saber quien
pueda ser esta tal gente así clara.

»La que la silla más alta tenía
non la devieras aver por estraña:
era la ínclita reina d’España,
muy virtuosa, doña María,
la qual, allende de su grant valía,
allende de reina de los castellanos,
goza de fama tan rica de hermanos,
Césares otros en la monarchía.

»Goza de mucha prudençia e verdat;
goza de don inmortal de justiçia;
ha de virtudes aquella notiçia
que en fembra demanda la honestidat.
Si fuesse trocada su humanidat,
segund que se lee de la de Çeneo,
a muchos faría, segund que yo creo,
domar los sus viçios con su justedat.

»La otra que vimos a la mano diestra,
era la reina de aragoneses,
la qual, mientra sigue su rey los arneses,
rige su reino la reina maestra;
así, con la mucha justiçia que muestra,
mientras más reinos conquiere el marido,
más ella zela el ya conquerido:
¡Guarda qué gloria de España la vuestra!

»Muy pocas reinas de Greçia se falla
que limpios oviessen guardados los lechos
a sus maridos, demientra los fechos
de Troya non ivan en fin por batalla;
mas una si ovo: es otra, sin falla,
nueva Penélope aquesta por suerte;
¡pues piensa qué fama le deve la muerte,
quando su gloria la vida non calla!»

Poco más baxas vi otras enteras,
la muy casta dueña de manos crueles,
digna corona de los Coroneles,
que quiso con fuego vencer sus fogueras.
¡O quírita Roma, si d’ésta supieras
quando mandavas el grant universo,
qué gloria, qué fama, qué prosa, qué verso,
qué templo vestal a la tal le fizieras!

De otras non fablo, mas fago argumento,
cuya virtud maguer que reclama,
sus nombres escuros esconde la Fama
por la baxa sangre de su nasçimiento;
mas non dexaré dezir lo que siento,
es a saber, que las baxas personas
roban las claras e santas coronas
e han de los viçios menor pensamiento.

A vos pertenece tal orden de dar,
rey exçellente, muy grande señor,
así como prínçipe legislator
la vida política siempre zelar,
por que pudiçiçia se pueda guardar
e tomen las gentes seguros los sueños,
punir a los grandes como a los pequeños,
a quien non perdona non le perdonar.

Como las telas que dan las arañas
las leyes presentes non sean atales:
que prenden los flacos, viles animales
e muestran en ellos sus lánguidas sañas,
las bestias mayores que son más estrañas
passan por todas, rompiendo la tela,
así que non obra vigor la cautela
si non contra flacas e pobres compañas.

Aprendan los grandes bevir castamente,
non vençan en viçios los brutos salvajes;
en vilipendio de muchos linages
viles deleites non viçien la gente;
mas los que presumen del mundo presente
fuyan de donde los daños renaçen;
si lindos cobdiçian ser fechos, abraçen
la vida más casta con la continente.

Es abstinencia de vil llegamiento
la tal castedat, después ya de quando
se va la noticia del viçio dexando,
remoto por obras e mal pensamiento;
e non solamente por casto yo cuento
quien contra las flechas de Venus se escuda,
mas el que de viçio qualquier se desnuda
e ha de virtudes novel vestimento.

Vi los que sano consejo tovieron
e los que componen en guerra las pazes,
e vimos a muchos fuera d’estas hazes
que justas ganançias mercando quisieron,
e otros que libres sus tierras fizieron,
e los que por causa de evitar más daños
han relevado los grandes engaños,
a muchos librando que non se perdieron.

Nestor el antigo se nos demostró,
e los oradores mejor resçebidos
del fijo de Fauno que non despedidos,
el rey que su fijo ya muerto mercó,
e Capis, aquél que siempre temió
los daños ocultos del Paladión,
con el sacro vate de Laocoón,
aquél que los dragos de Palas çiñió.

Debaxo de aquéstos yo vi derribados
los que las pazes firmadas ya rompen,
e los que por preçio virtudes corrompen,
metiendo alimentos a los renegados;
allí vi grant clero de falsos perlados
que fazen las cosas sagradas venales.
¡O religión religada de males,
que das tal doctrina a los mal doctrinados!

Pues vimos a Pándaro el dardo sangriento,
hermano de aquel buen arquero de Roma,
que por Menesteo la libre paloma
firió donde iva bolando en el viento,
el qual a los nervios así del amiento
contra las dóricas gentes ensaña
que toda la tregua firmada les daña,
dándoles campo de pazes esento.

Allí te fallamos, o Polinestor,
cómo truçidas al buen Polidoro
con fambre maldita del su grant thesoro,
non te membrando de fe nin de amor;
ya se t’açerca aquel vil Antenor,
triste comienço de los paduanos;
allí tú le davas, Eneas, las manos,
aunque Virgilio te dé más honor.

Estavas, Isifle, allí vergoñosa,
vendiendo la vida de tu buen marido,
de ricos collares tu seso vençido,
quisiste ser biuda, más non deseosa.
¡O siglo nuestro, edat trabajosa,
si fallarían los que te buscasen
otras Isifles que desseassen
dar sus maridos por tan poca cosa!

Non buenamente te puedo callar,
Opas maldito, ni a ti, Julián,
pues sois en el valle más fondo de afán
que non se redime jamás por llorar;
¿quál ya crueza vos pudo indignar
a vender un día las tierras e leyes
de España, las quales puxança de reyes
en años atantos non pudo cobrar?

A la moderna bolviéndome rueda,
fondón del çilénico çerco segundo,
de viçios semblantes estava el profundo
tan lleno que non sé fablar quien lo pueda.
Ved si queredes la gente que queda
darme liçençia que vos la señale,
mas al presente fablar non me cale:
verdat lo permite, temor lo devieda.

¡O miedo mundano!, que tú nos compeles
grandes plazeres fingir por pesares,
que muchos Enteles fagamos ya Dares
e muchos de Dares fagamos Enteles;
fazemos de pocos muy grandes tropeles,
buenos nos fazes llamar los viçiosos,
notar los crueles por muy pïadosos
e los pïadosos por mucho crueles.

Bien como siervo, que por la fe nueva
del su patrono se muestra más bivo,
por que le pueda fuir de cativo
dize por boca lo qu’él non aprueva,
semblantes temores la lengua nos lleva
a la mendaçia de la adulaçión
así que qualquiera fará conclusión
que diga lo falso mas non lo que deva.

¿Quién assí mesmo dezir non podría
de cómo las cosas sagradas se venden
e los viles usos en que se despienden
los diezmos ofertos a Santa María?
Con buenas colores de la clerezía
dissipan los malos los justos sudores
de simples e pobres e de labradores,
çegando la santa católica vía.

Cesárea se lee que con terremoto
fuesse su muro por tierra caído,
las gentes y pueblo todo destruído,
que non quedó lienço que non fuese roto;
mas sólo su templo fallamos inmoto,
e la clerezía con el su perlado:
salvo, seguro fue d’esto librado
por su honesto bivir e devoto.

Si tal terremoto nos acaesciese,
lo que la divina clemencia non quiera,
por lo contrario presumo que fuera
de qualquiera villa donde se feziese,
e antes presumo que oy se fundiese
la clerezía con todo su templo,
e que la villa quedase en exemplo
libre, sin daño ninguno que fuese.

La vuestra sacra e real magestad
faga en los súbditos tal benefiçio
que cada qual use assí del ofiçio
que queden las leyes en integridad,
así que cobdiçia nin rapaçidat
non nos ofenda lo bien ordenado,
por que departa de qualquier estado
la vil avariçia su sagaçidat.

Es avariçia, doquiera que mora,
viçio que todos los bienes confonde,
de la ganançia, doquier que se asconde,
una solíçita inquisidora;
sirve metales, metales adora,
de robos notorios golosa garganta,
que de lo ganado sufre mengua tanta
como de aquello que espera aun agora.

Venidos a Venus, vi en grado espeçial
los que en el fuego de su joventud
fazen el viçio ser tanta virtud
por el sagramento matrimonial;
fondón d’estos çercos vi grant general
de muchos linages caídos en mengua,
que non sabe cómo se diga mi lengua
tantas espeçies e formas de mal.

Eran adúlteros e fornicarios,
e otros notados de inçestuosos,
e muchos que juntan tales criminosos
e llevan por ello los viles salarios,
e los que en efectos así voluntarios
su vida deleitan en vano pecando,
e los maculados del crimen nefando,
de justa razón e de toda contrarios.

Vimos en uno vilmente abraçados
la compañera de aquel grant Atrides,
duque de todas las greçianas lides,
tomar con Egisto solazes furtados;
e vimos a Mirra, con los derribados,
hermana ya fecha de quien era madre,
e madre del fijo de su mesmo padre,
en contra de leyes humanas e grados.

Allí era aquél que la casta cuñada
fizo por fuerça non ser más donzella,
comiendo su fijo en pago de aquélla
que por dos maneras d’él fue desflorada;
e vimos en forma muy mal aviltada
ser con Macareo la triste Canaçe,
de los quales amos un fijo tal naçe
que la humana vida dexó injuriada.

