Una mujer fuerte y un hombre no tan dócil
Olmedo, tras quedar en la ruina, acaba trabajando para un estanciero enfermo y apocado, sobre el que gobierna su indómita mujer.
Este texto forma parte del libro «Tierra y Tiempo».

Una mujer fuerte y un hombre no tan dócil
Olmedo, tras quedar en la ruina, acaba trabajando para un estanciero enfermo y apocado, sobre el que gobierna su indómita mujer.
Este texto forma parte del libro «Tierra y Tiempo».
Salió del monte con unos pocos pesos, el caballo que llevaba cuando entró, y una perra que un día se le allegó al fogón y no se fue más.
* * *
Fue a dar a un boliche que estaba como a tres leguas del monte y
preguntó si no sabían "de algún trabajo para un hombre general". Le
indicaron lo de Sosa, donde el hombre podía necesitarlo porque estaba
enfermo.
Habló con la mujer de Sosa y luego con él, que estaba enfermo en cama. Quedó de encargado del campo hasta más ver.
A los ocho o diez días ya estaba arrepentido de trabajar allí. El pobre Sosa había sido siempre un hombre llevado y traído por la mujer. Si era hombre, era porque usaba pantalones y tenía bigotes.
Para mejor el campo era de ella. Heredado. El nunca había tenido nada y cuando se vio obligado a disponer y mandar, se achicó más.
Olmedo se quedó allí porque estaba acobardado de pasar trabajo en el monte y no quería andar como un gitano.
—Tenía gañas de echarme en el tiempo —pensaba.
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Publicado el 10 de junio de 2025 por Edu Robsy.
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