Texto: Baños Turcos
de Katherine Mansfield


Cuento


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Baños Turcos

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Fragmento de Baños Turcos

—Un momento, un momento. En seguida.

Me desvestí pronta y descuidadamente, con la sensación de formar parte de un grupo de colegialas a quienes se hubiera dado suelta en una piscina.

La cámara templada no era muy amplia. Por las paredes color de barro cocido corría una franja de pavos reales, y por el techo de vidrio se podía ver un cielo pálido e irreal como el de un fondo de fotógrafo. Había esparcidos algunos veladores con manoseadas revistas de modas; en un estanque de mármol, lirios amarillentos, y, sentadas en altas sillas cubiertas con toallas, numerosas damas con la apariencia de dichas lánguidas flores. Me tendí de espaldas con un paño sobre la cara, y aquella atmósfera con olor a selva, a circo romano y a colada, hizo que empezara a soñar. Sí, debía de ser algo muy atractivo el casarse con un explorador y vivir en la selva; siempre y cuando no disparara sobre ningún bicho viviente y no apresara ninguno tampoco. Detesto las fieras amaestradas. ¡Ay, esos circos ambulantes! La tienda de lona en el prado, y los chicos pululando y trepando a la valla para ver los carromatos o al payaso que se maquilla ante un cacho de espejo colocado sobre una rueda del carro. Y el órgano de vapor tocando La madreselva y la abeja a paso de carga, una y otra vez. Ya sé lo que esa música me recuerda: un juego de «haz lo que yo haga» entre ropas colgadas a secar.


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6 págs. / 11 minutos.
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Publicado el 9 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.


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