De los Centauros el padre gigante
allí lo fallamos con muy poca graçia,
al que fizo Juno con la su falaçia
en forma mintrosa cumplir su talante;
e vimos, movidos un poco adelante,
plañir a Pasife sus actos indignos,
la qual antepuso el toro a tí, Minos;
non fizo Çilla troque semejante.

Tanto andovimos el çerco mirando
que nos fallamos con nuestro Macías,
e vimos que estava llorando los días
con que su vida tomó fin, amando;
lleguéme más çerca, turbado, yo quando
vi ser un tal hombre de nuestra nación,
e vi que dezía tal triste canción,
en elegíaco verso cantando:

«Amores me dieron corona de amores
por que mi nombre por más bocas ande;
entonçes non era mi mal menos grande
quando me davan plazer sus dolores;
vençen el seso los dulçes errores,
mas no duran siempre segunt luego plazen;
pues me fizieron de mal que vos fazen,
sabed al amor desamar, amadores.

»Fuid un peligro tan apassionado;
sabed ser alegres; dexad de ser tristes;
sabed desservir quien tanto servistes,
a otros que amores dad vuestro cuidado;
los quales, si diesen por un igual grado
sus pocos plazeres segunt su dolor,
no se quexara ningunt amador
nin desesperara ningunt desamado.

»E bien como quando algunt malfechor,
al tiempo que fazen de otro justiçia,
temor de la pena le pone cobdiçia
de allí adelante bevir ya mejor,
mas desque passado por él el temor,
vuelve a sus viçios como de primero,
así me bolvieron a do desespero
deseos que quieren que muera amador».

Tan grant multitud turbada veyendo
por fuego viçioso de ilíçito amor,
fablé: «Providençia, tú dime mejor
aquesta mi dubda que yo non entiendo;
éstos atanto discretos seyendo,
¿por qué se quisieron amar çiegamente?;
bullada devieran tener en la fruente
la pena que andan aquí padesçiendo».

Respuso reyendo la mi compañera:
«Nin causan amores nin guardan su tregua
las telas del fijo que pare la yegua;
nin menos agujas fincadas en çera,
nin filos de alambre nin agua primera
del mayo bevida con vaso de yedra,
nin fuerça de yervas, nin virtud de piedra,
nin vanas palabras de la encantadera.

»Mas otras razones más justas convocan
los coraçones a las amistades:
virtudes e vidas en conformidades,
e sobre todo beldades provocan,
e delectaciones a muchos advocan,
e quando los dones son bien resçebidos,
o por linage naçer escogidos,
o dulçes palabras allí donde tocan.

»Val assí mesmo para ser amado
antiçiparse primero en amar:
non es ninguno tan duro en el dar
que algo non diese si mucho ha tomado;
pues mucho deviera ser más que culpado
aquel coraçón que si no querer
quiere, que quiera querido non ser,
o por ser querido biva despagado.

»Estonçes se puede obrar discreçión
si amor es ficto, vaníloquo, pigro;
mas el verdadero non teme peligro
nin quiere castigos de buena razón,
nin los juizios de quantos ya son
le estorvan la vía de como la entiende,
ante sus flamas mayores ençiende
quando le ponen mayor defensión».

Por ende, monarcha, señor valeroso,
el regio çeptro de vuestra potençia
fiera mesclando rigor con clemençia,
por que vos tema qualquier criminoso,
e los viles actos del libidinoso
fuego de Venus del todo se maten,
e los humanos sobre todo caten
el limpio cathólico amor virtuoso.

El qual es tal medio de dos coraçones
que la voluntad que estava no junta
la su dulçedumbre concorda e ayunta,
faziéndoles una sus dos opiniones,
e dando tal parte de sus afecçiones:
a los amadores sin gozo cadena,
e a los amados deleite sin pena,
a los menos méritos más galardones.

Aquí vi grant turba de santos doctores
e contemplativos de aquel buen saber
que para siempre nos puede valer,
faziéndonos libres de nuestros errores;
philósofos grandes e flor de oradores,
aquí çitaristas, aquí los profetas,
astrólogos grandes, aquí los poetas,
aquí quadruvistas, aquí sabidores.

Está sobre todos grant turba compuesta
de claros maestros, doctores muy santos;
estava Gerónimo alçando los cantos,
Gregorio, Agustino velando respuesta;
e vimos el santo doctor cuya fiesta
nuestro buen César jamás soleniza,
e otros doctores a quien canoniza
la silla romana por vida modesta.

Vi los philósofos Crato e Polemo,
el buen Empedocles y doto Zenón,
Aristótiles çerca del padre Platón,
guiando a los otros con su dulçe remo;
vimos a Sócrates tal que lo temo,
con la ponçoña mortal que bevía,
e vi a Pitágoras que defendía
las carnes al mundo comer por estremo.

Vi a Demóstenes e a Gabiano,
e vi más a Tulio con su rica lengua,
Casio Severo, sofriendo grant mengua,
dado en exilio del pueblo romano;
Mostróse Domiçio, rector africano,
e vimos a Pluçio con Apolodoro,
e vimos la lumbre del claro thesoro
del nuestro rectórico Quintilïano.

Mostróse Tubal, primero inventor
de cónsonas bozes e dulçe armonía;
mostróse la farpa que Orpheo tañía
quando al infierno lo truxo el amor;
mostrósenos Fíliris, el tañedor,
maestro de Archiles en çitarizar,
aquel que por arte ferir e domar
pudo a un Archiles, tan grand domador.

La compañía virgínea, perfecta
vimos en acto de vidas tranquilas,
el décimo número de las Sibilas,
que cada qual pudo llamarse profeta:
estava la Pérsica con la Dimeta,
e la Babilónica, grand Eritea,
e la Frigiana, llamada Albunea,
vimos estar con la Delfijineta.

Femonoé por orden la sesta
estava, la qual en versos sotiles
cantó pregonando las guerras ceviles,
de quien ovo Apio la triste respuesta;
vimos a Líbisa, virgen honesta;
estava Vetona con el Amatea;
era la déçima aquella Cumea
de quien los romanos fazen oy fiesta.

Vimos a Omero tener en las manos
la dulçe Ilíada con el Odisía;
el alto Virgilio vi que lo seguía
Ennio con otro montón de romanos:
trágicos, líricos, elegïanos,
cómicos, sátiros, con eroístas,
e los escriptores de tantas conquistas
quantas nasçieron entre los humanos.

¡O flor de saber e de cavallería!,
Córdova madre, tu fijo perdona
si en los cantares que agora pregona
non divulgare tu sabiduría;
de sabios valientes loarte podría
que fueron espejo muy maravilloso:
por ser de ti mesma, seré sospechoso;
dirán que los pinto mejor que devía.

Venimos al çerco de nuestros presentes,
donde fallamos muy pocos de tales:
oy la doctrina mayor es de males
que non de virtudes açerca las gentes;
mas entre otros allí prefulgentes
vimos a uno lleno de prudençia,
del qual preguntada la mi Providençia,
respuso dictando los versos siguientes:

«Aquel que tú vees estar contemplando
el movimiento de tantas estrellas,
la obra, la fuerça, la orden de aquéllas,
que mide los cursos de cómo e de quándo,
e ovo notiçia philosofando
del movedor e de los comovidos,
de lumbres e rayos e son de tronidos,
e supo las causas del mundo velando,

»aquel claro padre, aquel dulçe fuente,
aquél que en el Cástalo monte resuena,
es don Enrique, señor de Villena,
honrra de España e del siglo presente».
¡O ínclito sabio, autor muy çïente,
otra y aún vegada yo lloro
porque Castilla perdió tal thesoro,
non conosçido delante la gente!

Perdió los tus libros sin ser conosçidos,
e cómo en esequia te fueron ya luego
unos metidos al ávido fuego,
otros sin orden non bien repartidos;
çierto en Athenas los libros fengidos
que de Pitágoras se reprovaron
con çerimonia mayor se quemaron,
quando al senado le fueron leídos.

Fondón d’estos çercos vi ser derribados
los que escodriñavan las dañadas artes,
e la su culpa vi fecha dos partes,
de los que las muestran e de los demostrados;
magos, sortílegos mucho dañados,
prestigïantes vi luego seguiente,
e los matemáticos que malamente
tientan objectos a nos devedados.

Los ojos dolientes al cerco baxando,
vimos la forma del mago Tereo,
con la d’Erito que a Sesto Pompeo
dio la respuesta, su vida fadando;
estava sus fijos despedaçando.
Medea, la inútil nigromantessa,
ferida de flecha mortal de deessa,
que non supo darse reparos amando.

Estavan las fembras Liçinia e Publiçia,
dando, en obprobio de los sus linages,
a sus maridos mortales potages,
mesclados con yervas llenas de maliçia;
ca, desque se pierde la grant pudiçiçia,
virtud nesçesaria de ser en la fembra,
tal furia cresçe, tal odio se siembra,
que han los maridos en inimiçiçia.

