Texto: El Señor y la Señora Palomo
de Katherine Mansfield


Cuento


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El Señor y la Señora Palomo

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Fragmento de El Señor y la Señora Palomo

—Bueno, no puedo hacer otra cosa que probar suerte, eso es todo.

Pero su suerte le metió en un mal trance, por no decir otra cosa, casi inmediatamente. Su madre estaba paseando por el sendero del jardín seguida de Chinny y Biddy, los dos viejos pequineses. Naturalmente, Reginald quería a su madre y todo eso. Ella…, bien, ella lo hacía con las mejores intenciones, era mujer de extraordinaria firmeza, y todo lo demás. Pero no había vuelta de hoja, como madre era inflexible. En la vida de Reggie habían existido momentos, muchos momentos, antes de que tío Alick muriese y le dejase la explotación de Rodesia, en los que pensó que ser hijo único de una viuda era el peor castigo que uno podía recibir. Y lo que lo hacía todavía peor era que, le gustara o no, ella era lo único que tenía. No se había limitado a hacerle de padre y madre a un tiempo, por así decirlo, sino que además se había peleado con toda su parentela y con la del gobernador antes de que Reggie empezase a llevar pantalón largo. De modo que cada vez que Reggie se añoraba en su explotación africana, sentado en el porche en sombras, bajo la luz de las estrellas, mientras el gramófono desgranaba las notas de ¿Qué es la vida sin amor, cariño mío?, su única visión era la figura alta y maciza de su madre paseando arriba y abajo por el sendero del jardincito seguida de Chinny y Biddy…


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12 págs. / 21 minutos.
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Publicado el 8 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.


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