Por ende vosotros, algunos maridos,
si sois trabajados de aquella sospecha,
nunca vos sienta la vuestra derecha,
nin menos entiendan que sois entendidos;
sean remedios enante venidos
que nesçesidades vos trayan dolores;
a grandes cautelas, cautelas mayores:
más val prevenir que non ser prevenidos.

Para quien teme la furia del mar
e las tempestates reçela de aquélla,
el mejor reparo es no entrar en ella,
perder la cobdiçia del buen navegar;
mas el que de dentro presume de andar
sin que padesca miseria ninguna,
a la primera señal de fortuna
deve los puertos seguros tomar.

A vos, poderoso grand rey, pertenesçe
fazer destruir los falsos saberes
por donde los ombres e malas mugeres
asayan un daño mayor que paresçe;
una grand gente de la que pereçe
muere secreto por arte malvada,
e fingen que fuesse su muerte causada
del mal que a los malos pensar no fallesçe.

Magnífico prínçipe, non lo demanda
la grant honestad de los vuestros siglos
sufrir que se críen atales vestiglos
que matan la gente con poca vianda;
la mucha clemençia, la ley mucho blanda
del vuestro tiempo non cause maliçias
de nuevas Medeas e nuevas Publiçias:
baste la otra miseria que anda.

Las líçitas artes con vuestra clemençia
crescan a bueltas los rectos ofiçios,
caigan los daños; fenescan los viçios,
non disimule más mal la paçiençia,
por que contemplen en vuestra presençia
los años quinientos de vuestra grant vida,
el arte malvada por vos destruida,
e más restaurada la santa prudençia.

Es la prudençia çiençia que mata
los torpes deseos de la voluntad,
sabia en lo bueno, sabida en maldat,
mas siempre las vías mejores acata;
destroça los viçios, el mal desbarata,
a los que la quieren ella se combida;
da buenos fines, seyendo infinida,
e para el ingenio más neto que plata.

Ya reguardamos el çerco de Mares
do vimos los reyes en la justa guerra
e los que quisieron morir por su tierra,
e los enemigos sobraron a pares;
e vimos debaxo, sufriendo pesares,
los bellicosos en cabsas indignas
e los que morieron en ondas marinas
e d’otros sobervios muy muchos millares.

Los fuertes Metellos allí se mostravan,
sepulcro rabioso de cartageneses;
allí relumbravan los claros arneses
de aquellos Camilos que a Françia bastavan;
los dos compañeros acordes estavan
Petreo e Afraneo, vedando con saña
la gente de Çésar entrar en España,
segunt que de Lérida lo porfiavan.

Vimos a Craso, sangrienta el espada
de las batallas que fizo en Oriente,
aquél de quien vido la romana gente
su muerte plañida, mas nunca vengada;
e vimos la mano de Muçio quemada,
al qual la salud del fuerte guerrero
más triste lo dexa que no plazentero
le faze la vida por él otorgada.

Belígero Mares, tú, sufre que cante
las guerras que vimos de nuestra Castilla,
los muertos en ellas, la mucha manzilla
que el tiempo presente nos muestra delante;
dame tú, Palas, favor ministrante,
a lo que se sigue depara tal orden
que los mis metros al fecho concorden
y goze verdat de memoria durante.

Allí sobre todos Fortuna pusiera
al muy prepotente don Johan el segundo:
de España no sola, mas de todo el mundo
rey se mostrava, segunt su manera,
de armas flagrantes la su delantera,
guarnida la diestra de fúlmina espada,
y él de una silla tan rica labrada
como si Dédalo bien la fiziera.

El qual reguardava con ojos de amores,
como faría en espejo notorio,
los títulos todos del grant abolorio
de los sus ínclitos progenitores,
los quales tenían en ricas labores
çeñida la silla de imaginería,
tal que semblava su masonería
iris con todas sus bivas colores.

Nunca el escudo que fizo Vulcano
en los etneos ardientes fornaçes,
con que fazía temor a las hazes
Archiles delante del campo troyano,
se falla tuviesse pintadas de mano
nin menos escultas entretalladuras
de obras mayores en tales figuras
como en la silla yo vi que desplano.

Allí vi pintadas por orden los fechos
de los Alfonsos, con todos sus mandos,
e lo que ganaron los reyes Fernandos,
faziendo más largos sus regnos estrechos;
allí la justiçia, los rectos derechos,
la mucha prudençia de nuestros Enrriques,
por que los tales tú, Fama, publiques,
e fagas en otros semblantes provechos.

Escultas las Navas están de Tolosa,
triumfo de grande misterio divino,
con la morisma que de África vino
pidiendo por armas la muerte sañosa;
están por memoria también glorïosa
pintadas en uno las dos Algeziras;
están por espada domadas las iras
de Almofaçén, que nos fue mayor cosa.

Cresçían los títulos frescos a bueltas
de aqueste rey nuestro muy esclaresçido,
los quales avrían allende cresçido
si non recresçieran algunas rebueltas,
las quales, por pazes eternas disueltas
presto nos vengan a puerto tranquilo,
por que Castilla mantenga en estilo
toga y oliva, non armas y peltas.

Con dos quarentenas e más de millares
le vimos de gentes armadas a punto,
sin otro más pueblo inerme allí junto,
entrar por la vega talando olivares,
tomando castillos, ganando lugares,
faziendo por miedo de tanta mesnada
con toda su tierra temblar a Granada,
temblar las arenas fondón de los mares.

Mucha morisma vi descabeçada
que, más que reclusa detrás de su muro
nin que gozase de tiempo seguro,
quiso la muerte por saña de espada;
e mucha más otra por pieças tajada,
quiere su muerte tomarla más tarde:
fuyendo non fuye la muerte covarde,
que más a los viles es siempre llegada.

Como en Seçilia resuena Tifeo,
o las ferrerías de los milaneses,
o como gridavan los sus entremeses
las saçerdotisas del templo lieo,
tal vi la buelta de aqueste torneo;
en tantas de bozes prorrompe la gente
que non entendía sinon solamente
el nombre del fijo del buen Zebedeo.

E vimos la sombra de aquella figuera
donde a desoras se vido criado
de muertos en pieças un nuevo collado,
tan grande que sobra razón su manera;
e como en arena do momia se espera,
súbito viento levanta grant cumbre,
así del otero de tal muchedumbre
se espanta quien antes ninguno non viera.

¡O virtuosa, magnífica guerra!
En ti las querellas bolverse devían,
en ti do los nuestros muriendo bivían
por gloria en los çielos y fama en la tierra,
en ti do la lança cruel nunca yerra
nin teme la sangre verter de parientes:
revoca concordes a ti nuestras gentes
de tales quistiones y tanta desferra.

Non convenía por obra tan luenga
fazer esta guerra, mas ser ella fecha,
aunque quien viene a la vía derecha
non viene tarde, por tarde que venga;
pues non se dilate ya más nin detenga,
ayan envidia de nuestra victoria
los reinos vezinos, e non tomen gloria
de nuestra discordia mayor que convenga.

Otros entalles non tanto bruñidos
con epitafios de títulos çiertos
vi cómo eran deletos e muertos,
unos testados e otros raídos:
en los que pudieron por mí ser leídos
las guerras que ovo Aragón fallarán,
real de Hariza e Belamaçán,
do non vençedores fallé nin vençidos.

Vi más la furia çevil de Medina
e vi los sus muros non bien foradados,
vi despojadores e vi despojados
fechos acordes en paz muy aína;
vi que a su rey cada qual inclina
yelmo, cabeza, con el estandarte,
e vi dos estrenos fechos una parte,
temiendo la justa real desçeplina.

Bien como quando respuso en el huerto
el Sumo Maestro de nuestras merçedes
aquel mote santo de «¿A quién queredes?»
a fijos de los que libró del desierto,
e como aquel pueblo cayó casi muerto,
así en Medina, siguiendo tal ley,
vista la cara de nuestro grant rey,
le fue todo llano e allí descubierto.

Segunt que se fazen el viso más fiero
los que entran en juego llamado palestra,
en quanto son dentro su saña se muestra,
mas fuera se ríen como de primero,
así fazen muchos en lo postrimero
los ínclitos reyes e grandes señores:
buelven en gozo sus muchos rigores
e nunca el enojo les es duradero.

Mirad a los fines, vosotros, por ende,
si sois de diversas quistiones secaçes;
non vos engañen los vultos minaçes,
ca uno a las vezes por otro se entiende;
yerra quien fabla do se reprehende;
en dichos e fechos bevid mesurados,
ca buelven acordes los desacordados
e queda ofendido quien antes ofende.

Baxé más mis ojos, mirando las gentes
que vi sublimadas del trono mavorçio,
dignas el mucho famoso consorçio
donde fallamos los muy prepotentes;
yo que mirava los tan inoçentes
en un cavallero tardança más fiz,
del qual preguntada por mí la dutriz
respuso ditando los metros siguientes:

«Aquel que en la barca paresçe asentado,
vestido de engaño de las bravas ondas,
en aguas crueles ya más que non fondas
con una grant gente en el mar anegado,
es el valiente, non bien fortunado,
muy virtüoso, perínclito conde
de Niebla, que todos sabéis bien adónde
dio fin, el día del curso fadado.

»E los que lo çercan por alderredor,
puesto que fuesen magníficos ombres,
los títulos todos de todos sus nombres,
el nombre los cubre de aquel su señor;
ca todos los fechos que son de valor
para mostrarse por sí cada uno,
quando se juntan e van de consuno,
pierden su nombre delante el mayor.

»Arlança, Pisuerga e aun Carrión
gozan de nombres de ríos; empero,
después que juntados, llamámoslos Duero:
fazemos de muchos una relaçión;
oye por ende, pues, la perdiçión
de sólo el buen conde sobre Gibraltar;
su muerte, llorada de digno llorar,
provoque tus ojos a lamentaçión.

»En la su triste fadada partida
muchas señales que los marineros
han por auspiçios e malos agüeros
fueron mostradas negar su venida;
las quales veyendo, con boz dolorida,
el cauto maestro de toda su flota
al conde amonesta del mal que denota,
por que la vía fuesse resistida.

»’Ca he visto’, dize, ‘señor, nuevos yerros
la noche passada fazer las planetas;
con crines tendidas arder las cometas,
e dar nueva lumbre las armas e fierros,
gridar sin ferida los canes e perros,
triste presagio fazer de peleas
las aves noturnas e las funereas
por los collados, alturas e çerros.

»’Vi que las gúminas gruesas quebravan
»’Vi que las gúminas gruesas quebravan
quando las áncoras quis levantar;
vi las entenas por medio quebrar,
aunque los cárbasos no desplegavan;
los másteles fuertes en calma temblavan;
los flacos triquetes con la su mezana
vi levantarse de non buena gana
quando los vientos se no conbidavan.

»’En la partida del resto troyano
de aquella Cartago del bírseo muro,
el voto prudente del buen Palinuro
toda la flota loó de más sano,
tanto que quiso el rey muy humano,
quando lo vido, pasado Acheronte
con Leucaspis açerca de Oronte,
en el Averno tocarle la mano.

»’Ya pues, si deve en este grant lago
guiarse la flota por dicho del sage,
vos dexaredes aqueste vïage
fasta ver día non tan azïago;
las deidades levar por falago
devedes, veyendo señal de tal plaga;
non dedes causa a Gibraltar que faga
en sangre de reyes dos vezes estrago’.

»El conde, que nunca de las abusiones
creyera, nin menos de tales señales,
dixo: ‘Non pruevo por muy naturales,
maestro, ninguna de aquestas razones;
las que me dizes nin bien perfecçiones
nin veras prenósticas son de verdat,
nin los indiçios de la tempestad
non veemos fuera de sus opiniones.

»’Aun si yo viera la mestrua luna
con cuernos escuros mostrarse fuscada,
muy rubicunda o muy colorada,
creyera que vientos nos diera Fortuna;
si Febo, dexada la delia cuna,
ígneo viéramos o turbolento,
temiera yo pluvia con fuerça de viento:
en otra manera non sé que repuna.

»’Nin veo tampoco que vientos delgados
muevan los ramos de nuestra montaña,
nin fieren las ondas con su nueva saña
la playa con golpes más demasiados;
nin veo dalfines de fuera mostrados,
nin los merinos bolar a lo seco,
nin los caístros fazer nuevo trueco,
dexar las lagunas por ir a los prados.

»’Nin baten las alas ya los alçïones,
nin tientan jugando de se roçiar,
los quales amansan la furia del mar
con sus cantares e lánguidos sones,
e dan a sus fijos contrarias sazones,
nido en invierno con grande pruína,
do puestos, açerca la costa marina
en un semilunio les dan perfeçiones.

»’Nin la corneja non anda señera
por el arena seca paseando,
con su cabeça su cuerpo bañando
por ocupar el agua venidera;
nin buela la garça por alta manera,
nin sale la fúlica de la marina
contra los prados, nin va, nin declina
como en los tiempos adversos fiziera.

»’Desplega las velas, pues, ¿ya qué tardamos?
e los de los bancos levanten los remos,
a bueltas del viento mejor que perdemos;
non los agüeros, los fechos sigamos,
pues una empresa tan santa levamos
que más non podría ser otra ninguna;
presuma de vos e de mí la Fortuna
non que nos fuerça, mas que la forçamos’.

»Tales palabras el conde dezía
que obedesçieron el su mandamiento
e dieron las velas infladas al viento,
non padesçiendo tardança la vía;
segunt la Fortuna lo ya desponía,
llegaron açerca de la fuerte villa
el conde con toda la rica quadrilla,
e por el agua su flota seguía.

»Con la bandera del conde tendida
ya por la tierra su fijo viniera
con mucha más gente qu’el padre le diera,
bien a cavallo e a punto guarnida,
por que a la ora que fuese la grida,
súpitamente, en el mesmo deslate,
por çiertos lugares oviese combate
la villa que estava desaperçebida.

»El conde y los suyos tomaron la tierra
que era entre el agua y el borde del muro,
logar con menguante seco e seguro,
mas con la cresçiente del todo se çierra;
quien llega más tarde presume que yerra,
la pavesada ya junta sus alas,
levantan los troços, cresçen las escalas,
cresçen las artes mañosas de guerra.

»Los moros, sintiendo cresçer los engaños,
veyéndose todos çercados por artes
e combatidos por tantas de partes,
allí socorrieron do ivan más daños,
e con nesçesarios dolores estraños
resisten con saña las fuerças agenas;
botan los cantos desde las almenas,
y lançan los otros que non son tamaños.

»Bien como médico mucho famoso
que tiene el estilo por mano seguido,
en cuerpo de golpes diversos ferido
luego socorre a lo más peligroso,
así aquel pueblo maldito, sañoso,
sentiendo más daños de parte del conde,
a grandes quadrillas juntado, responde
allí do el peligro más era dañoso.

»Allí desparavan bombardas e truenos
e los trabucos tiravan ya luego
piedras e dardos e fachas de fuego
con que fazían los nuestros ser menos;
algunos de moros tenidos por buenos
lançan temblando las sus azagayas,
pasan las lindes, palenques e rayas,
doblando su fuerça con miedos agenos.

»Mientra morían e mientra matavan,
de parte del agua ya cresçen las ondas,
y cubren las mares sobervias e fondas
los campos que ante los muros estavan,
tanto que los que de allí peleavan
a los navíos si se retraían,
las aguas cresçidas les ya defendían
llegar a las fustas que dentro dexavan.

»Con peligrosa e vana fatiga
pudo una barca tomar a su conde,
la qual lo levava seguro, si donde
estava nol fuera bondat enemiga:
padesçe tardança, si quieres que lo diga;
quando quedavan e ir lo veían,
de muchos que ir con él non podían
¡presume qué boz dolorosa se siga!

»Entrando tras él por el agua, dezían:
‘Magnánimo conde, ¿ya cómo nos dexas?,
nuestras finales e últimas quexas
en tu presençia favor nos serían;
las aguas la vida nos ya desafían:
si tú non nos puedes prestar el bevir,
danos linaje mejor de morir:
daremos las manos a más que devían,

»’e bolveremos a ser sometidos
a aquellos adarves, maguer non devamos,
por que los tuyos moriendo podamos
ser dichos muertos mas nunca vençidos;
sólo podremos ser redargüidos
de temeraria, inmensa osadía,
mas tal infamia mejor nos sería
que non en las aguas morir sepelidos’.

»Fizieron las bozes al conde a desora
bolver la su barca contra las saetas
e contra las armas de los mahometas,
ca fue de temor piedat vençedora.
Avía Fortuna dispuesto la ora,
e como los suyos comiençan a entrar,
la barca con todos se ovo anegar
de peso tamaño non sostenedora.

»Los míseros cuerpos ya non respiravan,
mas so las aguas andavan ocultos,
dando y trayendo mortales singultos
de aguas, la ora que más anelavan;
las vidas de todos ansí letigavan
que aguas entravan do almas salían;
la pérfida entrada las aguas querían,
la dura salida las almas negavan».

¡O pïedat fuera de medida!
¡O ínclito conde!, quisiste tan fuerte
tomar con los tuyos enantes la muerte
que no con tu fijo gozar de la vida.
Si fe a mis versos es atribuida,
jamás la tu fama, jamás la tu gloria
darán a los siglos eterna memoria:
será muchas vezes tu muerte plañida.

Después que yo vi que mi guiadora
avía ya dado su fin a la estoria,
yo le suplico me faga notoria
la vida de otros que allí son agora;
la qual, mis plegarias oídas, implora
el divino nombre con más sumo grado,
el qual omillmente por ella invocado,
respóndeme breve como sabidora:

«Las claras virtudes, los fechos estremos,
la biva victoria que Mares atorga
al conde bendito don Juan de Mayorga,
razón non lo sufre que nos lo callemos;
alçe Fortuna sus pérfidos remos,
Fama sus alas doradas levante,
por que la vida de aqueste se cante
jamás por el modo que nos cantaremos.

»Primero su vida muy leda cantamos,
su mano feroçe, potente, famosa,
segundo la su joventud virtuosa,
terçero su muerte tan presta lloramos;
mas con los que tanto sus fechos amamos
usó de clemençia la divina mano:
dexónos en prendas a un tal hermano
con cuya vida su muerte olvidamos.

»Aquel que tú vees con la saetada,
que nunca más faze mudança del gesto,
mas por virtud de morir tan honesto
dexa su sangre tan bien derramada
sobre la villa no poco cantada,
el adelantado Diego de Ribera
es, el que fizo la vuestra frontera
tender las sus faldas más contra Granada.

»Dentro en Ematía más Çeva non pudo
mostrarse animoso, allí donde quiso
sacarse aquel asta de medio del viso
quel diera Cortino con fierro atan crudo,
nin tanto constante aquél no estudo
donde aquel triste de Aulo, creyendo
que la virtud le faltase muriendo,
más lo fallava feroçe e sañudo.

»Tú adelantaste virtud con estado,
muriendo muy firme por la santa ley;
tú adelantaste los reinos al rey,
seyéndole firme, leal e criado;
tú adelantaste tu fama, finado,
en justa batalla moriendo como ombre;
pues quien de tal guisa adelanta su nombre,
¡ved si devía ser adelantado!

»El que de días paresçe mayor,
por ira tan justa su gesto sañudo,
que preso e ferido demuestra que pudo
enantes matarlo pesar que dolor,
aquel que tú vees con tan grande honor
el adelantado es aquél de Perea,
que ovo victoria de tanta pelea
que bien lo podemos llamar vençedor.

»Ansí como Curio perdió la cobdiçia
de toda su vida, veyendo el estrago
çerca los rotos muros de Cartago,
que fizo en su gente Juba con maliçia,
porque con falso color de justiçia
Curio, queriendo a Juba grant mal,
quisiera tirarle la silla real
quando mandava la ley tribuniçia,

»pues bien como Curio non pudo sofrir
el ánima contra la falsa fortuna,
así el de Perea, veyendo la puna,
muertos los suyos, non quiso bivir;
antes comiença, moriendo, a dezir:
‘Sobro a quien fizo sobrar mi virtud;
pues la vergoñosa no es buena salud,
purgue la falta el honesto morir’.

»El otro mançebo de sangre ferviente,
que muestra su cuerpo sin forma ninguna,
par en el ánimo, no en la fortuna,
con las virtudes del padre valiente,
Narbáez es aquél, el qual agramente
muriendo, deprende vengar la su muerte,
la qual, infortunio de non buena suerte,
saltea con manos de pagana gente.

»Segunt lo que fizo su padre Rodrigo,
bien lo podemos fazer semejante
Evandro a su padre, su fijo a Palante
al qual el comienço fue fin enemigo;
mas es otorgada, sin esto que digo,
a él la corona del çielo e la tierra
que ganan los tales en la santa guerra
do fin semejante les es más amigo».

Allí, Johan de Merlo, te vi con dolor,
mayor vi tu fin que non vi tu miedo,
mayor vi tu daño que non el remedio
que dio la tu muerte al tu matador.
¡O porfïoso, pestífero error!
¡O fados crueles, sobervios, rabiosos,
que siempre robades los más virtuosos,
e perdonades la gente peor!

Bien te creemos que tú non pensaste
semblante finida de todo tu bien,
quando al Enrique ya de Remestién
por armas e trançes en Bala sobraste;
pues non menos farias quando te fallaste
en Ras con aquel señor de Charní,
donde con tantos honores así
tu rey e tus regnos e manos onrraste.

Ya de más gentes diversas que viera
tanto fallava sus letras de fuertes
que fiz que me diese sus nombres e suertes
aver por estoria la mi compañera;
la qual, inclinada como plazentera
a las plegarias del mi simple voto,
con armonía de estilo devoto
respuso cantando por esta manera:

«Aquél que tú vees al çerco tornado,
que quiere sobir e se falla en el aire,
mostrando su rostro robado donaire
por dos desonestas feridas llagado,
aquél es el d’Avalos mal fortunado,
aquél es el limpio mançebo Lorenço,
que fizo en un día su fin e comienço,
aquél es el que era de todos amado;

»el mucho querido del señor infante,
que siempre le fuera señor como padre;
el mucho llorado de la triste madre,
que muerto ver pudo tal fijo delante.
¡O dura Fortuna, cruel tribulante!
Por ti se le pierden al mundo dos cosas:
la vida, e las lágrimas tan piadosas
que ponen dolores de espada tajante.

»Bien se mostrava ser madre en el duelo
que fizo la triste, después ya que vido
el cuerpo en las andas sangriento tendido
de aquel que criara con tanto reçelo:
ofende con dichos crueles el çielo
con nuevos dolores su flaca salud,
e tantas angustias roban su virtud
que cae por fuerça la triste en el suelo;

»e rasga con uñas crueles su cara,
fiere sus pechos con mesura poca;
besando a su fijo la su firía boca,
maldize las manos de quien lo matara,
maldize la guerra do se començara,
busca con ira crueles querellas,
niega a sí mesma reparo de aquéllas
e tal como muerta biviendo se para.

»Dezía, llorando, con lengua raviosa:
‘¡O, matador de mi fijo, cruel!’
mataras a mí e dexaras a él,
que fuera enemiga non tan porfiosa;
fuera la madre muy más digna cosa,
para quien mata levar menor cargo;
e non te mostraras a él tan amargo
nin triste dexaras a mí querellosa.

»’Si antes la muerte me fuera ya dada,
çerrara mis ojos con estas sus manos
mi fijo, delante de los sus hermanos,
e yo non muriera más de una vegada;
ansí morré muchas, desaventurada,
que sola padesco lavar sus feridas
con lágrimas tristes e non gradesçidas,
maguer que lloradas por madre cuitada’.

»Ansí lamentava la pía matrona
al fijo querido que muerto tú viste,
faziéndole ençima semblante de triste,
segunt al que pare faze la leona;
¿pues dónde podría pensar la persona
los daños que causa la triste demanda
de la discordia del reino que anda,
donde non gana ninguno corona?»

E vi por lo alto venir ya volando
el ánima fresca del santo clavero,
partida del cuerpo del buen cavallero
que por su justiçia murió batallando;
si fe merescieren mis versos trobando,
jamás en los siglos será muy perfecto
el nombre famoso de aquel buen electo,
que bien yo non puedo loar alabando:

electo de todos por noble guerrero,
electo maestro por muy valeroso,
electo de todos por muy virtüoso,
por mucho constante, fiel, verdadero,
al qual un desastre mató postrimero
con piedra que fizo de fonda reveses;
por que maldigo a vos, mallorqueses,
vos que las fondas fallastes primero.

Veyendo yo gentes allí tan apuestas,
dixe: «Entre tanto valiente varón,
¿cómo non vemos al fuerte Milón
que al templo levava un grant toro a cuestas?»
La mi guiadora con dulçes respuestas
respuso: «La rueda de Mares presenta
los que por fuertes virtud representa;
de fuerça desnuda non faze ella fiestas.

»Fuerça se llama, mas non fortaleza,
la de los miembros o grant valentía;
la grant fortaleza en el alma se cría
que viste los cuerpos de rica nobleza,
de cuerda osadía, de grant gentileza,
de mucha costançia, de fe e lealdad:
a tales esfuerça su abtoridat
que débiles fizo la naturaleza».

Muy claro prínçipe, rey escogido,
de los que son fuertes por esta manera
la vuestra corona magnífica quiera
tener con los tales el reino regido;
ca éstos más aman con justo sentido
la recta justiçia que non la ganançia,
e rigen e sirven con mucha costançia
e con fortaleza en el tiempo devido.

Es fortaleza, pues, un grant denuedo
que sufre las prósperas e las molestas;
salva las cosas que son desonestas,
otras ningunas non le fazen miedo;
fuye, desdeña, depártese çedo
de las que diformes por viçio se fazen;
las grandes virtudes inmenso le plazen,
plázele el ánimo firme ser quedo.

E vi los que reinan en paz glorïosa
e los muy humanos a sus naturales,
e muchos de aquellos, seyendo mortales,
viven çelando la pública cosa;
e vi baxo d’éstos grant turba llorosa
de los invasores e grandes tiranos,
que por exçeso mortal de sus manos
dexan la fama cruel, mostrüosa.

Vimos sin armas a Octavïano,
que ovo los tiempos ansí triumphales
e tanto paçífico el mundo de males
que tovo çerradas las puertas de Jano;
e vimos la gloria del bravo romano,
guarda fiel de la tarpea torre,
aquel que con todas sus fuerças acorre
contra la fambre del nuevo tirano.

E vimos a Codro gozar de la gloria,
con los costantes e muy claros Deçios,
los quales tovieron en menores preçios
sus vidas delante la noble victoria;
estava Torquato, con digna memoria,
seyendo del fijo cruel matador,
maguer que lo vido venir vençedor,
porque passara la ley ya notoria.

Dos vengadores de la servidumbre
muy animosos estavan los Brutos,
de sangre tirana sus gestos polutos
non permitiendo mudar su costumbre;
están los Catones ençima la cumbre,
el buen Utiçense con el Censorino,
los quales se dieron martirio condigno
por non ver la cuita de tal muchedumbre.

Estava la imagen del pobre Fabriçio,
aquel que non quiso que los senadores
oro nin plata de los oradores
tomasen, nin otro ningunt benefiçio,
provando que fuese más ábil ofiçio
al pueblo romano querer poseer
los que poseían el oro, que aver
todo su oro con cargo de viçio.

¡O siglo perverso, cruel, engañoso!,
pues das a señores tan grandes ofiçios,
danos entre ellos algunos Fabriçios
que fagan al pueblo bien provechoso;
e los que presumen con acto glorioso
de más animosos que nuestros mayores
fiziéssense dignos o meresçedores
del nombre de alguno que fue virtüoso.

Alçamos los ojos ya contra la gloria
del çerco costante de nuestros presentes,
donde fallamos las insignas gentes
de los que non muere jamás su memoria;
e vimos la fama vulgar e notoria,
o loor de los reyes de España la clara,
con la trabea real e tiara,
que son los insignos de noble victoria.

Al nuestro rey magno bienaventurado,
vi sobre todos en muy firme silla,
digno de reino mayor que Castilla:
velloso león a sus pies por estrado,
vestido de múrice, ropa de estado,
ebúrneo çeptro mandava su diestra
e rica corona la mano siniestra,
más prepolente que el çielo estrellado.

Tal lo fallaron ya los oradores
en la su villa de fuego çercada,
quando le vino la gran embaxada
de bárbaros reyes e grandes señores;
e tal lo dexaron los que con honores
buelven alegres de dones onustos,
don Juan alabando sobre los Agustos
por sus facundos interpretadores.

Perded la cobdiçia, vos, pobres mortales,
de aqueste trïunfo e de todas sus leyes;
do vedes los grandes señores e reyes
envidia no os fagan sus grandes caudales;
los quales son una simiente de males
que deve fuir qualquier entendido,
ya mayormente que, bien discutido,
las vuestras riquezas son más naturales.

Embidia más triste padesçen aquellos
de bienes diversos a vosotros dados,
que non la cobdiçia que por sus reinados
todos vosotros podéis aver d’ellos:
ca todos vosotros queredes ser ellos
sólo por uso de la su riqueza,
y ellos vosotros do naturaleza
vos fizo conplidos de dones más bellos.

Hanvos embidia de la fermosura
quando la suya non bien se conforma;
hanvos embidia la fermosa forma,
e muchas vegadas la desemboltura;
hanvos embidia prudençia e mesura,
fuerça, coratge, e más la salud:
pues ved ser en ellos non tanta virtud,
nin toda en riquezas la buenaventura.

Demás que Fortuna con grandes señores
estado tranquilo les menos escucha,
e más a menudo los tienta de lucha
e anda jugando con los sus honores;
e como los rayos las torres mayores
fieren enante que no en las baxuras,
así dan los fados sus desaventuras
más a los grandes que a los menores.

¡O vida segura la mansa pobreza,
dádiva santa desagradesçida!
Rica se llama, non pobre, la vida
del que se contenta bevir sin riqueza;
la trémula casa, humil en baxeza,
de Amiclas el pobre muy poco temía
la mano del Çésar que el mundo regía,
maguer que llamase con grant fortaleza.

La grant avideza de la tiranía
vimos, venidos al ínfimo çentro,
do muchos señores están tan adentro
que non sé qué lengua los explicaría;
vimos entre ellos, sin ver alegría,
los tres Dionisios siracusanos,
con otro linaje cruel de tiranos
que Dios en el mundo por plagas embía.

Yonus primero falló la moneda,
e firió de cuño los mistos metales,
al qual yo maldigo, pues tantos de males
causó en la semiente que nunca va queda;
por ésta justiçia se nos desereda,
los reinos por ésta nos escandalizan,
por ésta los grandes ansí tiranizan
que non sé quien viva seguro nin pueda.

Sanad vos los reinos de aqueste reçelo,
o prínçipe bueno, o novel Agusto,
o lumbre de España, o rey mucho justo,
pues rey de la tierra vos fizo él del çielo;
e los que vos sirven con malvado zelo,
con fambre tirana, con non buena ley,
fazed que deprendan temer a su rey,
por que justiçia non ande por suelo.

Justiçia es un çeptro que el cielo crió,
que el grand universo nos faze seguro,
hábito rico del ánimo puro,
introduzido por pública pro;
e por igual peso jamás conservó
todos estados en los sus ofiçios;
es más açote que pugne los viçios,
non corruptible por sí nin por no.

E vimos, al último çerco venidos,
las grandes personas en sus monarchías,
e los que rigen las sus señorías
con moderada justiçia temidos;
e vimos debaxo los que non punidos
sufren que passen males e viçios
e los que, pigros en los sus ofiçios,
dexan los crímenes mal corregidos.

«¡O tú, Providencia!, declara de nuevo
quién es aquel cavallero que veo,
que mucho en el cuerpo paresçe Tideo,
e en el consejo Nestor el longevo;
por que yo fable de aquél lo que devo,
si libre pudiere salir deste valle,
no sufras tal ignorancia que calle
lo que notorio por ojos apruevo».

Así como fazen los enamorados
quando les fablan de lo que bien quieren,
alegran los ojos doquier que estovieren,
e cobran semblantes muy más alterados,
non fizo menos alegres estados
la Providençia a lo quel preguntara
e luego respuso con alegre cara,
pospuestos los otros divinos cuidados:

«Este cavalga sobre la Fortuna
e doma su cuello con ásperas riendas;
aunque dél tenga tan muchas de prendas,
ella no le osa tocar a ninguna;
míralo, míralo en plática alguna,
con ojos humildes, non tanto ferosçes;
¿cómo, indiscreto, y tú non conosçes
al condestable Álvaro de Luna?»

«Agora», respuse, «conosco mejor
aquel cuyo ánimo, virtud e nombre
tantas de partes le fazen de ombre
quantas estado le da de Señor,
las quales le fazen ser meresçedor:
ser fecho de mano de nuestro grant rey,
e clara esperiençia de su firme ley,
e de la Fortuna jamás vençedor».

Aunque la contra creo que sentían
los que quisieron aver confïança
más en el tiempo que en buena esperança,
quando los mundos se nos rebolvían;
digo de algunos que así lo fazían
en el comienço de aquellas quistiones,
que so color de çiertas razones
al condestable se le despedían.

Fueron movidos a esto fazer,
segunt argumento de lo que presumo,
los que çegaron del túrbido fumo
e fama que entonçes se pudo tender
de algunos que mucho quisieron saber,
por unas palabras de fembra mostrada
en çercos e suertes de arte vedada,
la parte que avía de prevalesçer.

Segunt la respuesta, paresçe, que ovieron
juzgaron por menos allí favorable
el fecho y la vida del su condestable,
e quiçá por esto se le despedieron;
mas si los fechos segunt los fizieron
vos plaze, lectores, que vos lo relate,
sufrid que mis versos un poco dilate,
por que no vengamos en lo que vinieron.

Por mucho que el sabio prudente, discreto
encubre por cabo sus fechos e zela,
más son las cosas que Fama revela
que non las que sabe callar el secreto;
éstos, aviendo medroso respecto,
con una persona muy encantadera
tovieron secreto lugar e manera
donde sus suertes ovieron efecto.

Pulmón de linçeo allí non fallesçe,
de yena non menos el nudo más tuerto,
después que formada de espina de muerto,
e ojos de loba después que encaneçe,
medula de çiervo que tanto envejesçe
que traga culuebra por rejuvenir,
e de aquella piedra que sabe adquerir
el águila quando su nido fornesçe.

Allí es mesclada grant parte de echino,
el qual, aunque sea muy pequeño pez,
muchas vegadas e non una vez
retiene las fustas que van de camino;
pues non menos falta la que chimerino
se engendra por yerro de naturaleza,
e pieças de aras que por grant alteza
son dedicadas al culto divino.

Espuma de canes que el agua resçelan,
membranas de líbica sierpe çerasta,
çeniza de fénix, aquella que basta
huesos de alas de dragos que buelan,
de otras vipéreas sierpes que velan
dando custodia a las piedras preçiosas,
e otros diversos millares de cosas
que el nombre non saben aun los que las zelan.

Non fue tal mistura con fuego templada,
segunt presunçiones de lo que yo arguyo,
mas en las aguas que fierven de suyo,
por venas sulfúreas faziendo pasada,
la tal decoçión fue conglutinada;
así que cualquiera cuerpo ya muerto,
ungido con ella, podiera despierto
dar a los bivos respuesta fadada.

E busca la maga ya fasta que falla
un cuerpo tan malo que por aventura
le fuera negado de aver sepoltura,
por haver muerto en non justa batalla;
e quando de noche la gente más calla,
pónelo ésta en medio de un çerco,
e desde allí dentro conjura en el huerco,
e todas las sonbras ultriçes sin falla.

Ya començava la invocaçión
con triste murmuro y díssono canto,
fingiendo las bozes con aquel espanto
que meten las fieras con muy triste son,
ora silvando como dragón,
e como tigre faziendo estridores,
ora aullidos formando mayores
que forman los canes que sin dueño son.

Con ronca garganta ya dize: «Conjuro,
Plutón, a ti, triste, e a ti, Proserpina,
que me embiedes entramos aína
un tal espíritu, sotil e puro,
que en este mal cuerpo me fable seguro
e de la pregunta que le fuere puesta
me satisfaga de cierta respuesta,
segunt es el caso que tanto procuro.

»Dale salida, velloso Çervero,
por la tu triste trifauçe garganta,
pues su tardança non ha de ser tanta,
e dale pasada, tú, vil marinero.
¿Pues ya qué fazedes? ¿a quándo os espero?
guardad non me ensañe, si non otra vez
faré desçendervos allá por juez
aquel que vos truxo ligado primero».

Tornándose contra el cuerpo mesquino,
quando su forma vido seer inmota,
con biva culebra lo fiere e açota
por que el espíritu traiga maligno;
el qual quiçá teme de entrar, aunque vino,
en las entrañas eladas, sin vida,
o, si viene el alma que dél fue partida,
quiçá se tarda más en el camino.

La maga, veyendo cresçer la tardança,
por una abertura que fizo en la tierra:
«Ecate» dixo «¿non te fazen guerra
más las palabras que mi boca lança?;
si non obedesçes la mi ordenança,
la cara que muestras a los del infierno,
faré que demuestres al cielo superno,
tábida, lúrida, sin alabança.

»¿E sabes, tú triste Plutón, que faré?
Abriré las bocas por do te goviernas,
e con mis palabras tus fondas cavernas
de luz subitánea te las feriré;
obedesçedme, si non llamaré
a Demogorgón, el qual invocado,
treme la tierra, ca tiene tal fado
que a las Estigias non mantiene fe».

Los miembros ya tiemblan del cuerpo muy fríos,
medrosos de oír el canto segundo;
ya forma bozes el pecho iracundo,
temiendo la maga e sus poderíos;
la qual se le llega con besos impíos
e faze preguntas por modo callado
al cuerpo ya vivo, después de finado,
por que sus actos non salgan vazíos.

Con una manera de bozes estraña
el cuerpo comiença palabras atales:
«Irados e mucho son los infernales
contra los grandes del reino de España,
porque les fazen injuria tamaña
dando las treguas a los infieles,
ca mientra les fueron mortales, crueles,
nunca tovieron con ninguno saña.

»Ánimas muchas fazen que non ayan
en fazer pazes con aquella seta,
mas ellos ya buelven con arte secreta
otros lugares por donde les vayan;
e porque fizieron las pazes, asayan
sembrar tal discordia entre castellanos
que fe non se guarden hermanos a hermanos,
por donde los tristes fenescan e cayan

»E quedarán d’ellos tales dignitades,
e sobre partir tales discordanças,
que por los puños romper muchas lanças
veréis, e rebuelta de muchas çibdades;
por ende, vosotros, esos que mandades,
la ira, la ira bolved en los moros;
non se consuman ansí los thesoros
en causas non justas como las hedades.

»E del condestable juzgando su fecho,
ansí determino su fado e pregono:
será retraído del sublime trono
e aun a la fin del todo desfecho;
pues ya venir en un tal estrecho,
segunt lo que fallo, forçado conviene,
finja color el que la non tiene,
e cada qual busque temprano provecho».

¡Quántas liçençias e despedimientos
al buen condestable fueron demandadas!
¡Quántos fizieron palabras osadas,
con vana sobervia de los mudamientos!
Fortuna, que nunca nos tovo contentos,
faze ya muchos partirse, dexando
al su señor propio, non bien acatando
qué fin avrían sus meresçimientos.

Los que se parten por tal novedat
liçençia por muchas razones pretenden:
unas alegan, mas otras entienden,
e cubren con falsa color de verdat;
pues ya detenedvos, siquier esperad,
porque entre buenos razón non admite
causas que ponga ninguno nin quite,
quando el señor es en nesçesidat.

Al gamaleón que en el aire se cría
son semejantes los tales efectos,
que tantos y quantos tocare de objectos
de tantas colores se buelv’en el día.
O rica nobleza, o gran fidalguía,
o ínclita sangre, tú, ¿cómo sostienes
por vana coddiçia de mundanos bienes
tocar los umanos tal vil villanía?

Fama vos mueva de justo deseo
pues tanto que a Çésar siguió Labïeno
siempre le dieron el nombre de bueno,
fasta que tovo señor a Pompeo;
así los señores, segunt lo que veo,
los que a dos partes ansí prevarican
menos los precian si más los platican;
danles partido, mas non buen arreo.

Como los árboles presto se secan
que muy a menudo las gentes remudan,
así los que a muchos señores ayudan
en vicio semblante presumo que pecan;
e como las peñas que de alto derruecan
fasta lo fondo no son detenidas,
así acaesçe a los que sus vidas
con muchos señores descojen e truecan.

¡O vil cobdiçia, de todos errores
madre e carrera de todos los males,
que çiegas los ojos así de mortales
en las condiçiones de los servidores;
tú que enduresçes así los señores,
y que los méritos tanto fatigas
de vana esperança que a muchos obligas
atales miserias fazer e mayores!

Después ya del caso del todo pasado,
los ya nuevamente fechos adversarios,
veyendo los fines del todo contrarios
al triste juizio que estava fadado,
buelven aquella que les avía dado
las execrables e duras respuestas,
diziéndole cómo non fueran aquéstas
las grandes fortunas que havía memorado.

«Si las palabras», responde, ella fiero
«sobre el condestable vos bien acatastes,
e las fortunas venidas mirastes,
veréis que ha salido todo verdadero:
ca si le fuera fadado primero
que presto desfecho sería del todo,
mirad en Toledo, que por este modo
lo ya desfizieron con armas de azero.

»Ca un condestable armado, que sobre
un gran vulto de oro estava asentado,
con manos sañosas vimos derribado
e, todo desfecho fue tornado cobre.
¿Pues cómo queredes que otra vez obre
Fortuna, tentando lo que es importuno?
Basta que pudo derribar el uno,
que al otro más duro lo falla que robre».

Ansí como fazen los bravos leones
quando el ayuno les da grandes fambres,
comen las carnes eladas, fïambres,
porque las bivas les dan evasiones,
bien así fazen las costellaçiones
quando a sus fados fallan un obstante:
fartan sus iras en forma semblante
donde executan las sus impresiones.

Por ende, magnífico, grant condestable,
la çiega Fortuna, que avía de vos fambre,
farta la dexa la forma de arambre:
de aquí en adelante vos es favorable;
pues todos notemos un caso mirable
e nótenlo quantos vinieren de nos:
que de vos y d’ella, e d’ella e de vos
nunca se parte ya paz amigable.

El lúçido Febo ya nos demostrava
el don que non pudo negar a Fetonte:
subiendo la falda del nuestro orizonte,
del todo la fosca tiniebla privada;
sus crines doradas así dilatava
que todas las selvas con sus arboledas,
cumbres e montes e altas roquedas,
de más nueva lumbre los iluminava.

Yo, que las señas vi del claro día,
pensé si los fechos de lo relatado
oviesse dormiendo ya fantasticado,
o fuesse veraçe la tal compañía;
dispuse conmigo que demandaría
por ver más abierta la informaçión,
quier fuesse vera, quier ficta visión,
a la Providençia que siempre me guía.

Así que propuse por esta manera:
«¡O grant profetisa, quienquier que tú seas!,
con ojos iguales suplico que veas
mi dubda e le prestes razón verdadera;
yo te demando, gentil compañera,
me digas del nuestro grand rey e fiel
qué se dispone en el çielo de aquél».
E luego con boca fabló plazentera:

«Será rey de reyes, e rey de señores,
sobrando e vençiendo los títulos todos
e las fazañas de reyes de godos
e rica memoria de los sus mayores;
e tal e tan alto favor de loores
sus fechos ilustres al tu rey darán
que en su claro tiempo del todo serán
con él olvidados sus anteçesores.

«Será Gerión con los olvidados;
será como muerta la fama de Çindo,
rey de los godos, magnífico, lindo,
uno primero de los bateados;
serán adormidos e non relatados
los fechos de Bamba con el nuevo uso,
rey de Castilla que primero puso
términos justos a los obispados.

»Será olvidado lo más de lo antigo,
veyendo su fama cresçer atán rica,
serán olvidados los fechos d’Egica,
visneto de Çindo e fijo de Eurigo;
será Batizanus segunt lo que digo,
morrá la memoria segunt que su dueño,
e ante los suyos serán como sueño
los fechos mayores del godo Rodrigo.

»A éste los fechos del pobre Pelayo
reconosçerán, maguer que feroçe,
tanta ventaja quanta reconosçe
el triste deziembre al fermoso mayo;
en éste non miedo pornán ni desmayo
los enemigos a él capitales,
antes más rezio verná por los tales
que viene la flama de esgrima de rayo.

»Fabila olvidado será en aquel ora
e los claros fechos de Alfonso el primero,
aquél que a Segovia ganó de guerrero,
Bragana, Flavia, Ledesma e Çamora,
e a Salamanca nos dio fasta agora,
Astorga, Saldaña, León e Simancas,
Amaya, Viseo, faziéndonos francas
de moros con mano jamás vençedora.

»Conquiso Sepúlveda con lo ganado,
Ernés, Portugal, e poblólas luego
de gente de Asturias e mucho gallego,
gentío que vino de buelta mesclado,
e de vizcaínos fue parte poblado:
mas quanto tú oyes que fizo aquel rey,
mediante de todo la divina ley,
será con lo d’éste jamás olvidado.

»Entonçes Fruela por los sus errores
callará los casos de su triste muerte,
el qual al ermano fue tanto de fuerte
que su omeçida lo fazen actores;
si los fechos buenos ante los mejores
se olvidan e callan por grandes los chicos,
¡quánto más presto deven los inicos
callar ante fechos de grandes valores!

»Ante los suyos serán adormidos
los fechos del casto Alfonso el segundo,
que fizo en Oviedo por quien fizo el mundo
templo do sean sus santos servidos;
ni menos los fechos serán repetidos
de Calvo Laín e de Nuño Rasuera,
antes darán más abierta carrera
a los que ser deven por éste complidos.

»Callarse han los fechos del magno Fernando,
de Sancho su fijo e Alfonso el terçero,
que al fuerte Toledo ganó de primero,
e irán do fueren, ante éste callando;
la fama que fuere aquéste cobrando,
el quarto Alfonso que fue emperador,
la irá perdiendo, e por su valor
al segundo Sancho irán olvidando.

»Del quinto Alfonso non será membrança,
que la de las Navas vençió de Tolosa,
una batalla tan mucho famosa,
do fue más el fecho que non la esperança;
nin será memoria de la malandança
del primer Enrrique que en adoleçençia
la teja, o Fortuna, mató en Palençia,
e sobre todo divina ordenança.

»E non tan nombrado será don Fernando,
en quien se fizieron los reinos más juntos,
rey e corona de reyes defuntos
que tanto su mano ganó batallando:
éste conquiso por fuerça ganando
el reino de Murçia con toda su tierra,
éste conquiso por fuerça de guerra
allende de quanto diré relatando.

»Úbeda, Andújar e más a Montiel,
Vilches e Vaños ganó con Baeça,
cortando de moros muy mucha cabeça,
assí como bravo señor e fiel;
Aznatoraf e a Martos con él,
e con Salvatierra ganó Medellín,
sufriendo muy poco criar el orín
en la su espada tajante, cruel.

»Conquiso las villas de Castro e Vaena,
Córdova e Eçija, Palma y Estepa,
tanto que non se membrava do quepa
la su fortaleza con grant dicha buena;
ganó más Ovejo, Trujillo e Marchena,
ganó Fornachuelos, a Luque e Montoro;
por tales lugares sembró su thesoro,
non cobardando fatiga nin pena.

»Ganó Almodóvar e a Moratilla,
ganó a Çueros e más Albendín,
ganó los Gazules, después a la fin
ganó sobre todos a la grant Sevilla;
ganó a Xerez con la su quadrilla,
Cádiz e Arcos, Beger e Lebrixa;
e por que non sea mi fabla prolixa,
callo façañas de gran maravilla.

»Mas segunt aquello que está ya dispuesto
del tu claro rey e de su magestad,
ante sus fechos e prosperidat
en poco ternedes lo mucho de aquesto;
ternedes en poco los fechos del sesto
Alfonso, persona de tanto misterio
que fue de Alemaña llamado al imperio,
segunt que leyendo nos es manifiesto;

»maguer que conquiso Hellín e Chinchilla,
las Peñas e Cuenca por fuerça d’espada,
Montanches e Mérida la despoblada,
Badaxós e Niebla juntó con Castilla,
e fizo rescate de grant maravilla:
al emperador de Constantinopla
libró de los Turcos, mejor que mi copla
lo dize trobando por fabla senzilla.

»Iredes a Sancho terçero callando,
aquel que la fuerte Tarifa conquiso;
irá ya dexando de ver nuestro viso
todos los fechos del terçer Fernando,
aquel que Alcaudete ganó batallando,
del que se dize morir emplazado
de los que de Martos ovo despeñado,
segunt dizen rústicos d’esto cantando.

»El sétimo Alfonso, su rebisabuelo,
querrá ser vençido de su revisnieto,
e por que más sea famoso, perfeto,
avrá mayor gloria do goza en el çielo;
non embargante que puso por suelo
todos los reyes de Benamarín,
ganó más las Cuevas e a Locovín
con muy animoso, magnífico zelo.

»A Teba e Cañete ganó conqueriendo,
a Rute e Priego e a Carcabuey,
faziendo fazañas conformes a rey,
a todos peligros remedio poniendo;
prolixa fatiga por gloria sufriendo,
conquiso de moros la grant Algezira;
conquiso Bençaide, tomada por ira,
e Benamexí más a punto seyendo.

»Entonces veredes escura la fama
del bravo don Pedro, segunt la clemençia
que d’éste se muestra por fe d’esperiençia,
seyendo constante jamás a quien ama;
veredes çessada la muy clara fama
de aquel don Enrrique, su buen visabuelo;
veredes con éste callar al abuelo,
aunque por nombre semblante se llama.

»Tú, don Enrrique, querrás ser callado,
tú que concordia de toda tu tierra
pudiste ser dicho, sin punto de guerra
teniendo tu reino tan bien sosegado;
aunque tu fijo más aventurado
reinar en la tierra desde el çielo veas,
assaz es a ti que por padre tú seas
de aqueste muy alto don Juan pregonado».

Assí profetava la mi guiadora,
rey soberano, las vuestras andanças,
dándovos alto favor de esperanças
con lengua fatídica e boca sonora,
e más abaxando su boz sabidora,
representava ya, como callando,
los tiempos futuros de cómo e de quándo
será vostra mano jamás vençedora.

Yo que quisiera ser çertificado
d’estas andanças y quándo serían,
e quándo los tiempos se nos mudarían,
o quándo veríamos el reino apacado,
iten quisiera ser más informado
de toda la rueda que dixe futura,
e de los fechos que son de ventura
o que se rigen por curso fadado.

Mas la imagen de la Providençia
fallé de mis ojos ser evanesçida,
e vi por lo alto su clara subida
fazer afectando la dina exçelençia;
yo deseando con grant reverençia
tener abraçados sus miembros garridos,
fallé con mis braços mis onbros ceñidos,
e todo lo visto fuyó a mi presençia.

Como los niños o los ignorantes,
veyendo los átomos ir por la lumbre,
tienden las manos por su muchedumbre,
mas fúyenles ellos, su tacto negantes,
por modos atales, o por semejantes,
la mi guiadora fuyó de mis manos;
fuyeron las ruedas e cuerpos humanos,
e fueron las causas a mí latitantes.

Pues si los dichos de grandes profetas
e los que demuestran las veras señales,
e las entrañas de los animales,
e todo misterio sotil de planetas,
e vatiçinio de artes secretas
nos profetizan triunfos de vos,
fazed verdaderas, señor rey, por Dios,
las profeçías que non son perfetas.

Fazed verdadera la grant Providençia,
mi guiadora en aqueste camino,
la qual vos ministra por mando divino
fuerça, corage, valor e prudençia,
por que la vuestra real exçelençia
aya de moros puxante victoria,
e de los vostros ansí dulçe gloria
que todos vos fagan, señor, reverençia.

La flaca barquilla de mis pensamientos1,
veyendo mudança de tiempos escuros,
cansada ya toma los puertos seguros,
temiendo discordia de los elementos;
tremen las ondas e luchan los vientos;
cansa mi mano con el governalle,
las nueve Musas me mandan que calle;
fin me demandan mis largos tormentos.

E ya fin les dava con gesto plaziente,
en oçio trocando mi dulce fatiga,
non porque mengua ni falta que diga,
mas yerra quien dize, si dize e non siente;
el largo trabajo secresta la mente,
assí que fablando non siento que digo:
por ende dispuso mi seso comigo
dar fin al libro, callando al presente.

Mas boz de muy sublime actoridad
súbito luego me fue presentada:
«Escrive, tú», dixo, «non desafinada
cresca tu obra diziendo verdad,
ca viçio non faze la prolixidad
do trahe buen modo de satisfazer;
si pueden favores prestarte plazer,
favor es el mando de mi magestad».


Publicado el 8 de enero de 2019 por Edu Robsy.
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